DIARIO DOLOMITAS 2003

El propósito de este diario era, en un principio, relatar brevemente los sitios y lugares visitados y reflejar algunos datos de interés.

La verdad es que así comenzó. Pero luego conforme iba escribiendo, me he ido dando cuenta de que era mucho más que todo eso. He ido reflejando en él muchos de mis pensamientos. Al final se ha convertido en algo más que un pasatiempo, no sólo una forma de pasar el rato, ha sido como una especie de droga que me ha llegado a tener, (cuando las fuerzas lo han permitido), más de dos horas escribiendo a toda velocidad. Las ideas y pensamientos iban sólas al papel. Ardo en deseos de ver esto perfectamente mecanografiado e ilustrado con fotos. Quién me lo iba a decir a mi, que podía estar tan ensimismado y a la vez concentrado mientras escribía. Yo, que cuando he tenido que escribir más de un folio seguido ha sido porque estaba haciendo un examen.

De todas maneras no creo que esto suponga un cambio y partir de ahora comience un «Rubén el escritor», je, je. Sabemos que cuando estoy en Donostia soy un «buebazos» (las 2 con «b») increíble. Vamos que todavía no he quitado ni los albaranes de la cocina, ¿verdad Víctor?

Pero me lo estoy pasando bien con esta nueva actividad, la cuál quiero ver finalizada (antes de lo que algunos piensan…)

Por último quisiera dedicar estas líneas a 2 personas que se que van a leerlas con interés (al menos eso creo). Ondarru y Kulak, a vosotros os dedico estas líneas que relatan una experiencia diferente y nueva para mi.

Día 1: Miércoles 23/07/2003 Salida

Ver etapa Tour. Pau Bayona
Salir a las 17.15 (Ruth y Manolo) traen el coche hasta Bayona.
Conducir y llegar hasta Narbonne sobre las 21.00 horas. McDonalds, ducha y al sobre.
Nota: Esto es lo originalmente escrito. Ya veis que es muy corto y escueto. Vamos lo que se podía esperar. Pero como os he comentado, con el paso de los días comencé a profundizar más. Así que aquí va lo que pasaba por mi cabeza ese día a las 17.30 horas.

«Acabo de coger el coche, estoy cansado, muy cansado. ¡Cojonudo! Menuda manera de empezar el viaje. Gracias a las neuras del Aita me he tenido que levantar a las 6.00 de la mañana para venir a Pau y seguir la etapa del Tour en el coche Mavic. No hacía falta semejante madrugón ni por asomo. Vamos que si me llego a levantar a las 8.00 no hubiese habido ningún problema. La etapa ha estado muy bien, una experiencia que merece la pena. He pasado un calor terrible. Claro el Aita se empeñó en que tenía que ir con zapatos, pantalón largo y camisa. ¡Casi me da algo!!!! Aquí todo «pichichi» de corto y yo con una cara de «gili» tremenda. Que gusto cuando Ruth me traido la ropa de corto (ropa que ya no abandonaría en todo el viaje).

Bueno estamos en Bayona y salimos en dirección a los Alpes. Hasta donde llegue. Veremos cómo estamos de fuerzas. Como un poco y en marcha. La verdad es que estoy «bastante acojonau» Enseguida me doy cuenta que se me ha olvidado llenar el depósito en España y mira que me lo había dicho a mi mismo. A llenarlo en Francia, qué se le va a hacer. Todavía debo de estar bastante empanado porque al tomar de nuevo la autopista me he despistado y por un momento he pensado que había cogido la dirección equivocada y volvía hacia Bayona. He pasado 10 kms. «katxondos» hasta que por fin he visto que había cogido la dirección correcta. Menos mal, el viaje no ha hecho mas que comenzar y me ha faltado tiempo para empezar a liarla.

Estoy un poco triste, al final no ha venido nadie conmigo. Además me está lloviendo a mares y estoy cansado. A decir verdad salgo un poco agobiado, de todos modos, pronto me tranquilizo. Me digo a mi mismo que el viaje lo marco yo, y hago lo que quiero. Vamos que si me agobio o me aburro puedo volver en cualquier momento. A pesar de toda la «txapa» que he metido a todo el mundo. Tampoco se van a reir de mi si en cinco días estoy de vuelta en casa. Es fácil, simplemente no pude soportarlo y me volví. Se de uno en Mikeletes que se alegraría mucho. Como veis estos primeros kms. fueron duros. Muchas vueltas a la cabeza. Voy avanzando. A las 19.00 paro para tomarme un café y seguir un poco más. A las 20.00 horas ya está el Aita llamando, a ver dónde estoy y cuándo voy a parar. Le digo que voy a seguir una horita más y que le llamaré en cuanto me instale. La verdad es que el café doble, sólo y sin azúcar que me tomado me ha hecho efecto y voy como una rosa. Está diluviando. A las 21.00 llego a Narbonne. ¡Qué pereza me da ponerme a buscar un hotel! No os lo podéis ni imaginar. Además estoy preocupado por la bici. ¿La dejo en el coche?, ¿la subo?, bueno, no te agobies, ya veremos…

Doy vueltas por Narbonne y por fin veo un hotelillo. Allá vamos. Le pregunto a la de recepción si habla Inglés. Sí. Menos mal. Cojo una habitación, le digo que llevo una bici y si tiene lugar para ella. Me enseña un cuarto con llave junto a la recepción. Se sonrie cuando me ve cubrirla con una manta. Que se ria, a mi me da igual, pero yo la cubro, para que no la rocen y para que no llame la atención.

Son las 21.45 y casi no he comido nada en todo el día. Dos tristes sandwiches. Tengo hambre, aunque tampoco mucha. Raro en mi, serán los nervios. Ahora ponte a buscar un restaurante aquí, a estas horas y con la que esta cayendo. Cerca del hotel veo un McDonalds. Venga, rapidito y al sobre. Me tomo una Big Mac (cuánto tiempo llevaba sin tomar una hamburguesa). Por la calle anda poca gente y la que anda tiene unas pintas… Como en París en ciertas zonas. Llevo la pasta bien guardada…

Regreso al hotel. La habitación es bastante triste. Una cama que casi cubre todo y un pequeño baño. Me ducho y al sobre. Mañana quiero madrugar.

Día 2: Jueves 24/07/2003 Narbonne La Thuile

A las 7.30 tocan diana. Duchita para espabilarme y bajo a desayunar. Doy buena cuenta del pan, la mermelada, la mantequilla, el café con leche y el zumo de naranja.

Pago el Hotel. Con desayuno incluído me cobran 45 Euros. ¿Mucho?, ¿poco?, ya veremos. La verdad es que ayer no estaba para empezar a buscar Hoteles y comparar precios. Mucho menos con la que estaba cayendo.

Cargamos el coche rápidamente. Meto la bici dentro desmontando la rueda delantera. Son las 8.45 y nos ponemos en marcha. Estoy mucho más animado. ¡Hoy llego a los Alpes! Además hace un día precioso y el sol calienta de lo lindo. Eso me alegra. Lo de ayer fueron las típicas dudas, más si cabe si te vas a alejar más de 2.000 kms de casa, solito y con la única compañía del coche y de la bici.

Hay tráfico pero se va muy bien. Se nota que todavía estamos en Julio. En Agosto será otra cosa. Hago una sola parada de 30 minutos para tomar algo. Velocidad de 130-140 kms/hora. Empiezo a ver los primeros carteles indicativos, Briancon, Chamrousse, Alpe d' Huez,… Todo esto me va sonando. A las 13.30 llego a Albertville. Allí estuve en el año 2.000. Como algo ligero (ensalada y lasagna) ya que a la tarde quiero atacar el primero de los puertos: El Pequeño San Bernardo. Llamo a casa para decir que ya estoy en los Alpes. Comento que a la tarde ataco el primer puerto. Ya empieza el Aita diciendo que estaré cansado y que bla, bla, bla. Le digo que estoy bien y que en principio voy a subir. Después de comer me dirijo a Bourg San Maurice.( Albertville Moutiers Aime Bourg). Conozco bien la zona. He pasado junto a los famosos Madeleine, Courchevel, Val Thorens, y la Plagne. De esta localidad salen el Iseran, el pequeño San Bernardo, el Roselend y un puerto de infausto recuerdo: Les Arcs.

