ALPES MONT VENTOUX   por   Bédoin   80804 visitas  
Distancia: 21,5 km Desnivel: 1552 m % Medio: 7,22 % Altitud: 1912 m Coeficiente: 380
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Localización: Es la D-974 que desde el núcleo de Bédoin se encarama a lomos del "Gigante de la Provenza" por su vertiente sur.

Especificaciones: Buenas condiciones para el tránsito ciclista y abundante sombra de pinos y hayedos hasta alcanzar el Chalet Reynard. Desde ese punto hasta la cima la vegetación desaparece por completo. El tráfico, sin ser intenso, es abundante en días festivos. Conviene evitar la ascensión en jornadas con previsión de vientos fuertes, aunque siempre vamos a tener que sufrirlo en los kilómetros finales.

Fuentes: Hay un par de ellas en los núcleos de Les Bruns y St. Estève. Y una final, la llamada de La Grave, a unos cinco mil metros de la cima.

Descripción: Cualquier visitante de la Provenza que se dirija hacia el Norte no podrá apartar su mirada durante bastantes kilómetros de la enorme mole de casi 2000 m. de altitud que se yergue como impresionante dominadora de todo el entorno. La escalada a este monstruo, situado en las estribaciones meridionales del macizo alpino, ha brindado multitud de páginas de un ciclismo épico que nunca podrá desaparecer de montañas como ésta. Si el "caníbal" Eddy Mercks llegó a punto de la extenuación y el británico Tom Simpson dejó su vida en el empeño, más vale que nosotros, simples cicloturistas, nos enfrentemos a sus rampas con la mentalización y el entrenamiento suficientes como para recordar la hazaña de coronar junto a su famosa torre-observatorio y, eso sí, con la lucidez necesaria a fin de no olvidarla jamás. Desde la localidad de Bédoin la pendiente va creciendo de manera imperceptible al inicio mientras atravesamos extensas plantaciones de viñedos a ambos lados de nuestra ruta. Al dejar atrás los pequeños núcleos de Les Bruns y sobre todo de St. Estève vamos a adentrarnos en un inmenso bosque de pinares y monte bajo que irán dando paso con la altitud a los hayedos de sombra más frondosa. Los siguientes 9 kms. son la auténtica pared del Mont Ventoux, con un 9% de pendiente media y varias rampas por encima del 10%, que sólo se hacen llevaderas en la medida en que los rayos solares no consiguen adentrarse apenas en el reino mágico de este bosque encantado. La verdad es que no estamos para narraciones de gnomos y hadas, sino para empujar con todas nuestras energías los pedales que parecen resistirse a su giro constante y obligadamente pausado. Prácticamente ninguna curva de herradura y escasos rellanos van a distraer nuestros pensamientos, puestos exclusivamente en seguir ganando altura sobre el valle invisible. ¡Un lugar ideal para la lucha! -dirán algunos-, si no fuera porque la única lucha que mantenemos es con nosotros mismos (y con la gran cantidad de moscas que querrán hacerse con parte de las sales que van aflorando de todos nuestros poros) y no con ningún rival que intente sacarnos de rueda: ¡bastante tenemos con mantener el ánimo y la esperanza de conquistar la gloria! Al llegar al Chalet Reynard finaliza el arbolado, la pendiente suaviza y por la derecha se nos junta la ruta que asciende desde Sault, la más fácil de las tres vertientes. Pero somos bien conscientes de que el éxito sólo puede lograrse por el lado que exija un mayor sacrificio, y en ello estamos. Nos hemos adentrado ahora en el mundo de la desolación más absoluta, un paisaje lunar inundado de piedras y azotado por un viento siempre impresionante que otorga su bien merecido nombre de "Monte Ventoso" a esta montaña mágica. Ninguna sombra nos protege ya de la fuerza de Eolo ni impide que el astro solar nos martillee desde lo más alto. Alcanzamos a divisar por vez primera el observatorio que marca el final de nuestra aventura, pero aún habremos de superar los interminables seis mil metros por la ladera de la montaña, trazando innumerables vaguadas que ora nos acercan a la cumbre, ora parecen alejarnos aún más de ella, según el viento se digne favorecer o dificultar nuestro empeño. La pendiente aquí es mucho más llevadera que en el tramo boscoso anterior, aunque poco a poco, como queriendo evitar nuestro éxito, va ganando en intensidad hasta superar de largo el 9% en los dos kilómetros finales. Al pasar junto a la lápida en memoria de Tom Simpson nos sentiremos totalmente identificados con las penalidades que provocaron su infortunada pérdida, pero como una postrera herencia el corredor inglés parece decirnos al oído: "no desfallezcas, que ya lo has conseguido". Con ese apoyo suplementario ni siquiera la última curva de herradura y la impresionante rampa final del 12% van a evitar nuestra particular conquista de la gloria. Y el espléndido panorama que desde este mirador privilegiado se divisa en días despejados hará que dilatemos entusiasmados nuestra permanencia en el Cielo.

Mapa situación:



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