EL ARTE DE SUBIR PUERTOS

Alejandro Lucía (fisiólogo de la Universidad Europea), EL PAÍS

Existen varios estilos de enfrentarse a los grandes puertos. Algunos ciclistas suben preferentemente sentados, a un ritmo fuerte pero sin aceleraciones bruscas (suben a su ritmo, suelen decir). Es el estilo más económico de todos. Es decir, el que exige a los músculos consumir menos oxígeno para una misma velocidad. Quizás por eso es el estilo que suelen utilizar los más pesados (70 o más kilos). Sobre todo, en los puertos más tendidos (con desniveles inferiores al 8%-9%). El mejor ejemplo posible: Miguel Induráin destrozando uno a uno a sus rivales en La Plagne (Tour de 95). Otro más reciente: Lance Armstrong sentenciando el Tour del año pasado en Sestriere. Cadencia alta (unas 80 r.p.m.). Apenas si hay balanceo de caderas. Sólo pedalean los muslos. Los músculos de brazos y tronco superior, relajados. Los codos, algo abiertos, para facilitar el trabajo de los músculos respiratorios. Algunos, como Ullrich, son tan potentes que a veces suben sentados con las manos agarradas en la parte baja del manillar. Algo así como llanear cuesta arriba. Tronco y brazos van menos relajados (la postura es mucho más incómoda), pero a cambio se puede hacer más fuerza con otros músculos (glúteos, por ejemplo) y desarrollar muchos vatios de potencia. "Se debería poder tocar el piano mientras se suben los puertos", decía el gran Bernard Hinault, quizás para ilustrar el hecho de que, a excepción de los músculos de las extremidades inferiores, todos los demás deberían estar lo más relajados posible. En cambio, los escaladores (menos de 70 kilos) suelen subir mucho tiempo de pie en la bicicleta con las manos apoyadas sobre las manetas del manillar. Y esto les permite, además, realizar aceleraciones bruscas. Su bajo peso corporal (y por tanto su mayor disponibilidad de oxígeno para cada kilogramo de tejido muscular) posiblemente compense la menor economía de este estilo. Ya no pedalean sólo las piernas: el cuerpo se balancea de un lado a otro en cada pedalada, haciendo trabajar a los músculos de tronco y brazos. Esta postura permite imprimir más fuerza a los pedales: se mueven desarrollos más duros (uno o dos dientes menos en los piñones), y la cadencia se hace menos fluida (unas 70 r.p.m.). Un buen ejemplo: nuestro Fernando Escartín, que altera ambas posturas, sentado y de pie. Marco Pantani, el escalador por excelencia, ha creado su propio estilo de subir de pie, con las manos en la parte baja del manillar. Igual que los sprinters en los metros finales de una etapa llana. En esta postura el cuerpo va más inclinado hacia delante y se puede hacer todavía más fuerza en la parte descendente del pedaleo. Se utilizan más los músculos isquiotibiales (de la parte trasera del muslo), los glúteos y los lumbares. Ventajas: se distribuye más uniformemente el trabajo entre los músculos de las extremidades inferiores. Incluso, es una postura más aerodinámica que la de subir con las manos sobre las manetas. Desventajas: es una postura poco económica y muy incómoda. Sobre todo para los músculos respiratorios (diafragma especialmente), que además tienen que trabajar a tope durante las subidas, y más aún por encima de los 2000 metros de altura. Por todo ello, quizás lo ideal desde el punto de vista del rendimiento sería alternar constantemente ambas posturas, de pie con las manos en la parte baja del manillar, y sentado sobre el sillín. Como hace Pantani. El arte de subir puertos tiene mucha miga. Una de las mayores preocupaciones de los ciclistas es sentirse hinchados en las etapas de montaña, sobre todo si el primer puerto está cerca de la salida. En efecto, consumen una enorme cantidad de hidratos de carbono (unos 800 gramos diarios) con el fin de rellenar los depósitos de glucógeno que se vacían al final de cada etapa. El problema de esta técnica de sobrecarga de hidratos de carbono es que provoca una gran retención de líquidos en el cuerpo. Tanto como para coger dos o tres kilos más después de las horas de descanso (al almacenarse dentro de las células musculares, las moléculas de glucógeno arrastran hacia sí una gran cantidad de agua). Además, esta retención de líquidos se suma a veces a la que provocan las vitaminas del grupo B (que los ciclistas suele ingerir en grandes dosis). Consecuencias: los ciclistas se sienten congestionados en los primeros repechos del día. Resoplan más de la cuenta. Eso, por no hablar del tremendo dolor de piernas, que a veces les deja bloqueados (como ellos dicen) en el primer puerto. Hasta que rompen a sudar profusamente. La ventilación se hace entonces más acompasada. Las piernas recobran un pedaleo más ágil. A veces, hasta dejan de doler. El problema es que en algunas etapas de montaña no hace tanto calor y por tanto los ciclistas tardan más en sudar. Y no digamos si la etapa viene después de un día de descanso pues en este caso los depósitos de glucógeno (y la consecuente retención de líquidos) serán mayores que de costumbre (quizás sea éste uno de los motivos por los que a algunos no les sienta bien el día de descanso). Por todo ello, no es infrecuente ver a algunos ciclistas con muchas prendas de abrigo (perneras incluidas) en los primeros kilómetros de las etapas de montaña.



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