Aparco el coche en Seez ( a 2 kms de Bourg), son las 15.30 pasadas. Comienzo lo que va a ser una rutina diaria y metódica. Preparar bici, bidones, vestirme, coger comida, ropa para la bajada, cámara de fotos, hinchador…

Abajo hace sol y se está muy agusto. Comienzo a subir. La pendiente es suave en estos primeros kms (4-5%), meto el 39x17. Voy bastante rápido 20-22 por hora. Voy mirando el paisaje. El pequeño San Bernardo no lo tengo controlado. Sólo se que sube hasta casi 2.200 m de altitud. Pero ni he visto su perfil ni se su kilometraje. Creo que tendrá unos 20 kms de subida. Sigo subiendo, llevo 6 kms de subida, al fondo en una curva veo un cartel (qué bien pienso, ahora me dirá cuántos kms quedan), pondrá que unos 13. Me voy acercando al cartel. Por fin lo veo y me llevo una sorpresa. Pone: «Col du petit San Bernardo 24». ¡24!!!!! Kms todavía, y yo llevo 6. Así que tiene 30. Uffff, paciencia. La pendiente no aumenta, es muy constante todo el rato entre 4 y 6%. Pero no hay ningún descanso. Yo sigo alternado mi 39x17x19 y voy casi todo el rato a 20 por hora. Manteniendo un ritmo muy majo. El paisaje es muy bonito. Así van pasando los kms, voy muy agusto, llevo la patata muy bien y un ritmo cómodo. Así llego a la estación de ski, que está a 1.850 m de altura. Aquí hace más frío. Hay bastante gente paseando y otros jugando a la petanca en un recinto habilitado para ello en la plaza del pueblo. Yo sigo a lo mio, me quedan como 7 kms. La pendiente sigue igual. Es un puerto muy constante y muy bonito. Tras 1h y 28' de subida llego a la cima. Casi 30 kms de subida ininterrumpida, pero nunca grandes desniveles. La cima está a 2.188 m. Saco una foto, me abrigo que hace frío (sopla viento). Veo un par de nubes amenazadoras, y me cae un poco de granizo, escapate que igual cae una buena. Salgo disparado. A medida que voy perdiendo altura, hace más calor. Abajo en el valle incluso hace mucho calor. Más de 30 grados. Me he tirado 40 minutos bajando. Miro el cuenta kms. He hecho 60 kms en 2h y 9 minutos. Me cambio de ropa, pongo la bici arriba en la vaca, como y bebo algo y comienzo a subir el puerto en coche. La idea de hoy es llegar hasta Aosta. A mitad de subida me noto muy cansado. El madrugón y toda la paliza que llevo (conduciendo y en la bici) empiezan a hacer mella. Me propongo llegar hasta la estación de Ski. Allí aparco el coche, abro un poco las ventanas y me echo una siesta fabulosa en los asientos de atrás por espacio de 45 minutos. Me levanto mucho mejor, termino de subir el puerto. Llego a la cima, en ella está la frontera con Italia y comienzo a bajar el puerto. Curvas de herradura por todas partes. Tras 15 kms de bajada llego a un pueblo de montaña precioso: La Thuile. Son ya las 20.00, pienso que es buena hora para parar. Busco Hotel. Hay un montón de hoteles y casas que alquilan habitaciones. Está claro que este es un pueblo de excursionistas. Las pocas tiendas que hay, son casi todas de artículos de montaña. Me alojo en un Hotel muy bonito, la señora es muy amable.

La habitación está genial. (Hotel du Glacier). Me ducho, sin lugar a dudas, las duchas tras cada etapa, han sido el mejor momento del día. ¡Qué gozada! Empiezo a lavar la ropa que he utilizado para el viaje y en la bici. Ya son casi las nueve de la noche. No tengo tiempo para mucho más. Cojo mi fiel compañero de cenas, un libro: «El clan del Oso Cavernario» y me voy a buscar un restaurante. El pueblo es precioso, de montaña, hace fresco pues estamos a bastante altitud, tengo el río junto a mi y ese sonido de agua al caer es muy gratificante. Busco un restaurante y comienzo con mi menú habitual. Pasta de primero (Bolognesa o Carbonara) y Pizza de segundo. Hoy estoy campeón y me tomo un helado de chocolate y vainilla de postre y un café correcto. (Café con Grappa). Vueltecita por el pueblo para bajar la comida. Son casi las 11 de la noche y ya no hay nadie en la calle. Ando por espacio de 20 minutos y me vuelvo al hotel. Estoy muy cansado. En 5 minutos ya estoy dormido. Mañana espera otro día duro.

Día 3: Viernes 25/07/2003 La Thuile Cogne

Diana a las 8.00. Hoy tengo varios trabajitos a parte de subir el puerto. Debo comprar hielo y un adaptador de eletricidad. Bajo para desayunar (colazionne en italiano es desayuno). Estoy contento de estar en Italia. Me entiendo muy bien con los Italianos. El desayuno es fabuloso. Un buffet que tiene de todo. Me pongo las botas. Lleno bien el depósito. Pago el Hotel. Con desayuno incluído son 49 Euros. Correcto. Muchísimo mejor que el de ayer. La habitación, el desayuno, etc (y sólo 4 Euros de diferencia). Cojo la bici de una habitación que tenía para ello, junto a la bici de su marido. Por supuesto recojo mi manta. Me despido de la amable señora y partimos dirección Aosta. Son las 9.00 de la mañana. Seguimos bajando el puerto, muy bonito también por esta vertiente Italiana. Vamos hacia Aosta donde atacaremos un coloso. El Gran San Bernardo, a casi 2.500 m de Altitud. De éste ya estoy más informado. Son 34 kms de subida y un desnivel de 1.900 metros. Es un puerto largo y duro, pero precioso y espectacular según he podido ver en las fotos. ¡Vamos a descubrirlo! Llego a Aosta a las 9.50, aparco el coche y me cambio. Aosta es grande (más que un pueblo). No voy a decir que sea una ciudad pero tiene un tamaño majo. Aparco el coche, me visto de ciclista y a las 10.10 comenzamos la subida. Hace un día espléndido. Calor y un sol radiante. Mejor, así disfrutaremos de las vistas. Salgo de Aosta y voy siguiendo los carteles que marcan Gran San Bernardo. A los 2 kms comienzo a subir. El inicio es suave, los primeros 10 kms tienen una pendiente del 5-6%, con algunas rampas sueltas del 7-8%. Voy con el 39x17x19 en algún momento el 21. Los siguientes 5 kms son bastante más suaves entre 2-4%, aquí aprovecho para meter plato e ir muy suelto. El paisaje es muy bonito, paso por muchos pueblitos pequeños con sus casitas muy bien cuidadas. Voy subiendo y ganando altura pero poco a poco. Todavía no se ve por dónde va a ir la subida. Sigo subiendo y rodeado de grandes montañas. Llevo 15 kms, me quedan unos 20-22 y lo más duro aún por llegar. Llego a Vachery a 1200 m de altitud. Es un pueblo muy pequeño pero muy turístico. Vengo lanzado con el plato grande, pero la carretera se inclina bastante. Un cartel del 10% avisa de la pendiente de esta larga recta. Pongo el 39x21 y el cuenta kms que hasta ahora había ido siempre a más de 17 comienza a bajar, 13, 14 por hora. Los siguientes 10 kms se estabilizan entorno a un 6-7%. Yo sigo con mi 39x21, el paisaje ya es de montaña. Los valles aparecen ya abajo y todavía me falta un buen trecho. Llevo 25 kms de subida, hace calor, estoy bebiendo bastante y aprovecho un falso llano para comerme un plátano. Me quedan los últimos 10 kms de ascensión. Los más espectaculares, pero también los más duros. Aquí las pendientes son entre el 8-10%. Paso al 39x23 y a falta de 4 kms y para mantener una cadencia alta al 39x25. Ahora gano altura con facilidad y las vistas son espectaculares. Voy con el culotte de Euskadi y me adelanta un coche de Madrid y me animan. No está mal. Veo a unos cuantos cicloturistas en las últimas rampas. Van clavadetes, el calor, la longitud y pendiente hacen mella. Les saludo a todos con un «Ciau» o mi clásico «epa» al adelantarles. Me devuelven el saludo. Me queda muy poco. Ya veo por donde está el Passo. Un último esfuerzo y ya estoy. Tras 2 horas y 7 minutos y 37 kms recorridos llego a la cima que está a 2.473 m de altitud. En ella se encuentra la frontera entre Italia y Suiza. Hay un lago precioso en la cima. Bastante gente sacando fotos. Durante la subida ha habido tráfico, pero no ha sido nada agobiante. Hace calor y se está bien de corto. Hay paso fronterizo y la policía Suiza está ahí arriba. Les pido permiso para pasar y echar un vistacillo desde el lado Suizo. Me permiten pasar. Me doy una vueltecilla. El paisaje es alucinante, ¿qué altura tendrán los montes que están frente a mi? Pasan de 3.000 m seguro, porque yo estoy a casi 2.500. Me compro unas postalillas y un peluche de un San Bernardo de recuerdo. Al bar a por una Coca Cola y un zumo que sin duda me lo he ganado. Me siento en la terraza y disfruto del momento a tope. Miro el reloj y son casi las 12.30 habrá que pensar en bajar. Me acuerdo de la tropa de Badminton y de los de Cádiz. Ahí andarán, unos entrenando duro y los otros despertando. Último trago a su salud . Saco unas fotos y tengo pensado sacar más en la bajada. Me pongo el chubasquero y para abajo. Tengo 37 kms de bajada, pronunciada al principio y de dar pedales después. Mientras bajo, paro en algunos sitios que he visto durante la subida para sacar unas fotos. Subir ha sido increíble, gozando de las vistas, pero la bajada es otra delicia. En las zonas de poca pendiente meto todo el desarrollo de que dispongo 52x13 y a dar pedales como un loco. Ya estoy llegando a Aosta, y ahora ¿dónde carajo he dejado el coche? Empizo a buscar referencias, me salto un cruce y tengo que dar marcha atrás. Después de un ratito (no mucho, no penséis mal, veo la pastelería donde he llenado los bidones de agua) Je, je el coche está cerca. Por fin llego a él. Miro el cuentakilómetros, 76 kms en 3 horas y 7 minutos.

