GRANADA   IRAM   por   HAZA LLANA   26471 visitas   



Altitud: 2845 m Distancia: 35,93 km Desnivel: 2080 m % Medio: 5,8 % Coeficiente: 546

Altigrafía y comentarios enviados por J. B. Rite, M. Baeza y M. Cerván

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Localización: Nos encontramos en Pinos Genil, pueblo próximo a la capital granadina y verdadera puerta de entrada a Sierra Nevada. Desde allí nos dirigiremos hasta Güéjar Sierra para llegar por sus calles hasta el río Genil donde se inicia la vertiente de acceso a la sierra por el camino de Haza Llana. Después de 5 km. durísimos, conectaremos con la carretera del Hotel del Duque para, tras 2 km., alcanzar el Dornajo y enlazar con la vertiente del Collado de las Sabinas. Desde el mencionado collado continuamos hacia el Pico Veleta hasta que encontremos el desvío que nos lleva a Borreguiles. Al llegar a Borreguiles nos desviamos a la derecha para afrontar el tramo final de ascenso hasta el radiotelescopio.




Especificaciones: Como es natural, el estado del asfalto varia según los tramos de ascenso. Así, podemos decir que hasta Güéjar la carretera está impecable. En el breve descenso hasta el río se estrecha y vuelve a ensancharse hasta los 6 m. al comenzar el duro tramo de Haza Llana. Los 2 km. hasta el Dornajo ven reducido el ancho de la calzada hasta prácticamente la mitad, para duplicarse nuevamente en el tramo de las Sabinas y la Hoya de la Mora. A partir de este punto la carretera se estrecha y el firme empeora, desapareciendo la señalización tanto vertical como horizontal. Desde el cruce hacia Borreguiles y el radiotelescopio el firme se encuentra más que aceptable.
Encontraremos sombras en la carretera del Dornajo y el inicio del tramo de las Sabinas.
Hay que tener en cuenta que no se puede ascender al radiotelescopio hasta que ha concluido la temporada de esquí y se han retirado las nieves de la carretera.
Finalmente cabe decir que el tráfico por esta vertiente no suele ser excesivamente molesto.


Fuentes: Hemos observado un par de fuentes sitas en Güéjar Sierra, seguida una de la otra, dato muy a tener en cuenta, pues se trata de un puerto larguísimo. En la Hoya de la Mora suele haber kioscos abiertos donde venden comida y bebida.


Comentario: Desde Pinos Genil hasta Güéjar el camino es relativamente cómodo, la carretera no esconde grandes dificultades mas allá de algunas rampas de doble dígito aisladas. Media docena de kilómetros de ascenso con algún que otro descansillo que nos van a permitir poner a tono la musculatura de cara a lo que se avecina. Y de lo que se avecina, precisamente, nos vamos a hacer una idea antes de coronar el primer altillo, ya que al otro lado del barranco observamos una carretera que trepa serpenteando a base de herraduras por la ladera… el camino de Haza Llana.
Atravesamos Güéjar siguiendo las indicaciones que nos guían hacia el río Maitena y, al punto, en descenso nos desviamos nuevamente a nuestra derecha hacia el embarcadero.
Bajamos raudos, deseosos de poner a prueba nuestra capacidad escaladora, camino del puente sobre el Genil, en la cola del embalse de Canales.

