Descripción: La primera vez que ves esta montaña, te viene a la mente algo así como “La madre
de todos los repetidores”, remedando a Sadam Hussein. En efecto, no sólo salva
casi 1300 metros de desnivel en un trecho muy reducido, sino que además está
coronada por una descomunal antena de la radiotelevisión austríaca de 75 metros
sobre un trípode de otros 27, lo que eleva la altura total hasta los 2100
metros. La etapa reina de la vuelta a Austria suele acabar en la cota 1670
(Alpenhaus) de esta ascensión. Aún sin llegar al final, totaliza 7,5 kilómetros a
más del 12 %, por lo que no es extraño que algunos profesionales parezcan cansados al llegar. Es aconsejable
llevar desarrollos similares a los necesarios para subir nuestro Angliru (mínimo
de menos de 2,5 metros). Por ello, lo más sensato es utilizar 3 platos. No
obstante, y dado que no hay que superar nada tan exigente como la infernal “Cueña
les cabres”, se puede intentar con un desarrollo compact (34/27 o similar), si se
está dispuesto a hacer un par de kilómetros francamente atrancado. No menos
aconsejable es hilar muy fino en la preparación física hasta estar seguro/a de
poder promediar al menos 4 vatios por kg. de peso corporal durante la hora larga
que nos va a llevar la subida.
Los primeros 300 metros transcurren por un
núcleo habitado en el que destacan un hotel y un museo etnológico, tras los
cuales la ruta proveniente del teleférico confluye con la nuestra. Aquí tendremos
que superar ya alguna rampa al 11 %. Después la inclinación cede, moderándose al
4-6 % hasta llegar al km.1. En este momento, la carretera adopta ya un gradiente
característico del 12-15 % del que se va a apartar pocas veces. El asfalto está
ilustrado por numerosas pintadas de apoyo a los ciclistas locales, aunque las
muestras de aliento hacia Töschnig, Vanzelli, Gerrit Glömser y otros escaladores
austríacos no fueron suficientes para ayudarles a batir al potente australiano
Cadel Evans en la última edición del Tour de Austria. A partir del km 2,2 una
recta flanqueada por un denso arbolado va a ir haciendo muy trabajoso mover el
desarrollo de 1,5 vueltas de rueda por pedalada. Vale la pena, sin embargo,
persistir en el atrancamiento, porque en el km. 2,7 un breve llano (que se vive
como un descenso) nos permite recuperar un ritmo vivo de pedaleo. Pasamos
entonces por la caseta del peaje, momento en el cual debemos cambiar al plato más
pequeño, por que no volverá a haber otro descanso hasta la explanada del
Alpenhaus, 5 km. más arriba. En la media hora siguiente de esfuerzo, deberemos
evitar que nuestra cadencia de pedaleo baje de 55-60 min., si no queremos que el
lactato se acumule en nuestras piernas, lo que implica tener que recurrir al
30/23 y 30/25 casi constantemente. Aún con estos desarrollos, deberemos ponernos
de pie sobre los pedales para que una rampa al 19 %, situada en el km. 3,5 no nos
haga perder el ritmo. Afortunadamente, al inicio del 4º km, algunas rampas al
sólo 6-8 % permiten que la fatiga se haga tolerable. Durante un par de km. más,
ninguna rampa va a volver a exceder el 15 %, estando este tramo salpicado además
con desniveles asequibles de entre el 8-10 %. De este modo podemos llegar
relativamente enteros a un tramo notablemente duro entre los kilómetros 6,3 y 7,2
en el que el gradiente se eleva en demasiadas ocasiones hasta el 18 %. Tuve que
subir a la corona más alta disponible (27) para poder negociarlo sentado sin
perder totalmente el ritmo. Los 600 metros que nos separan de la explanada del
Alpenhaus son mucho menos exigentes. Podremos además bajar un par de coronas y
hacer un remedo de sprint, porque al llegar a la explanada del restaurante vamos
a tener que tomarnos un forzoso descanso para superar a pie esta barrera, que
limita el paso a los vehículos de mantenimiento de la ORF. Antes de desmontar de
la bici, recordad poner el desarrollo más corto para facilitar la reanudación de
la marcha. Volver a calzar la cala en una rampa al 13-14 % puede ser complicado
si no cuentas con nadie que te empuje. Lo fue especialmente para mí, dado que
sufro una severa cojera en la pierna izquierda. Tuve que subir los primeros 100
metros de la estrecha pista con la bici de la mano hasta que una cuneta más
amplia y llana me permitió volver a montar en ella. Es bastante probable que
incluso ciclistas sin minusvalía tengan que repetir la misma maniobra que yo. El
descanso que ha supuesto la breve caminata nos permitirá afrontar las rampas del
13-14 % a un ritmo relativamente vivo, bajando incluso una corona. No conviene de
todas formas dejarse llevar por el entusiasmo: los últimos 600 metros de la
ascensión son los más duros, y hay que llegar a ellos con reservas suficientes.
El cartel indicador del jardín alpino (que vale la pena visitar en un paseo
posterior) anuncia también el inicio del tramo más duro de nuestra empresa. Esta
rampa nos hará ponernos de pie sobre los pedales para superar el 22 % que llega a
alcanzar. Tras un brevísimo respiro al 12 %, volvemos otra vez a las rampas
máximas en esta sucesión de revueltas que nos lleva a la caseta del teleférico,
donde veremos impresa la cota altimétrica 1970. Los 100 metros finales van
moderando gradualmente su inclinación hasta conducirnos a la meta, justo en la
base del trípode de la descomunal antena. Tras unos 65 minutos de esfuerzo te has
ganado el espectáculo de admirar y tratar de identificar las gigantescas moles
alpinas que te rodean.
ver más fotos (para desplazarse utilizar las flechas
verdes)
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