Me cambio con calma. Son más de las 2 de la tarde. Tengo mucha hambre. A buscar restaurante. Me lo tomo con calma y me doy cuenta de algo. Aquí está todo cerrado. A las 12 pliegan y se van a comer y vuelven a las 3. Voy a un par de restaurantes pero ya están recogiendo. ¿Pero qué pronto comen aquí? Me aguanto el hambre y me tomo un par de cervezas y un sandwich de jamón y queso en una pastelería. Entre el calor que hace, casi 40 grados, lo poco que he comido y el esfuerzo que he hecho, se me suben las dos cervezas a la cabeza en un abrir y cerra de ojos. Así que me voy al coche a echar unas siestecilla hasta que sean las 15.30 y Aosta vuelva a la normalidad: gasolineras y comercios abiertos, porque todo está CHIUSO (cerrado).

Después de un descansito comenzamos a buscar hielo. Voy a tres, cuatro, cinco, gasolineras y no venden hielo en bolsas. Por cierto hielo es «ghiaccio» pero consigo hacerme entender. Parece que la única manera de conseguir hielo va a ser ir a un bar con una bolsa y pedirle que me la llene de hielo. Eso hago. Qué remedio. La segunda tarea era conseguir un adaptador para los aparatos eléctricos. En Italia los enchufes tienen 3 entradas y en España 2. Hay que encontrar un adaptador como sea o no podré recargar el móvil y se de uno en Donostia que……Busco en un par de supermercados pero no hay suerte. En el último supermercado me dice una dependiente que vaya al Carrefour que es enorme y está a unos cinco minutos de Aosta. Pregunto para llegar allí. Después de dar alguna «vueltecita» de más, lo encuentro. Alla voy. Me topo con dos fieras increíbles. Que buena voluntad pero vaya par de «garrulos». Por gestos, en Inglés, en español, en Italiano, con ejemplos… pero no se enteran (de verdad que eran dos fieras… llaman al encargado y otro iluminado), les doy las gracias y me largo. Me monto en el coche de nuevo. Con las prisas se me ha olvidado comprar algo para comer. Veo un super pequeño, de los de andar por casa. Paro y compro pan, jamon york, queso, yogures, mucha bebida y unas galletas que más adelante me han sacado de algún apurillo y una bolsa de patatas, la cuál a día de hoy (finales de Agosto) todavía sigue en el maletero del Golf. Ya puestos le pregunto a la dependienta, por si acaso lo del adaptador y oye como un milagro, a la primera me trae uno inmediatamente. He estado en un Macro-Super con tres «genios» y no han sido capaces de entenderme pese a su buena voluntad y ésta en diez segundos me da el adaptador. Me tranquiliza saber que yo me explicaba bien y que los artistas eran ellos. Porque allí habría adaptadores de todas clases y colores. Ahora me queda saber dónde voy a dormir esta noche. Ayer creo que tomé la decisión correcta de no ir hasta Locana (punto de partida del Nivolet). Además mañana me esperan para cenar en el Lago de Garda la hermana de Luis y su marido y debo de andar holgado de tiempo. Así que busco sitio para dormir por aquí cerca y mañana por la mañana me encaminaré al Lago de Garda ya en el Trentino (corazón de los Dolomitas). Tendré un desplazamiento de cuatro o cinco horas, y ya que me esperan no haré el canelo y mañana no habrá bici.

Bueno a lo que nos ocupa. ¿Dónde voy a ir a pasar la noche? En el mismo Aosta o en alguna estación cercana. Desde Aosta arranca la estación de Ski de Pila. ¿De qué me suena tanto?, ahora caigo. Pila fue final de etapa en el primer Giro que ganó Indurain en 1.992 Ramontxu González Arrieta iba a ganar la etapa pero al final Bolts le cogió y le superó. También hay otra estación que la nombran mucho: Cogne. Me decido por ésta última. Vamos allá. Comienzo a subir. Tras más de 20 kms desde Aosta y una subida flojita llego a Cogne. Es muy bonito y muy turístico. Está a tope. Hay muchísima gente. Busco hotel. En los primeros no hay suerte. Pruebo en un tercero, y la de recepción (que por cierto está muy buena), me dice que está a la espera de confirmar una reserva a las 17.30. Si esa reserva no se lleva a cabo si tendría habitación. El hotel me gusta mucho, además tiene saunas y baños turcos y me apetece ir. Así que como son las 17.00 me dice que la llame en media hora. Me voy a dar una vueltecilla por el pueblo. Me gusta mucho el sitio. A las 17.30 vuelvo. Mala suerte la reserva ha sido confirmada y el hotel está a tope. Pero la chica se enrolla muy bien y me dice que espere, hace unas llamadas y me consigue una habitación en un Hotel en el mismo Cogne. Me indica cómo ir y que pregunte por el Sr. Garin, que me está esperando. Le doy las gracias y me voy al Hotel Stambecco. Allí está el Sr. Garin. Lo primero le digo que llevo una bici y si tiene sitio para ella. ¿Ciclista? Me dice, yo también ando en bici me dice. Por supuesto que hay sitio para la bici. La metemos en su garaje (con la manta of course). A la habitación. Son ya las 18.00. Me voy a merendar a la campa. Hay un montón de chavales jugando a fútbol, casi me dan un balonazo mientras estoy preparándome un macro-bocata de jamón tomate y queso. Le dan a la mujer que estaba cerca de mi. Doy buena cuenta del bocata, de los dos yogures y un plátano. Hace un día espléndido y aquí está todo el mundo tomando el sol, disfrutando de las impresionantes vistas. A las 19.00 voy al hotel. Ducha, limpieza de ropa y una siesta. Pongo el despertador porque con el cansancio que llevo me costaría despertarme. A las 21.00 salgo para cenar. Ha refrescado y cojo el jersey, pero la noche es preciosa.

Ceno en un restaurante y me pongo como «el kiko». (Pasta, Pizza, Birra grande y agua) Hoy tiramisú de postre. A las 22.15 me doy una vuelta por el pueblo. Hay bastante ambiente. A las 22.45 al hotel y en quince minutos en el sobre.

