MÁLAGA   PUERTO DEL ESPINO   por   RÍO GUADIARO (OESTE)   7135 visitas   



Altitud: 827 m Distancia: 9 km Desnivel: 466 m % Medio: 5,2 % Coeficiente: 71

Altigrafía y comentarios enviados por Miguel Baeza y Martín Cerván

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Localización: Descendemos desde Cortes de la Frontera por la A-373 en pos de la Cañada del Real Tesoro y del río Guadiaro y en el puente que lo cruza comenzamos la subida.


Especificaciones: Carretera estrecha, aunque en estado más que aceptable. Con señalización vertical y horizontal. Carece de arcenes y goza de agradables sombras en bastantes tramos. El volumen de tráfico suele ser escaso.


Fuentes: No se ha observado ninguna durante el ascenso. Aunque existe una antes de acabar el descenso de Cortes de la Frontera.


Comentario: El puerto del Espino supone una importante encrucijada de caminos en la serranía rondeña. En primer lugar enlaza los valles del Genal y del Guadiaro mediante sus vertientes Este y Oeste; en segundo lugar su vertiente Sur (La Dehesa) es paso obligado previo al puerto de Encinas Borrachas camino de Ronda o, por la Norte –compartida con la Este en sus km. finales-, camino de Algeciras y el Campo de Gibraltar.
La que presentamos en estas líneas es la Oeste, menos exigente y también menos atractiva que la que remonta, retorciendo herraduras, el valle del Genal, pero que tampoco está exenta de belleza ni de interés para el cicloturista que decida afrontarla.
Cuando bajamos desde Cortes, camino del inicio de la subida, podemos ver en lo alto de la montaña que tenemos frente a nosotros las antenas que están situadas a la derecha de la cima del puerto, así que, como es de suponer, aquí no hay engaños, pues desde el principio sabemos lo que nos espera. Afortunadamente, la carretera remonta la montaña en 9 km., motivo por el que podemos imaginarnos que, aun por mucha dureza que puedan albergar sus rampas, ésta jamás será excesiva. Y, en efecto, la tónica durante todo el trayecto será la suavidad de las pendientes que, sólo en algún momento puntual, alcanzarán picos del 10%.
Comenzamos con la tranquilidad que nos contagia el entorno: el fluir incesante y monótono del río, la espesa vegetación de la ribera, la quietud y el silencio de las montañas que circundan el valle. El puerto nos permite coger ritmo desde abajo y pronto nos invita a aumentar nuestra autoexigencia cuando comprobamos que las rampas no son bruscas en ningún momento, así que bajamos algún piñón y aumentamos la velocidad. No conviene, no obstante, tener prisa por subir si lo que queremos es disfrutar del panorama: un vistazo atrás nos hará pensar que esta vertiente puede ser más propicia para descenderla, pues atisbamos Cortes de la Frontera pintado en la loma de la montaña, como si quisiera asomarse a la ladera para contemplar nuestra marcha desde la distancia. A pesar de la poca pendiente de las rampas, la velocidad que desarrollamos nos permite ir ganando altura rápidamente sobre el valle y disfrutar de excelentes panorámicas de éste en las zonas más despobladas de vegetación.
Sólo a partir del kilómetro siete existirá la posibilidad de que nos encontremos en apuros: es precisamente aquí cuando podemos pagar las alegrías de los primeros kilómetros, pues aunque no es la tónica general, alguna rampa más violenta de lo común pondrá a prueba nuestras habilidades escaladoras y, si a ello se añade la presencia del viento, lo que se suponía un paseo hasta coronar el puerto puede convertirse en un auténtico calvario. Entonces nos parecerá que las antenas que creíamos al alcance de nuestra mano se alejan en lugar de acercarse... Es mejor no desesperar y volver a la tónica del principio: tranquilidad, calma y paciencia en grandes dosis.
Por fortuna ya estamos cerca de la cima, un último esfuerzo y, una vez arriba, disfrutaremos de esta privilegiada atalaya natural que es el puerto del Espino y decidiremos si vamos a seguir nuestra marcha, no sin meditarlo bien previamente, pues, doquiera que nos encaminemos, tendremos que superar grandes dificultades para volver al punto de partida.


Fotos:
Vamos camino del río Guadiaro, en descenso, y ya podemos atisbar, a la izquierda de unas antenas –que no podemos apreciar en la foto- el collado donde está la cima del puerto:


Puente sobre el Guadiaro. Comienza la ascensión:


Remontamos el valle suavemente:


Se alternan las zonas de sol y las de sombra a lo largo de la subida:





A medida que vamos subiendo, el puerto nos hace sentirnos más y más cómodos:


Aunque para salir de la monotonía del pedaleo decidamos ponernos de pie:


A nuestra espalda siempre vigilante, Cortes de la Frontera:


Aunque cada vez nos irá viendo desde más lejos. Estamos ya en la zona intermedia del puerto:


A nuestra izquierda el desvío del cámping y a nuestra derecha, carretera abajo, el hostal y el restaurante:


Cae la tarde sobre el valle del Guadiaro:


Encaramos la parte final del puerto, donde encontraremos alguna que otra rampa importante:


La visión cercana de las antenas, sirve de acicate en los últimos metros:


Cada curva a izquierdas se convierte en un auténtico mirador:


En la cima del puerto, junto al restaurante que allí se ubica. El cartel del puerto ha desaparecido, por lo menos de momento, con las obras del mirador:


Últimos metros de la subida a nuestra derecha, vistos desde el pie de las antenas:



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