Desde aquí hasta la cima del radiotelescopio nos separan poco mas de 26 km. al 7,1% de pendiente media… Sobran las explicaciones. Pero serán los siguientes 5 km. al 11% nuestra inmediata y principal preocupación.
Aunque pretendamos reservar una última corona por si más tarde sobreviene algún desfallecimiento, pronto notaremos cómo por más que pulsamos la maneta del cambio no encontramos ese piñón que nos permitiría rodar con alegría y es que, sin darnos cuenta, hace tiempo que ya hemos engranado el más grande que llevamos.
La carretera se va abriendo camino a base de herraduras, más apretadas en el inicio, y la sensación de ir alcanzando altura sobre el pueblo de Güéjar y el río es rápida y constante gracias a las fuertes pendientes. Sin embargo, hemos de decir que, aunque el trazado es espectacular, el camino de Haza Llana dista mucho de compararse en belleza a la vieja carretera del Hotel del Duque con que mas tarde enlaza.
Un descansillo nos va a permitir hidratarnos y oxigenar la musculatura para afrontar las rampas que se presentan, amenazantes, ante nuestros ojos: pocas veces se situara la pendiente por debajo del 12% durante los próximos 2,5 km.
A unos 2 km. del cruce la carretera deja de serpentear momentáneamente para ascender hacia el cortijo de Haza Llana siguiendo rumbo Este. Verdaderamente hay rectas demoledoras en este punto, aunque la pendiente irá decreciendo de manera casi imperceptible.
Un último par de herraduras nos sirven como referencia para saber que nos hallamos próximos a abandonar el calvario y la visión de la vieja carretera colgada a nuestra diestra será la señal definitiva.
Al girar a la derecha, notaremos el estrechamiento de la calzada y al rodar por ella tendremos la grata sensación de ir dando un paseo en bici por la sierra. No en vano, las rampas son prácticamente la mitad de duras que en el anterior tramo.
Hasta el centro de recepción de visitantes de El Dornajo nos quedan un par de km. en los que nos dejamos embelesar por lo pintoresco de la carretera y por unas esplendidas panorámicas que curva tras curva logran superarse. Después de 17 km. de ascenso y a algo menos de 1.700 m. de altitud llegamos al cruce de El Dornajo: hasta aquí ya podríamos considerar el puerto como de categoría Especial.

Sin embargo, no tenemos la más mínima intención de emprender el descenso desde aquí. La carretera que sube a nuestra izquierda resulta de sobra atractiva para que nos apetezca seguir devorando metros con nuestros velocípedos.
Pronto pasamos junto al cartel que indica los 1.750 m. de altitud y una nueva paella, que irá seguida de otras seis casi consecutivas, vendrá a dar continuidad a la sucesión de herraduras anterior.
Por momentos clarea el pinar que nos viene cubriendo prácticamente desde que abandonamos el camino de Haza Llana, lo que nos permite distinguir al otro lado del valle -cada vez mas profundo, por otra parte- el trazado rectilíneo de la carretera que asciende hasta el durísimo collado del Alguacil, cuyo inicio es compartido con el del ascenso que estamos llevando a cabo.
Esta carretera de las Sabinas es de sobra conocida por los cicloturistas que afrontan el ascenso hasta el Veleta, pues se trata de la misma que casi todos escogen para llegar al Picacho. De hecho, a partir del último cruce hacia Pradollano, no existe otra opción asfaltada para hacer camino hasta la cima granadina.
Aunque las pendientes de doble digito no serán frecuentes, hay que tener en cuenta que la media se sitúa constante en torno al 7 %, cifra nada desdeñable a tenor del esfuerzo llevado acabo para llegar a este punto.
Por si fuera poco, hemos sobrepasado los 1.800 m. de altitud y muy pronto superaremos los 2.000, por lo que al esfuerzo habitual de ascender un puerto, habrá que añadir la correspondiente deuda de oxígeno que supone rodar tan cerca del cielo.
Después de las herraduras, encontraremos un tramo bastante abierto en cuanto a vegetación. Nuestros ojos aprovechan para despeñarse barranco abajo buscando la Vega granadina.
El cartel que nos anuncia los 2.000 m. de altitud viene seguido de una doble curva de herradura, a izquierda y derecha respectivamente, que nos permite ver por dónde continúa el trazado de la carretera. Algo más arriba, otras tres se van a enlazar para elevarnos prácticamente a los 2.173 m. en que se corona el Collado de las Sabinas. Hasta él vamos a pedalear bajo la atenta vigilancia del Picacho, con el que nuestra mirada se ha cruzado al trazar una curva a izquierdas. Escoltado por éste, más próximo aunque aún lejano, se deja ver también el que por esta vez será nuestro objetivo: el radiotelescopio.

Un corto falso llano nos permite ganar el collado, descansillo que durará hasta que lleguemos a un primer cruce hacia Pradollano, cruce que vamos a ignorar para dotar de una mayor continuidad al ascenso girando hacia la izquierda y siguiendo, de esta manera, la señalización que nos guía hasta el Veleta.
Pronto pasamos junto al antiguo albergue de las Sabinas por unas rampas que se sitúan en torno al 6-7 % sin sobresaltos.
Nos encaminamos, dirección sureste, hacia los Peñones de San Francisco pedaleando por una zona en la que el viento suele castigarnos. Circulamos junto a las instalaciones del CAR y dejamos a nuestra derecha el ultimo cruce hacia la estación invernal encaminándonos en pos de la Hoya de la Mora, situada a unos dos km. de este punto y a poco mas de 2.500 m. de altitud.
En la Hoya encontraremos kioscos, normalmente abiertos, y el antiguo albergue universitario, últimos puntos en los que podremos avituallarnos tanto si continuamos hasta el Veleta, como si lo hacemos hasta el Radiotelescopio.
Pasamos la barrera que impide el tráfico a los vehículos de motor y la carretera se estrecha y empeora el piso.
Siguen sucediéndose unas cuantas herraduras hasta que nos topamos, una vez dejamos atrás la Virgen de las Nieves, con el desvío que nos conduce hasta Borreguiles.

El camino hasta la estación es muy cómodo, prácticamente llano, y el piso está incluso algo mejor que la carretera del Veleta. Buena ocasión para recuperarnos muscularmente y para hacernos una idea de lo que nos queda, pues la mole blanca del Radiotelescopio es perfectamente visible sobre las construcciones de Borreguiles.
Dejaremos la estación a nuestra izquierda y tomaremos un cruce a la derecha descendiendo camino de la Laguna Seca y las instalaciones del IRAM. El nombre de la laguna nos evoca, sin duda, otro deporte de dos ruedas. Y precisamente después de pasar junto a la misma y afrontar las primeras rampas, nos topamos con una doble curva de herradura… ¿El Sacacorchos?
Desde luego vamos a pasar bastante mas despacio que los motoristas, pues las rampas se sitúan al 16%... Pero en subida, evidentemente.
Una recta de doble digito da paso a un “descansillo” al 8% hasta que la carretera vuelve a empinarse, perdiéndose tras la Loma de Dílar en la que se ubica el Radiotelescopio. Al salir de una curva a izquierdas coronamos, precisamente, el Collado de la Loma de Dílar, aunque no encontraremos descenso, pues éste se produce por una pista que principia a nuestra derecha y que ignoramos convenientemente.
La circunferencia blanca esta cada vez más próxima, tan sólo un km. nos separa ya de nuestro objetivo… Pero este km. esta próximo al 12% de pendiente media y circulamos ya por encima de los 2.700 m.
Otra doble herradura, más abierta que la anterior, será el siguiente escollo que debamos superar: por momentos la pendiente alcanza el 17%, no es que sea una pendiente extrema, pero a estas alturas de escalada las piernas voltean los pedales más por automatismo que en respuesta a las órdenes que les llegan de nuestro cerebro.
La última recta, en cambio, es para deleitarse, para disfrutarla, la circunferencia blanca que tan pequeña parecía desde el Collado de las Sabinas se ha convertido en una blanca mole metálica. La visión tan próxima del objetivo vence el cansancio.
Aquí se acaba la carretera, a 2.845 m. de altitud. No esta nada mal para encontrarse a la sombra del Coloso.

