PIRINEOS LARRAU   por   Laugibar - Larrau   157481 visitas  
Distancia: 14,8 km Desnivel: 1194 m % Medio: 8,07 % Altitud: 1579 m Coeficiente: 369
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Localización: Es la D-26 que remonta el Larrañeko Erreka (río Larrau) desde la localidad de Tardets. Nuestra altimetría comienza en el Albergue de Laugibar, al que habremos accedido tras varios kilómetros de suave ascensión desde que hemos dejado a nuestra izquierda la ruta que asciende a los Cols de Issarbe y de Soudet (y la Pierre-St.-Martin) por Santa Engracia y las célebres Gargantas de Kakueta.

Especificaciones: Carretera en inmejorable estado, de unos 6 m. de ancha y con señalización horizontal. Las sombras, que abundan sobre todo en el tramo central del puerto, irán abandonándonos en la zona alta para dar paso a las típicas praderas de alta montaña. La circulación de vehículos se limita a los días festivos por el gran número de montañeros y/o turistas que acuden al Mirador del alto.

Fuentes: Hay una, imprescindible, en una de las primeras casas del pueblo de Larrau, a nuestra izquierda: que no se os pase.

Descripción: Nos encontramos ante el auténtico "Rey de los Pirineos", de una dificultad claramente superior a la de los míticos Tourmalet u Aubisque. Sus casi 15 kms. no desmerecen en nada a los dos colosos citados pero, por el contrario, ninguno de ellos posee ni rampas por encima del 15% ni más de ocho kilómetros con una pendiente media superior al 10%. Conocemos ascensos pirenaicos con una dureza mayor en tramos kilométricos concretos, pero ninguno de ellos alcanza el coeficiente de dificultad del terrible Larrau que nos ocupa. Nada más iniciarse en el puente de Laugibar las primeras rampas, la pendiente se sitúa inmediatamente en el 10% y así se va a mantener hasta que lleguemos a las primeras casas de Larrau. Sin olvidarnos de reponer el líquido elemento que nos va a ser muy útil en una escalada en la que algunos invertiremos casi dos horas, descansamos en el paso por la localidad donde hallaremos incluso una pequeña bajada que se prolonga a la derecha en el cruce que se dirige al gemelo Col de Bagargi, de una dureza bastante similar a la que debemos vencer en los próximos 12 kms. No os equivoquéis, deberemos seguir por la izquierda junto a un monumento ciclista, que bien parece estar dedicado a valientes como nosotros. Nos enfrentamos ahora al segundo tramo de la ascensión, el que en casi ocho interminables y durísimos kilómetros nos va a permitir alcanzar el llamado Col de Erroymendi, que abre una nueva perspectiva antes de coronar en la cima del Larrau. Varias curvas de herradura trazan una especie lazos mágicos en la ladera que se yergue sobre ese último pueblo de la vertiente francesa, aunque algunos no se atreverán siquiera a mirar hacia arriba para ver el regalo que se les ofrece envuelto en tanto lazo. El panorama va ganando en grandiosidad a medida que vamos tomando altura, mientras las rampas se suceden una tras otra, de tal manera que muchos dirán que este puerto no necesita ni tenerlas: todo él es una única rampa. Enseguida pasamos a contemplar a la derecha el ascenso paralelo del Bagargi, que quizás consiga distraernos de nuestro esfuerzo pensando en que debe ser tan duro como lo que estamos subiendo. Tendremos que dejar para otro día la solución a nuestra duda y emplearnos a fondo en lo que ahora nos tiene tan ocupados. Cuando se acaban las sombras de las hayas y los pinos y el paisaje se abre a la vegetación de alta montaña, divisaremos pronto lo que parece ser el final de nuestro martirio: ¡falsa esperanza!. No se trata más que del citado Col de Erroymendi, al que habremos llegado si hemos sido capaces de vencer una rampa final de más del 15% de pendiente. El panorama que se abre a nuestros ojos va a intentar distraernos de lo que las piernas nos están indicando desde hace ya varios kilómetros: un nuevo valle y la cadena pirenaica presidida toda ella por el majestuoso Orimendi. Esos tres mil metros antes de escalar la pared final del puerto son también bastante engañosos: apenas superan el 2% de media, pero en continuos toboganes que se hacen eternos cuando nuestra única meta se halla en coronar y finalizar cuanto antes con el suplicio. Esa pared final va a poner la puntilla a nuestra escasas fuerzas y el superar las sucesivas herraduras que la adornan va a requerir de una mentalización suprema y de una preparación física suficiente para dominar sus nuevas rampas que en ningún momento descienden del 10 y que alcanzan a veces el 14%. Si algún compañero ha coronado antes que nosotros va a poder disfrutar viendo cómo nos retorcemos en ese tramo definitivo, desde el magnífico mirador que domina esta zona final. Lo mismo podremos hacer nosotros con los que nos sigan cuando hayamos logrado nuestro objetivo: domeñar al mítico coloso pirenaico y sentirnos los dueños del reino mágico de las montañas que nos envuelven. Si esto no es el Paraíso no debe ser muy diferente la sensación que nos embarga si aún estamos vivos.

Mapa situación:



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