CÓRDOBA COLLADO DE ARROYO HONDO
Arroyo del Esparragal
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Altitud: 719 m Distancia: 13,29 km Desnivel: 501 m Pendiente Media: 3,8 % Coeficiente: 97
 

Altigrafía y comentarios enviados por:
Miguel Baeza y Martín Cerván

 

Localización: Situamos el inicio en un pequeño puentecillo sobre el arroyo del Esparragal, en el camino de las Pañeras, antigua carretera que une el embalse del Guadalmellato con Obejo.


Especificaciones: Carretera muy rugosa, deteriorada y bacheada en tramos, aunque ciclable perfectamente con ruedas finas. Eso sí, hay que tener en cuenta que subir resulta incómodo, pero bajar, peligroso. Cuenta con señalización vertical, mientras que la horizontal ha desaparecido. El ancho varía, siendo algo más estrecha al principio que al final. No obstante, este detalle no tiene especial importancia, puesto que el tráfico es muy reducido: tan sólo nos cruzaremos con el dueño de alguna finca próxima. Por último, de cara al verano principalmente, hay que tener en cuenta que carece de sombreado.

Fuentes: No hemos observado ninguna en toda la subida. Sin embargo, al poco de coronar, siguiendo en dirección a Obejo nos encontraremos con la fuente de la Fuenfría, en servicio incluso durante la época estival.

Comentario: Nos encontramos en uno de los más recónditos parajes de la Sierra Morena cordobesa. Para empezar no son muchos los mapas en los que aparece la carretera que vamos a transitar, por lo que dar con el inicio del puerto no va a ser tarea fácil.
Como referencia tomamos el pueblo de Alcolea, a escasos kilómetros de Córdoba. Desde esta localidad nos dirigiremos al embalse de San Rafael de Navallana en primer lugar y luego continuaremos hasta el embalse del Guadalmellato. Desde este último embalse la carretera empeora notablemente.
Después de salvar alguna pequeña dificultad montañosa, alcanzaremos el arroyo donde damos inicio a la subida, que en estas primeras estribaciones no presentará grandes dificultades siendo, eso sí, extremadamente irregular.
Pronto alcanzaremos el río Guadalbarbo, que pasa a llamarse Guadalmellato tras juntarse en el embalse junto con el Cuzna y el Varas, entre otros cauces de menor importancia.
Nos hallamos en una zona de excepcional belleza y de gratísima tranquilidad para quienes gustamos de escapar del bullicio de la urbe. La naturaleza se viste de largo en estos parajes para nuestro deleite. El contraste de las masas de agua que forman los embalses, fuente de vida para una riquísima fauna entre las que destacan el lobo y el lince ibérico, y el predominante cultivo de secano, el olivar, se difumina entre lomas atestadas de matorral, monte bajo y dehesa. Además, el bosque de galería allá donde los ríos se encajonan entre riscos, dota a los distintos valles de una variedad y riqueza de flora y fauna raras veces superada en otros puntos de la provincia.
Pasado el Guadalbarbo, nos esperan 2,5 km. bastante sencillos y sin sobresaltos, hasta que un repecho algo más largo en que la pendiente alcanza ya el 11% dispara las pulsaciones y disminuye la cadencia de pedaleo.
Pero no será más que un primer aviso para lo que está por llegar. Y es que, tras un descenso, afrontaremos el tramo de mayor dificultad del puerto, con un par de kilómetros próximos al 8% de media y máximas que se sitúan en el 15% de pendiente. A ello hay que unir el estado del firme, muy rugoso y bacheado por tramos, que dificultará el ascenso y propiciará que tengamos que emplearnos más a fondo de lo que sería menester en otro tipo de carretera.
La subida, no obstante, es divertida, con constante curveo. Y el trazado es visible desde varios puntos de la propia carretera, lo que nos irá dando una idea aproximada del tramo siguiente al que nos encontramos.
A medida en que ganamos metros al asfalto la panorámica sobre el valle del Guadalbarbo se amplía. Gozamos de unas increíbles vistas que, hacia el Sur, alcanzan hasta el embalse del Guadalmellato, hace rato transitado camino del inicio del puerto.
Un altillo seguido por un corto descenso rompe la continuidad de los últimos kilómetros del puerto, aunque, no obstante, las rampas de doble dígito reaparecen al instante para ir perdiendo fuelle paulatinamente.
La zona alta del puerto resulta sencillamente espectacular, sobre todo si giramos la vista hacia atrás o hacia nuestra izquierda. Se dominan ampliamente las colinas cercanas y el valle, cada vez más profundo, adquiere una dimensión enorme para las altitudes que alcanzan las cumbres de la Sierra Morena cordobesa.
Continuos descansillos dan paso a rampas del 10% hasta que tras la última curva de herradura nos enfrentamos a una algo más continuada del 11% y que da inicio a los metros finales del ascenso. El puerto se despide –no podía ser de otra manera- con duras rectas que no parecen acabarse nunca hasta que, por fin, vemos aparecer la silueta de un chalé con la puerta azul, nuncio inequívoco de que la cima se halla próxima a nuestras pedaladas.
Y, así, al llegar a una hilera formada por pinos coronamos el collado de Arroyo Hondo, a 719 m. de altitud, tras largos y espléndidos kilómetros de ascenso.


Fotos:
El embalse del Guadalmellato, poco antes de llegar al inicio del puerto:


De especial belleza resulta el paso por el río Guadalbarbo:


La carretera va picando hacia arriba poquito a poco:


Con algún repecho que agarra:


Al inicio el trazado se encajona entre lomas:


Arriba ya vemos por dónde sube la carretera:


Descendemos antes de afrontar la parte más dura del puerto:


El estado del firme deja mucho que desear, pero siempre suele haber “escapatoria”:


Primera herradura:


La pendiente siempre ronda el doble dígito:


En poco espacio hemos ganado bastante altura sobre el valle:




Y la panorámica seguirá mejorando:


Tras lomas preñadas de olivos aparece el embalse:


Rampas al 11% en una nueva herradura:


El abandono de la carretera no sólo es patente por su estado, sino por la vegetación que invade los laterales:


El firme rugoso endurece unas rampas de por sí exigentes:


Algún respiro nos permitirá recrearnos:


Disfrutamos echando la vista atrás:


Hacia delante la carretera se pierde y no alcanzamos a ver el final:


Y es que el puerto se nos hace largo y aún queda poco más de un par de kilómetros para coronar:


Este tramo está salpicado de repechos al 10%:


Estas sierras, muy agradecidas al agua, verdean al poco de recibir las primeras lluvias:


El último kilómetro vuelve a endurecerse:




Alcanzamos una zona más o menos rectilínea que parece no tener fin:

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