El Radiotelescopio:
A mediados de la década de los setenta del pasado siglo, expertos astrónomos alemanes y franceses deciden colaborar entre sí creando en Grenoble la sede del Institut de Radioastronomie Millimètrique (IRAM). Para ejercer su labor, solicitaron la creación de diversos observatorios, los cuales se construyeron en la propia Grenoble (Plateau de Bure) y, tras diversos estudios de campo y el necesario acuerdo de colaboración con el Instituto Geográfico Nacional (IGN), en Sierra Nevada.
La Estación Radioastronómica IRAM-IGN y el observatorio “Pico Veleta”, que es el nombre completo de las instalaciones, iban a ubicarse en la mismísima cima del Veleta, pero este emplazamiento fue cambiado debido a los fuertes vientos que llegan a azotar las cumbres de la sierra y a la oposición que ejerció la ciudadanía granadina. No obstante, conserva el nombre “Pico Veleta” a pesar de hallarse en la vecina Loma de Dílar, varios cientos de metros por debajo del Picacho.
Las instalaciones cuentan con todo el equipamiento necesario para realizar investigaciones prolongadas: desde biblioteca hasta gimnasio para los inquilinos investigadores; y no carecen de la tecnología precisa para la conveniente aclimatación a la altitud.
Sin embargo, lo que destaca a simple vista es la figura del Radiotelescopio. En 1984, momento en que se concluyó, era el más moderno del mundo, ya que con 30 m. de diámetro de antena era el único capaz de funcionar a longitudes de onda milimétricas, propiciando imágenes de cuerpos celestes hasta tres veces mayores que otros existentes.
Estas modernas instalaciones vinieron a reemplazar a las por entonces ya obsoletas del observatorio (cuyos restos aún se conservan próximos a la carretera) y vinieron a propiciar un gran impulso a los estudios de astronomía en nuestro país.


Fotos:
Abandonamos Pinos Genil camino de Güéjar:


Después de este puentecillo comienzan un par de km. casi al 8%:


El embalse de Canales con la sierra como telón de fondo:


Aunque con descansillos, aún quedarán buenas rampas antes de llegar al pueblo:


Junto al camping coronamos el altillo:


Ya en descenso observamos la carretera de Haza Llana:




Primera fuente a la entrada de Güéjar:


Las indicaciones del río Genil son las que debemos seguir:


Y aquí giramos a la derecha camino del embarcadero abandonando el tramo común con el Collado del Alguacil:


Descenso con fuerte pendiente en pos del río. Ojo con la herradura a derechas, pues parece estar contraperaltada:


Después del puente empieza la tralla:


La sucesión de herraduras dota al tramo de mayor espectacularidad:


Pocos serán los respiros de que dispongamos:


Y es que rara vez bajaremos del 10% de pendiente:


Las curvas se escalonan con el pueblo de fondo:


En el km. 11 ganamos un descansillo al salir de una herradura a izquierdas:


Pero la alegría nos dura poco:


A la par que vuelven las paellas:


Al salir de ésta alcanzamos el 20-21%:




Al fondo el valle del Maitena:


Y otra herradura durísima:


Algunas rectas son demoledoras:


Hay que retorcerse para dar impulso a los pedales:


Una de las últimas rampas duras antes del cruce:


Y, por fin, llegamos al mencionado cruce: se acabó el calvario… de momento:


Se estrecha la calzada, pero esta carreterilla tiene un encanto especial:


Es un gustazo subir por aquí, aunque hay que extremar las precauciones por si nos cruzamos con algún vehículo:


Paulatinamente nos iremos adentrando en un pinar:


El trazado torna sinuoso nuevamente:




Igualmente vuelven las herraduras:


Güéjar ha quedado muy muy abajo:


Y, tras un giro, se muestra la carretera nueva con algunos hoteles próximos a El Dornajo:


Sin embargo, nosotros no llegaremos a El Dornajo, sino que continuaremos por la carretera de las Sabinas, por lo que no llegaremos a pasar en ningún momento por la carretera nueva:


Cada 250 m. estos paneles nos irán informando de la altitud. Aún nos quedan 1.100 m. de desnivel… casi nada:


Al salir del pinar se abre una espléndida panorámica. Al fondo el Collado del Alguacil:


Alcanzar los 2.000 m. de altitud siempre resulta motivante:


Poco más arriba, tras la última herradura gozamos de unas espléndidas vistas sobre la ciudad de Granada y la Vega:


Cerca del Collado de las Sabinas la panorámica es verdaderamente excepcional:


Pasado el mencionado collado, las rampas se siguen al 7% aproximadamente:


Seguimos alcanzando hitos:


Con este asfalto nuevecito el descenso promete:


El cruce del C.A.R y Pradollano a casi 2.400 m. de altitud supone uno de los puertos de paso más duros de la península, si no el que más:


Antes de llegar a la Hoya de la Mora ya visualizamos nuestro objetivo:


Justo antes de la Hoya, el panel de los 2.500 m. de altitud:


Al punto, llegamos a la barrera, que habrá que sortear con precaución:


El surco en la nieve parece signo inequívoco de que han pasado las máquinas hasta el radiotelescopio:


En efecto, tras el fin de la temporada invernal, el acceso queda limpio:


El antiguo observatorio permanece, aunque en constante deterioro, junto a la carretera:


El Parque Nacional de Sierra Nevada cuenta con el mayor número de ejemplares de cabra montés del país:


Proseguimos nuestro camino anonadados con el entorno y ansiosos por recorrer los que aún nos falta:


Antes de llegar al cruce de Borreguiles sortearemos alguna herradura más:


He aquí el mencionado cruce. A la izquierda, aunque su aspecto está cada vez más deteriorado, seguiríamos hacia el Veleta. Pero por esta vez exploraremos nuevos caminos:


Hasta la estación el camino es llano e incluso levemente descendente:


La cantidad de nieve que hay acumulada promete imágenes únicas:


Llegamos a Borreguiles… El radiotelescopio no parece tan alto:


Al llegar a la estación debemos girar, en descenso, a la derecha:


Pronto nos vemos rodeados por paredes blancas:


A pesar de este cartel no nos han puesto pegas para subir en ningún momento, ni existe barrera que lo impida. Sin embargo, esto nos hace ser, si cabe, aún más respetuosos con el entorno y, sobre todo, con las instalaciones de la cima:


La bajada aún continúa con cierta pendiente, mientras las rampas se muestran amenazantes:


Desacostumbrados como estamos a pedalear en estas circunstancias, llegamos a pensar incluso en la probabilidad de aludes:


Y es que hay paredes de más de 10 m. de alto:


Como ésta en la primera herradura a izquierdas:


El “sacacorchos” es una secuencia de dos herraduras con pendientes que superan el 15%:


Y, como podemos ver, al salir de la segunda de las curvas la pendiente no desciende inmediatamente:


El color blanco predomina en el paisaje. En la foto podemos apreciar la cima del Veleta y el radiotelescopio asomando a la derecha:


Coronamos el Collado de la Loma de Dílar:


La carretera se sitúa nuevamente por encima del 11%:


Las rampas del radiotelescopio nos harán sufrir de lo lindo hasta el final:


A pesar de las marcas de los quitanieves, la carretera del radiotelescopio se encuentra en bastante mejor estado que la del Veleta:


Nos aproximamos a la última sucesión de curvas… ¡¡¡Estamos a tiro de piedra!!!:


Al fondo se atisban las Sierras de Tejeda y de la Almijara:


En la segunda curva alcanzamos una máxima del 17%:


Y la pendiente apenas decrece al salir:


Pero una vez superado este último escollo, el IRAM no se nos va a poder resistir:


Como no podía ser de otra manera, acabamos entre paredes de nieve:



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