Día 4: Sábado 26/07/2003 Cogne Gardone

Como todos los días diana a las 8.00 Me levanto con el estómago completamente vacío, algo que va a ser una tónica habitual durante todos estos días. El cuerpo ha cogido todo lo que le he metido. Buffet para desayunar. Doy buena cuenta de él. A las 9.10 estoy saliendo de Cogne. Tengo un buen traslado hoy. De Cogne a Aosta y luego ya cojo autopista hacia Torino. De Torino a Milan, luego Brescia, Bergamo y allí ya coger el desvío para subir al Lago de Garda. El viaje es largo, es Sábado y hay tráfico. Hace mucho calor, casi 40 grados. Dentro del coche y con el aire voy muy agusto. Me llama Txomin para preguntarme qué tal ando. La verdad es que me sorprende esta llamada, me dice que me cuide mucho. Le agradezco la llamada. Como algo suave en la autopista (un bocata vegetal y un dulce). Tomo el desvío al Lago. Cuesta llegar hasta Gardone. Es una carretera que bordea el lago y donde hay que ir muy despacio. Cuesta llegar, pero al fin y sobre las 14.30 llegamos. Ahí mismo y delante mio está el Gran Hotel. ¡Menudo hotelazo! Y yo con estas pintas. He venido aquí porque la hermana de Luis está casada con el dueño de este hotel. Luis me animo a que me pasara por aquí y conociese la zona. Llego y pregunto por Federico Papinni. Me ponen con Elena que es la hermana de Luis y la mujer de Federico. Estoy cansado del viaje por el tremendo calor y quedo con Elena a las 19.30 Me llevan a una habitación magnífica, las vistas dan desde el 3er piso al lago. Vamos, casi me puedo tirar de cabeza a él. Hay mucha gente dando vueltas por el lago en motoras, barcos. Me ducho y me pongo a ver la Crono final del Tour. ¡Forza Ullrich!!! Pongo la Eurosport, la primera imagen que veo es suelo mojado y mucha lluvia. Luego veo las diferencias y me digo, muy jodido quitarle 1'07" al americano. Las diferencias entre los primeros son pequeñas. Llega la crono y Ullrich va como una moto, le lleva 10" pero está arriesgando mucho. Cada vez se la juega más y… pasa lo que tenía que pasar… castañazo. El 5º de Armstrong. Siestecilla. A las 18.30 suena la puerta de la habitación, yo flipao. ¿Quién será? Viene un camarero con una bandeja de fruta enorme y una tarjeta. Me las envía Federico. Qué detalle. Como un montón de fruta, además tenía hambre, ducha y a las 19.30 bajo a recepción. Conozco personalmente a Elena y Federico.

Qué comentaros de esa noche, nos pegamos una cena tremenda en el hotel. Yo estaba hasta asustado, rodeado de camareros. Estuvimos hablando de todo y lo pasé muy bien. Muy majos los dos. Federico y yo al final le dimos al vino blanco, cerveza, grappa. Me acosté a la una, medio bolinga, pero muy agusto. Estaba un poco asustado. No sabía muy bien cómo iba a transcurrir esta noche, pero al final lo he pasado estupendamente, me alegro de haber venido. Me despido de ellos ya que mañana salgo pronto y quedo en que nos veremos en Donostia cuando vengan en Noviembre, que es cuando Federico tiene vacaciones.

Día 5: Domingo 27/07/2003 Gardonne Levico Terme

A las 8.00 diana. Me levanto perfectamente. He dormido de un tirón. Me ducho, me visto y a desayunar. El buffet del desayuno es algo espectacular. Desayuno en la terraza junto al lago. Voy a pagar y me dicen que está todo OK. Encima me han invitado a todo. Otro detalle más. Esto habrá que compensarlo de algún modo.

Salgo en dirección a Torri para coger el Ferry que me lleve al otro lado del lago y así evitarme bordear el lago y perder más de una hora. Tengo el Ferry a las 9.00. Debo de llegar a Brenzone para subir un reto tremendo: Punta Veleno. Los puertos de los días anteriores han sido largos (más de 30 kms) pero con pendientes máximas del 10-11%. El de hoy es todo lo contrario. Son 10,4 kms y una media del 10,5%. Pero tiene 6 kms centrales en que la pendiente no baja del 14%. Kilómetros enteros a más del 16%. Buen test de cara al Zoncolan.

A las 9.25 el Ferry me deja en el otro lado. Voy pasando pueblitos, todos ellos a pie del lago. La gente está bañándose y tomando el sol desde muy temprano. ¡Están locos pienso! Bueno lo retiro rápidamente, porque si supieran a donde me dirijo yo… Llego a Brenzone. Aparco el coche en la misma carretera, hay un hilera de coches tremenda. Me cambio y pregunto en un camping próximo dónde está el puerto (perfil del puerto en mano). ¿Prada? Me hace un gesto diciéndome que el desvío es ahí mismo y que es muy empinado. Me repite que es muy duro. Caliento un rato, yéndome hacia abajo por la carretera que bordea el lago. Enseguida comienzo a subir. La primera rampa es tremenda. Bien, pienso, esto promete. Yo ya voy con el tercer plato 30x21. Luego hay unos kilómetros más suaves. De nuevo la carretera se empina, hay rampas muy duras 17, 18%, pero son cortas. Vuelve a bajar la pendiente a un 11% aprox y así durante un par de kilómetros. Voy subiendo y me digo a mi mismo. Qué raro, esto es muy duro, pero no concuerda con las tremendas paredes y rampas que yo tengo en el perfil. Esto es un 11% aprox y el perfil me dice que debería haber un 16%. Esto huele mal. O el perfil no vale ni pa tomar por saco, o me he metido en otro lado. Pero los carteles bien clarito indican Prada Alta. Llevo 8 kms de ascensión, así que en teoría tendría que haber subido ya cuatro kilómetros infernales. Lo subido es muy duro, pero no tanto. Al acabar el kilómetro ocho, hay una bajada y digo: esto no es Punta Veleno o por lo menos por el lado que yo quiero subir. Sigo subiendo un rato pero un tanto desmoralizado. Seguro que me he confundido. La pendiente ha vuelto a bajar, voy casi a 17 por hora. Veo a dos cicloturistas que tienen muy buena pinta. Los paro y les enseño el perfil. Les pregunto si este es el puerto. Miran el perfil y se sonríen. Me preguntan qué desarrollo llevo. Les digo que hasta 30x25. Me miran y hasta me toca uno las piernas y me dice que me prepare. Resulta que por donde yo quiero subir es por Assenza de Brenzone y yo he subido por Brenzone (¡Joder! Yo no sabía que hubiese dos). Los dos llegan hasta Prada, pero por Assenza debo bajar un rato para llegar a Prada. Si que empezamos bien. ¿Cómo llego a Assenza? - pregunto. Bajar y seguir recto la carretera del Lago, pasaré dos pueblos y llegaré a Assenza di Brenzone. Gracias. Dicho y hecho. Llego al coche. Monto a toda velocidad y me dirijo a Assenza. Son ya las 12, he hecho casi 35 kms, y me he subido un puertazo (Prada), pero que no debe ser nada con la vertiente a la que me dirijo. Hace mucho calor. Estamos ya a más de 32º. Aparco el coche. Vuelvo a coger el perfil. Assenza, tras ello, debo pasar por Somavilla y luego Castelo (eso en dos kilómetros), luego comienza lo duro. Como algo para recuperar, lleno los bidones y empiezo a subir. Según el plano los primeros 500 m son al 13%, cierto, esta recta es muy dura. Luego tengo 1,5 kms suaves y paso Somavilla Pozo y llego a Castelo. Ahí tengo un desvío a mano izquierda. Pregunto por si acaso en un bar (perfil en mano), se vuelven a sonreir y me confirman que es por ahí, y que es una locura hacerlo en bici. Tomo el desvío. La pendiente inmediatamente sube a un 17%, meto el 30x21x23, Son rectas largas, al final hay una curva de herradura y luego otra recta.

En las curvas puedes coger algo de aire, pero las rectas son con pendientes que van desde el 18-22%. Prada Alta era un paseo al lado de esto. El cuenta marca 7 por hora. Así el primer km, el segundo es igual, el tercero también, el cuenta ha bajado a 6 y a ratos hasta 5!!!!!!!!! (jamás he subido nada igual) En el Mortirolo o Angliru nunca vi 5 por hora. En el Mortirolo no bajé de 7,5 por hora y aquí voy a 6. Con todo metido, el 30x25.


Llevamos 2 kilómetros desde Punta Veleno, y tras pasar
Castello tomamos este desvío dirección Prada

El puerto es un ¡infierno!!! Una pared, me abro completamente en las curvas para coger aire. No hay ni un alma. Voy como puedo. Km 6 de subida, 4 de los duros. En una rampa infernal tengo que hacer hasta alguna «S» Hay un par de coches en una curva y unos alemanes han reventado el motor (sale humo del coche). El asfalto es penoso, para complicarlo más. Los kms. pasan muy despacio, ¡no avanzo!!! Qué horror. Lo estoy pasando muy mal, se me ha acabado el agua y hace mucho calor. Voy muy justo. Cómo esto siga así no voy a poder. Km 7 (5 de lo duro), ¿cuándo se acabará esto? Voy totalmente entregado, a 5-6 a la hora. Subo por cojones, ya casi no puedo más. En un momento no puedo mantener la línea recta y me salgo de este pésimo asfalto, me voy a la hierba. Me voy a caer, saco el pie y aguanto el equilibrio. Respiro 5 seg y arranco con una rabia tremenda. La rabia me dura 35 segundos, la cuesta vuelve a ponerme otra vez a 5 a la hora, ¡vaya asfalto más penoso! Sigo. No se ni lo que me queda, miro el cuenta, como esto siga así, yo me paro. Km 8, 6 de lo duro. Tiene que ser el último, me aferro a esa idea. Voy contando casi los metros, los veo pasar lentamente por el cuenta kilómetros. ¡Por fin!!! En el km. 7,8 hay un respiro. La pendiente baja súbitamente de un 15% a un 4%. ¡Qué alivio! Ya estoy en la parte final. Están haciendo una barbacoa aquí arriba un montón de jóvenes. Les pido agua. Me dan una botella de 2 litros, les dejo flipados porque de un trago me bebo casi medio litro y luego lleno el botellín. Me preguntan si he subido y les digo que sí. ¡Bravo!!! Hablo un rato con ellos y sigo. Voy a bajar por la otra vertiente. No bajo ni loco con ese asfalto y esas pendientes por donde he subido. Así que bordeo todo Prada. Es mucho más grande de lo que pensaba, hay campas y mucha gente haciendo barbacoas y turismo. Compró algo para comer en un supermercado. Son ya las 14.30 Sobre todo bebo (agua, coca cola, vamos de todo)


Esta foto presenta Punta Veleno con toda su dureza

Punta Veleno ha sido la subida más dura de mi vida. A posteriori diré que el calor, el pésimo asfalto y el haber subido antes Prada Alta han contribuido a ello. Veremos qué ocurre con el Zoncolan.

Bajo por donde he subido antes Prada, me pierdo porque hay un montón de carreteras. Me encuentro con varios cicloturistas los paro y me indican el camino correcto. Menos mal, porque estaba bajando en dirección contraria a la que debo tomar. Por fin tomo la buena y bajo Prada Alta. Llego a Brenzonne. Ahora a llanear unos 12 kms y con 38º. Las piernas me responden bien y enseguida llego al coche. Son las 15.30. 70 kms y sólo tenía pensado hacer 20 hoy. Me pongo el bañador y me pego un chapuzón en el lago. Me quedaría aquí media hora, pero tengo que moverme.

Monto el coche y salgo hacia arriba, dirección Trento. Tardo mucho en pasar la zona del lago. Hoy es Domingo y está a tope, más si cabe con estos calores. Hay muchísima gente y acabo del laguito un poco hasta las pelotas. Llego a Trento, de ahí me dirijo ya hacia las Dolomitas, aunque hasta dentro de dos días no llegaré al corazón de los mismos. De todos modos ya se divisan las montañas. A las 17.30 me paro en un McDonalds y meriendo un menú rápido pues tengo bastante hambre. No tengo ni idea de donde voy a dormir. Voy dirección Borgo (punto de partida del Manghen). Antes de llegar veo un pueblo que promete, Levico Terme. Me desvío, busco hotel y allí me alojo. Es un pueblo muy bonito.

Son casi las 19.00. Me ducho, momentazo, lavo la ropa y completamente destrozado me tumbo en la cama. Sino es por el despertador creo que hoy me quedaba frito, vamos no me levantaba ni el hambre. Salgo a cenar, hace un calor axfisiante (esto es bochorno). Doy buena cuenta de la cena. Hoy es Domingo y Levico está a tope. Un pequeño paseo por el pueblo y regreso al hotel. Otra ducha y va la tercera del día, pero es que con estos calores… en cinco minutos frito. Hoy no tengo ni ganas de leer ni de ver la tele. A eso de las 23.45 me despierta un tormenta increíble. Tenía la ventana a medio cerrar y el viento me la abre de par en par. La ropa que se estaba secando en el balcón, está empapada y para colmo me ha volado un maillot. El de Mapei de campeón del Mundo. La tormenta es fortísima, asusta y todo. Hacía tiempo que no veía caer agua con tanta violencia. Cierro bien las ventanas, recojo la ropa rápidamente y vuelta a la cama.


Aquí me di un refrescante chapuzón en el Lago de Garda
(fue absolutamente necesario)


Los números no engañan; Punta Veleno es durísimo

Día 6: Lunes 28/07/2003 Levico Terme

Los efectos de la tormenta han sido tremendos. Todo el balcón está lleno de hojas y ramas (algunas grandes arracandas de cuajo). Sino me llego a dar prisa pierdo las zapatillas, los dos maillots, los culotes, hasta la ropa de calle y las zapatillas de la bici, tan necesarias. Sin ellas no puedo andar y hubiese tenido que comprarme otras. Afortunadamente eso no pasó y sólo he perdido el maillot de campeón del Mundo. Lástima porque era uno de mis preferidos. (El de Mapei de tiempos de Freire), ya no lo fabrican, ahora lo hace otra casa y es distinto. Qué le vamos a hacer.

Me levanto como de costumbre a las 8.00. Desayuno fuerte. El buffet es más limitado, pero suficiente para lo que yo necesito. Subimos al coche y andando a Possagno. Tenemos unos 70 kms. Hoy es el único día que tenemos un desplazamiento en «balde», para volver por el mismo sitio. La razón no es otra que Bocca di Forca. Otro reto puro y duro. No es de gran interés por sus vistas, es un Reto. Yo contra la cuesta. Son 9,9 kms de subida al 11,5% de pendiente media. Nunca he subido algo tan largo con semejante media. Tiene más media que Punta Veleno, pero no parece tener un tramo central tan terrible. Al menos eso dice la altimetría. A las 10.50 llego a Possagno. Es una zona pobre. Tanto Possagno como los pueblos que he ido atravesando (con excepción de Bassano), son de muy poco interés y pocas cosas se pueden hacer por aquí. Menos si cabe un día como hoy, con un calor axfisiante. El pueblo está vacío. No hay casi nadie en sus calles. Unos chavales andan dando vueltas, están bastante aburridos. Pregunto en un comercio por Bocca di Forca. Me dicen que el desvío está a 500 metros, por donde he venido. Debo seguir un letrero que dice «La Malghe» (tal y como explicaba la altimetría). Esta vez no la vamos a liar como ayer. Son más de las 11 y hace ya mucho calor. Según el coche estamos a 33 grados. Uff, ya te estás acojonando… La verdad y visto como lo pasé ayer, es que estoy un poco nerviosillo. No puedo esperar hasta la noche a que enfríe. Hay que atacar el monte ya. Con o sin calor.


Perfil del puertecito de marras

Aunque marque el coche 33 grados, no he venido desde tan lejos para rajarme ahora. Además me temo que a esta zona no vuelvo. Carece de todo tipo de interés, es un paisaje donde el verdor ha desaparecido por un color amarillo en el paisaje y mucho polvo en las calles. Sin duda está región es mucho más árida. Me recuerda un poco al sur de España. Si estamos aquí, es porque esta subida está catalogada entre las 4 más duras de Italia. Por detrás del Zoncolan, Punta Veleno y Prato Maslino (que no se dónde cae). Cambiate y «a por ellos oe, a por ellos oe» (como cantaríamos en Anoeta). A las 11.15 estoy sobre la bici. Caliento un poco, bastante menos de lo que debería, pero es que estoy impaciente. ¡Quiero empezar ya!

Tomamos el desvío, inmediatamente una rampa del 10-11% me da la bienvenida. Pongo el 39x25 y con un suave balanceo la paso sin problemas. El siguiente kilómetro, pasando entre un pueblucho, es muy suave. Hasta hay una bajada y todo. Y la media del puerto es 11,5%. ¡Ay!, la que me espera. Dejamos el pueblo y entramos en un densísimo bosque. Al menos me protege del tremendo sol. Hace calor, pero dentro del bosque es más soportable. El suelo está mal, algo mejor que ayer pero mal. De todos modos se puede ir en bici de carreras. Esa excusa no te va a salvar… Llevo 1,7 kms y delante mio aparece una rampa de cuidado. Meto el tercer plato 30x21. Todavía llevo 2 piñones guardados: el 23 y el 25, que lo había traído para urgencias y ayer lo tuve que llevar todo el rato. Para que os hagáis una idea, el Angliru en sus tramos más duros me obligó a un 39x30 que es equivalente a un 30x23. Ayer tuve que subir con 30x25.

                       

Proseguimos. La rampa es muy dura. 17 o 18% más o menos. El cuentakilómetros se estabiliza en 7 por hora. Sigo subiendo, esto es muy duro y meto el 30x23. Me recuerda mucho al Mortirolo por lo cerrado del bosque y sus tremendas paredes. Éstas son peores. Según el plano lo más duro está aún por llegar, en el kilómetro cinco. Me voy aproximando. Las rampas son terribles pero luego vienen descansillos, donde la pendiente baja a un 11-12% y claro después de un 18%, lo agradeces. Llego al quinto kilómetro. Ante mi aparece un muro impresionante. Empiezo con el 30x23, uff, demasiado dura, tengo que meter de nuevo el 30x25. Miro el cuenta y voy a 6. Sigo subiendo, el calor aprieta y la rampa no cede. Llevo 300 m y voy a ¡5 a la hora!!!! Estoy sufriendo terriblemente, como en la Cueña les Cabres, la rampa me ha puesto al límite. Se me ha disparado «la patata» Un esfuerzo más y tras 400 interminables metros, la pendiente baja a un 10%. Aquí casi voy de paseo. ¡Ha sido durísimo! Una rampa peor que las de ayer, aunque el tramo central es más suve que los tramos centrales de ayer. Estoy en el km 6,7 de la subida y el tramo del bosque está llegando a su fin. Me quedan 3 kms de subida a una media del 11,5 según el plano, pero ya no hay rampas envenenadas como las del bosque. Ahora aparece otro enemigo; el tremendo calor. Al abandonar el bosque ya no hay árboles que me protejan. El sol me pega de lleno. La vista es mucho más panorámica. Es un zig-zag empinado (12-13% pero constante). Animo Rubén no te rindas que estás casi arriba. Veo el pueblo allá abajo. Es increíble que en tan sólo 7 kms haya podido subir un desnivel tan grande. Voy con el 30x23x21, jugando con los dos. Me echo la poco agua que me queda por la cabeza a modo de ducha. Un último esfuerzo y ya está. ¡Lo he subido! Jajaja. Tiempo de subida: 1 hora y 3 minutos. 10 kms de subida.

Posiblemente la segunda ascensión más dura que he hecho. ¿Más dura que el Angliru? Quizás el mal firme y el calor la hayan hecho más dura que el coloso Asturiano. Esa rampa del kilómetro cinco, no desmerece nada a la Cueña les Cabres. El primer lugar está reservado a Punta Veleno. Veremos qué dice el Zoncolan por Ovaro el próximo Domingo.

                       

Saco un par de fotos y bajo con sumo cuidado. En el tramo del bosque me detengo ante esa rampa que casi me hace poner pie a tierra y saco otra fotito. Al llegar al coche la temperatura ha subido, estamos ya a casi 40 grados. Todo está cerrado y ahora no hay ni un alma en la calle. Salgo de aquí disparado. Estoy seco y tengo hambre. Pero en toda esta zona (paso tres o cuatro pueblos), no hay restaurantes. Hay bares, pero no restaurantes. Entro a un bar y me bebo dos cervezas de trago. Llego a Bassano Grappa. Estoy muy cansado. La subida y el calor han hecho mella. Pongo el aire a tope y me voy a los asientos de atrás. Siesta de 45'. Son las 15.30 cuando me despierto. Me compro un bocata, un dulce y una bebida. Lo devoro. Ya estoy mejor. Cojo el coche y subo por otra vertiente el Monte Grappa. Son 15 kms de subida dura (7-9%). No es ninguna broma. Luego hay otros 15 kms de «subes y bajas», por una zona de campas. Es parecido a la zona que hay en Iraty una vez que coronas Arthaburu. Ni ganas ni pierdes altura. El paisaje es muy bonito. Empiezo a intuir a dónde se puede ir por este tramo. Seguro que a Bocca di Forca. Así es, tras bordear toda la montaña, aparecemos en la terrible subida de esta mañana. Bajamos por el atajo, jeje. Así, con la satisfación del objetivo cumplido y de haber conocido nuevos lugares tomo rumbo al hotel en Levico Terme. Llego a las 18.15. Lavo la ropa, la tiendo, me ducho y descanso un rato. ¿Escribo el diario? Uff, mejor otro día. Como os podéis imaginar el diario lo he ido escribiendo cuando he tenido ganas y fuerzas. Por ejemplo esto del día 28, lo estoy escribiendo el 30. Los datos están todavía frescos y no se me olvidan los detalles.

Prosigo. Una pequeña siesta. Luego bajo al pueblo y compro embutido y bebidas para la comida de mañana. De vuelta al hotel inspecciono bien la zona del jardín que da a mi balcón con la excasa esperanza de ver por ahí tirado mi Maillot. No hay suerte.

A las 21.10 yo y mi compañero habitual en las cenas, mi libro, nos vamos a cenar.

Cena muy fuerte. Pasta y Pizza. La mujer del restaurante me pregunta si estoy seguro. Dice que es mucho. Le contesto que no se preocupe, que sirva. Asombrada se retira. No le faltaba razón, menudo platazo de pasta que me acaba de sacar, no como los de allí, que son platitos, y además la Pizza es grande. Lo que la camarera desconocía era el «jai» que traía un servidor que sólo ha comido un triste bocata y merendado un par de yogures y un plátano. Limpio ambos platos y pido postre. Con dos coj…. La camarera hasta me aplaude. Si yo te contara la que me espera mañana.

Mientras me sirvo, leo ávidamente el libro. Está muy interesante y es muy recomendable. Vueltecita por el pueblo. Hay mucha menos gente que ayer Domingo. Regreso al hotel, veo un poco la tele, leo otras 10 páginas del libro y frito.

PD. «He retirado toda la ropa del balcón. Está colgando de la ducha. No sea que pase lo de ayer y se vaya otro maillot al carajo…»

Día 7: Martes 29/07/2003 Levico Terme- Canazei

Hoy madrugo un pelín más que otros días. A las 7.45 arriba, que hay muchas cosas que hacer. Me levanto de nuevo con el estómago completamente vacío. Cada mañana igual. Está claro que todo lo que le meto lo coge. Otro desayuno fuerte (tres vasos de zumo, tres bollos de pan con mermelada y mantequilla, yogurt y dos tazones de café con leche). Pago el hotel. Albergo Sandro. Las dos noches 70 Euros, con desayuno incluído. Buen precio. Mientras estoy cargando el coche con la bici, una señora del hotel se me acerca y me empieza a hablar de una «maglia». A ver si va a ser el maillot que el viento se llevó (como la peli, jeje). Así es, la sigo y me dice que la encontró por ahí tirada y que la tendió para que se secara. Le doy las gracias. He tenido mucha suerte. La pongo en mi tenderente particular, lo que tapa el maletaro. La de ropa que he ido dejando ahí durante el viaje y que se me ha ido secando. Si lo viera la ama… jejeje.

Hoy estoy muy contento. Voy a llegar al corazón de las Dolomitas. Canazei. Punto de partida de los famosos Passos Pordoi, Sella o Fedaia (Marmolada). Esto me alegra el día, que por cierto ha salido nublado y con ameneza de lluvia. He estado ya dos veces anteriormente y me encanta. Canazei está situado a 1.465 m. de altitud. Es un pueblo de montaña precioso y muy turístico. Estará a tope. Además voy a pasar ahí cuatro noches. Ya tengo el Hotel reservado desde Donostia. Junto a Cortina d'Ampezzo mi lugar preferido de los Dolomitas.

De Levico me encamino a Borgo. Punto de partida del primero de los dos puertos que toca subir hoy. El Passo Manghen. Un monstruo por esta vertiente. 23 kms de subida y casi 1700 metros de desnivel. Los últimos seis kilómetros son muy duros, con una media del 10%. Estoy ansioso por subirlo. A las 10.15 comenzamos la escalada. De entrada la pendiente se estabiliza entre un 6-8% durante estos primeros cinco kilómetros, mientras voy dejando Borgo cada vez más abajo. Voy jugando con el 39x17x19x21. Tras pasar el quinto kilómetro, me adentro en un bosque. El paisaje es impresionante. El séptimo kilómetro es muy duro y me obliga a meter el 39x25. Los tres siguientes aflojan de nuevo, y los paso con el 39x19x21. Hace fresquito, pero sin hacer frío. Una temperatura ideal para subir. Estoy disfrutando muchísimo subiendo este puerto. Las piernas me van de maravilla, estoy embobado mirando a todos los lados. A ratos sólo escucho el sonido del agua que baja por el río que tengo a mano derecha.


Espectaculares vistas que ofrece el Manghen
cuando llevamos 7 Km de subida

Sigo subiendo. El tráfico es muy escaso, la gente no conoce esta maravilla. Veo albergues de montaña. En el km 15, la pendiente se vuelve exagerada por momentos, 15%. Vuelvo al 39x25 mientras paso junto a otro albergue. Hay muchos chicos y chicas que están ahí de campamento, me animan como si esto fuese el Giro. Les saludo y sigo a lo mio. Voy sobrao, después de lo de ayer y antesdeayer las piernas van muy bien. Los dos siguientes kilómetros han sido más suaves, pero a partir del kilómetro 17, la pendiente sube a un 9-11% y así hasta arriba.

Sigo ascendiendo adentrado en un preciso bosque. Subiendo en un zig-zag espectacular. Mira que he subido puertos, pero la dureza y belleza de este Manghen me han cautivado. 

<-Últimos 500 m del puerto (Manghen) / Cima-> 

Apesar del esfuerzo, muy importante, voy ahora a falta de dos kilómetros con un 30x21, estoy disfrutando cada pedalada, cada instante. A falta de 500 metros, me adelantan 3 coches, me animan y me aplauden. Un poco más y ya estoy arriba en la cima. Converso durante un rato en la cima con los chavales y sus padres. Me hacen un montón de preguntas. Me saco unas fotos y acabo el primer carrete. Luego contaré la que monté con este primer carrete. He subido los 23,2 kms en 1 hora 40'. No está mal. Chubasquero y a bajar. Disfruto mucho en la bajada, de todos modos bajo tranquilo, ya que la carretera es estrecha y en cualquier momento podría aparecer un coche. Llego de nuevo a Borgo, me cambio y vuelvo a subir el puerto (pero esta vez en coche). Es que tengo que pasar al otro valle. En la cima del puerto doy buena cuenta de las provisiones. Hace fresquito, estamos a más de 2000 metros. Pero se está de maravilla. Siesta de cuarenta minutos en los asientos de atrás del coche mientras escucho, como no, a los Dire Straits.

Tras este descanso me encamino a Tesero. Punto de partida de Alpe di Pampeago. Bajo el Manghen por la otra vertiente. Llego a Tesero a las 15.30. Aparco el coche. Mientras me cambio observo que luce un sol radiante. Comenzamos la corta pero durísima ascensión. Son 8 kms de subida y una media de casi el 10%. Los primeros cuatro kilómetros son bastante más suaves con pendientes entre 7-9%. Los subo cómodamente con el 39x23 y el 25 en algún momento puntual. La carretera es ancha y está perfectamente asfaltada. No en vano esta subida sube a una estación de Ski y además ha sido final de etapa en el Giro este mismo año. El paisaje es muy bonito. Al concluir el cuarto kilómetro, me desvío a la derecha. La pendiente sube muchísimo. Se estabiliza enntorno a un 12-15%. Son largas rectas, la carretera sigue siendo ancha y está en perfectas condiciones. Paso al tercer plato, 30x21. La velocidad baja a 9 por hora, a ratos a 8. Voy bien, llevo la «patata»controlada. Las piernas van sudando y a pesar de que para subir esta cuesta hay que hacer un tremendo esfuerzo, estoy disfrutando. Psicológicamente es un puerto muy duro, es como la Marmolada por sus interminables rectas y por sus tremendas pendientes. Trato de distraerme pensando en cosas. Voy leyendo las pintadas de la carretera. Hay un montón. Me concentro en el río que tengo a mi derecha y en el sonido del agua que baja. Miro el manillar y mis manos centradas en él. Veo la pulsera que me regalo Jone. Me acuerdo de ella, y de las broncas que me echa. Jejeje. Sobre todo cuando falla algún golpe y pongo alguna cara rara. Si en ese momento mira: «la hemos hecho» A pesar del sufrimiento que llevo sonrio. «La peque» todavía no me ha visto sufrir así, pero es un sufrimiento muy grato, porque se seguro que llego. Hasta si me apuras podría ir más rápido, pero entonces dispararía el corazón y comenzaría a jadear. Llego a los túneles. Me tiene que quedar muy poquito por lo que he visto de esta subida por televisión. La pendiente ha subido a un 15% como marcan los carteles y yo voy a 8 por hora con mi 30x23. Me entra la «vena juguetona» A tope. Empiezo a subir la cadencia con el mismo desarrollo. Disparo el corazón a tope, voy jadeando, casi gritando. Ahí está la estación de Ski. Subo hasta que se acaba la carretera. Hemos llegado. Uno más a la lista. Recupero fuerzas en un bar. Chubasquero y me lanzo abajo. Son largas rectas y el velocímetro se dispara, voy a más de 80 por hora, cuando me doy cuenta freno un poco. Si soltara frenos podríamos volar, con estas rectas y estas pendientes. Vamos que agarra el «Moro» esta bajada y pone la bici a 110 por hora. Tras un descenso rapidísimo llego de nuevo a Tesero. Allí paro en una tienda de fotos y le explico la que he montado con el carrete. He sacado y metido el rollo por lo menos tres veces. Me echa un cable y cambiamos el rollo. No se cómo lo he hecho, pero de ese primer rollo de 36, las primeras 14 fotos no han salido. No me preguntéis cómo.

Me cambio, como algo y rumbo a Canazei. Estoy a unos 25 kms. El tráfico es tremendo, se nota a dónde estoy llegando, al corazón de las Dolomitas. Vamos muchos coches en caravana, muy despacito. Llego a Moena a 10 kms de Canazei. No lo conocía y es alucinante, precioso. Tan grande como Canazei. Ya estamos a 1300 m de altitud. Veo muchos desvíos que voy a tener que coger en días sucesivos: San Pellegrino, Costalunga… A media tarde llego a Canazei. Está lleno de gente. A buscar el Hotel Croce Bianca. Está en la mitad del pueblo y es de 4 estrellas. Me lo reservó Federico. Alla voy. El hotel está de maravilla y situado en un lugar magnífico.

Como de costumbre y tras llegar al hotel hacemos la rutina diaria. Ducha, lavar ropa, escribir algo y una pequeña siesta. A las 21.15 salimos a cenar, mi libro y yo. Otra super cena en un restaurante muy bonito. Son muy majos y el camarero ha estado en Donostia. A las 22.30 me doy una vueltecita por el pueblo. Las tiendas están abiertas y aprovecho para comprar y escribir unas postales. A las 23.30 de vuelta al hotel. En el pueblo hay una banda tocando música y mucha gente en las calles. Pero yo me voy a la cama, estoy cansado.

Día8: Miércoles 30/07/2003 Canazei

Hoy dormimos un poco más. Hasta la 9.00. No hace falta coger el coche para la etapa de hoy. Es un recorrido circular con comienzo y final en Canazei.

Bajo a las 9.30 a desayunar (colazionne) en Italiano. El buffet del hotel es tremendo, tiene de todo. Me paso tres pueblos porque me meto un desayuno de campeonato. Me cambio y para las 10.30 estoy sobre la bici. La vuelta de hoy sale de Canazei y debo subir el Passo Sella, bajarlo, subir el Passo Gardena, bajar a Corvara Alta Badia y de ahí subiendo el Passo Campolongo llegar a Araba para finalmente a través del Passo Pordoi regresar a Canazei. Son 4 puertos en total. Un recorrido circular precioso. Lo más turístico de los Dolomitas. A buen seguro que hoy si habrá mucho tráfico y montones de ciclistas subiendo los puertos. Éstos son mucho más simples que los que hemos venido subiendo, así que la etapa de hoy, pese a los 4 puertos no es de las más duras. Estoy ansioso y comienzo ya. Pese haber estado 2 veces aquí, de estos 4 puertos sólo tengo subido el Pordoi (eso sí dos veces) y hoy lo subiré por tercera vez, pero por la vertiente de Araba (por la cuál todavía no lo he subido).


Vista aérea de los últimos kilómetros del Pordoi por Araba

Comenzamos, de salida tenemos ya el Passo Sella. El Pordoi por este lado y el Sella comparten los seis primeros kilómetros de subida. Luego en un cruce, a mano derecha vas al Pordoi (otros seis kms.) y a mano izquierda al Sella (cinco kms más). Hace un sol espléndido pero todavía no calienta. Son poco más de las 10.00 y claro a esta altitud todavía hace frío. Además mientras subo los primeros kms. del puerto, muy constantes (entorno a un 6%) me doy cuenta de que he cometido un gran error: No he hecho la digestión. He desayunado demasiado y tengo todo el desayuno en el estómago. El fresco que hace, pese al sol, no me deja entrar a sudar y voy «jodido». Parece mentira que cometa estas torpezas. Esto es de novato total, vamos de «cagaprisas» total diría yo. Voy con el estómago revuelto, no me deja respirar todo lo bien que quisiera y me está costando subir. ¡Qué cagada! Después de un desayuno así tenía que haber esperado al menos un hora y media, no 20 minutos. Ahora si que lo estoy lamentando. Subo algún piñón más de lo necesario y meto el 39x21 y el 23 para subir la cadencia y ver si las piernas me empiezan a sudar. Hasta que no rompa a sudar y mi organismo a trabajar no voy a ir a gusto. Llego al cruce y tomo el desvío para el Sella. El Sella es magnífico, pura roca. Es más duro que la segunda parte del Pordoi. La pendiente sube a un 8-9%. Sigo sin poder desarrollar todo mi potencial. ¡El estómago no me deja! Hay muchos cicloturistas subiendo el puerto. Muchos son de un mismo club. Serán unos 30 y van salteados. Los voy pasando y saludando. Tras 45' minutos corono el Sella. Tiene 11 kms y sube 800 m de desnivel. No lo he pasado nada cómodo, pero las vistas aquí merecen la pena. Hay mucha gente. Sigo sintiendo frío, ahora estoy a casi 2.300 metros. Comienzo la bajada, bebo un poco. No he comido nada, ni falta que me hace. Comienzo con el Passo Gardena que conecta con la bajada del Sella, no hay ni un metro de llano. Gardena es también espectacular. En la subida mi estómago va mejorando, todavía no voy del todo cómodo pero con el 39x21 lo subo sin agobios. Hay montones de ciclistas, hoy salen por todas partes. Paro en la cima del Passo Gardena, a 2.150 metros y converso un buen rato con algunos de ellos.

                       

Bajo a Corvara Alta Badia. Impresionante pueblo a 1500 metros de altitud, final de un etapón en el Giro de 1993 donde Indurain se vistió de rosa, para ganar su segundo giro, tras subir 5 puertos y 250 kms (en una etapa que subía puertos que vamos a hacer hoy). Comienzo acto seguido con el Campolongo, son sólo 4 kms. a un 7-8%, la subida es una sucesión de curvas de herradura, dejando Corvara cada vez más abajo. El calor que ahora se empieza a notar hace que las piernas empiecen a sudar, y por tanto el organismo empiece a trabajar adecuadamente. Ya iba siendo hora. Por mis prisas y nervios lo he pasado mal (inecesariamente) en los dos primeros puertos. Vamos a probarnos. Pongo el 39x21x19 y empiezo a ir a tope. Como si fuese una crono a Polipaso. Lo voy dando todo. El cuenta se dispara a 22 y a ratos hasta a 25 a la hora (aquí la pendiente) ha bajado algo. Paso a unos cicloturistas como un rayo. Sigo a tope hasta la cima. Uff, se ha sufrido pero he disfrutado. Rapidísimo descenso hasta Araba y sin un metro de llano comenzamos el Pordoi. Antes bebo una coca-cola bien fría. Comida no necesito, con el macro desayuno voy sobrado. El Pordoi por este lado es una sucesión de curvas de herradura. Treinta y tres en los últimos nueve kilómetros. Las van numerando de mayor a menor y marcan la altura en cada una de ellas. Hace bastante calor, casi todo el mundo está comiendo así que voy a tener una ascensión relativamente tranquila. Comienzo a subir. En toda la subida utilizo el 39x19x21 y a ratos el 23. La pendiente media de estos kilómetros es de 7%. Subo bien, sudando. Ya era hora. El error de esta mañana lo he hecho ya unas cuantas veces y seguro que no será la última. ¡Qué mendrugo soy! Finalmente llegamos a la cima del Pordoi a 2.239 metros. La tercera vez que lo subo y único puerto que voy a subir en este viaje que ya había subido anteriormente, (aunque eso si, por la vertiente que no había ascendido). Por este lado, quizás sea algo más dura, además es más panorámica y entretenida. De todas formas las dos vertientes del Pordoi son similares. Saco unas fotos en la cima y rápido descenso hasta Canazei. Vuelta al hotel. Comer algo ligero y a la siesta (esta vez sin despertador). Me levanto casi a las 18.00. Me he metido una siesta tremenda. Me ducho, lavo la ropa y me voy a pasear por el pueblo. Meriendo en un parque unos yogures y algo de fruta. Pregunto a unos señores por el juego de la pentanca. Tienen hasta un recinto específico habilitado para ello. Me explican, pero no me «empapo» mucho de cómo va la jugada. Les observo un rato. A las 20.00 regreso al hotel, escribo este diario y veo un poco la tele. Haciendo hambre para ir a cenar a las 21.30. Repito en el mismo restaurante de ayer, me trataron y me sirvieron muy bien. Otra cena potente, paseito. «Aquí si echas un poco de menos a alguien con quién charlar y comentar un poco tus impresiones» Durante el día ando de un lado para otro y cuando no estoy en la bici, o estoy comiendo, o durmiendo, o en el coche, o lavando ropa. No tengo tiempo para nada más. Pero ahora por la noche si que me gustaría estar arropado por mis amigos para echarme unas risas. Comentar la pájara que a buen seguro el Ondarru hubiera agarrado por no comer adecuadamente o las «eses» del Kulak en esa bici naranja donde el solo hecho de avanzar con ella, ya tiene mérito» (Que conste Kulak que esto no va encaminado a meter presión para que cambies de montura, bueno para que engañarnos. Si que es meter presión para verte con una máquina decente el próximo año en los Colosos Pirenaicos. ¿Quién sabe si algún día en Alpes o Dolomitas?)

                       

Vuelta al hotel, ver un poco la tele. Uff, es todavía peor que la española. Bastante peor. Todavía andan con el concurso de «uno para todas» ese donde están un montón de chicas buenorras en bikini, van votando, eliminando a los chicos y los echan a la piscina. En España lo presentaba el «amigo» Goyo González. A dormir. Mañana hay que seguir.

Día 9: Jueves 31/07/2003 - Canazei

Como todos los días el despertador suena a las 8.00, pero hoy apuro 30 minutos más en la cama. No es necesario madrugar tanto. Bajo a las 9.00 a desayunar. Doy buena cuenta del buffet, al nivel de ayer. Pero hoy toca desplazamiento, así que para cuando me monte en la bici, espero haber hecho la digestión de sobra.

A las 9.50 estoy listo para salir. Voy a arrancar el coche cuando me digo a mi mismo. Falta algo. