MORTIROLO por  Mazzo di Valtellina

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Distancia: 12,4 km Desnivel: 1306 m % Medio: 10,53 % Altitud: 1851 m Coeficiente: 474

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Localización: En la carretera Nº 38 a su paso por Mazzo di Valtellina, desde Bormio, veremos indicada con claridad a nuestra izquierda la ruta hacia este afamado paso montañoso, que nos lleva hasta el Valle de Camonica en la Nº 42.

Especificaciones: Se trata de un recorrido no muy frecuentado en cuanto alternativa del Paso de Aprica y mucho más tranquilo y seguro para acceder desde Bormio a Brescia o al Trentino. Muy estrecho pero con asfalto reciente y totalmente cubierto por las sombras de los pinos hasta las praderas del alto.

Fuentes: Hay una en el Km 1,5 y otra en Km 9 en la Casa Piaz de l’Acqua, dentro del jardín. Y las dos últimas en el kilómetro y medio final.

Descripción: Esta vertiente norte del mito italiano está considerada como uno de los puertos más duros de Europa...y lo es sin duda. No vamos a entrar aquí en comparaciones con otros colosos que es posible que le superen en niveles de esfuerzo agónico; sólo pretendemos que seáis conscientes de que no deberíais enfrentaros a un reto de esta magnitud sin la preparación y, sobre todo, el desarrollo necesario.
Además de su tremenda dureza, esta ascensión reúne otra serie de atractivos que hacen que día tras día podamos encontrar en sus rampas a algún cicloturista que hasta aquí se ha acercado atraído por su fama, ya legendaria a pesar de su reciente aparición en el mundo del ciclismo profesional. Destaquemos la tranquilidad del recorrido, el frescor que proporciona el tupido bosque en el que ascendemos inmersos, la estrechez de la carretera que le confiere un halo de encanto especial, las numerosas pintadas sobre su asfalto que nos hacen pedalear rememorando los nombres gloriosos del ciclismo mundial, el panorama idílico de la Valtellina a nuestros pies que se vislumbra entre las ramas del espeso arbolado y, sobre todo ello, la satisfacción, el gozo, el placer inmenso que se experimenta al sentir el sufrimiento de nuestras piernas y de todo nuestro cuerpo a cada pedalada que nos acerca a la leyenda. Debemos, pues, considerar nuestra empresa como un reto personal: no se trata ahora de llegar antes que nadie –somos cicloturistas, no se nos olvide- sino simplemente de coronar después de doce interminables kilómetros, que nos van a suponer a muchos de nosotros dos horas o más de denodado esfuerzo por llegar hasta la cima sin echar pie a tierra. Porque, eso sí, la gesta consiste en hacerlo de este modo y, aunque nuestros compañeros se aburran de esperarnos arriba, el entrar en la leyenda tiene sus reglas.
Cuatrocientos metros de suave pedaleo desde la SS-38 entre campos cultivados hasta llegar a unas casas donde, al girar a la derecha, se nos aparece la primera rampa del 10%: nadie podrá decir que se asusta porque, si es así, ¿sabe de verdad dónde se va a meter? Ese tramo inicial no es más que un engaño a la pendiente media del primer kilómetro que, inmediatamente pasa a situarse de continuo por encima del 9-10%. Casi es mejor no conocer de memoria –como hacen muchos- las pendientes de cada uno de esos doce infernales tramos kilométricos y dejar que sean nuestras piernas quienes nos vayan indicando la dureza a la que se enfrentan. Ni siquiera nos hemos tomado la molestia de señalar las rampas inferiores al 14% porque, con echar un vistazo a la altigrafía, ya vemos que no se trata de rampas sino de kilómetros enteros en esas cifras mantenidas. Primeras herraduras que casi sirven de alivio al cuerpo y a la mente y llegamos a un claro en el bosque donde la iglesia de San Mateo es el primer punto de referencia por si no somos capaces de continuar: así sabremos de dónde tendremos que pasar para conseguir en el futuro la gloria de alcanzar, por lo menos una vez en la vida, la cima.
Los cinco kilómetros siguientes son los que van a exigir todo nuestro esfuerzo y, por supuesto, un sufrimiento constante. No miréis quién se nos ha adelantado ni quién parece que flojea: insistimos en que el combate lo libramos con el mito y no con los colegas a quienes ya tendremos ocasión de vencer en otros momentos. Las rampas se agigantan, 15, 16, 17, 18,…hasta el 20% en mitad de la ascensión y cuando más nos vale no pensar en lo que aún nos falta. Es mejor que nos dediquemos a contar las casas –Piazzu las llaman en la zona- que van quedando atrás, como quien desgrana las cuentas de un rosario mientras recita repetitivamente el Ave María de los Misterios Dolorosos. Precisamente una de las casas tiene en su jardín una estatua de la Virgen que, vista de lejos y de espaldas, semeja más bien una bala de cañón, cual símbolo del sufrido combate que estamos librando: confiemos en la ayuda maternal de la sugerente imagen mariana.
Más bosque, siempre bosque, cabañas desperdigadas en la ladera, un “tornanti” tras otro, ruta estrecha siempre en silencio, y dolor, dolor, dolor,…Por fin, en una herradura izquierda, la escultura de Alberto Pasqual nos muestra al inmortal Pirata que, mirando atrás erguido sobre la parte baja del manillar de su bici, parece estar aguardándonos para pedalear a nuestro lado en los últimos kilómetros: habrá quien diga que la ayuda de los compañeros no sirve de mucho cuesta arriba, pero aquí se demuestra que no es cierto en absoluto.
Imperceptiblemente la pendiente media va disminuyendo a medida que nos acercamos a la victoria, el bosque deja paso a las praderas de alta montaña, un par de fuentes nos brindan un último motivo de descanso, unas imágenes de Cristo y su madre a lo lejos parecen darnos el empujón definitivo y el fiel Pantani nos conduce a la leyenda que nos aguarda en el Passo della Foppa. El entorno no tiene la grandiosidad de otros paisajes alpinos pero no lo echaremos en falta: el reto está superado.

Mapa situación:

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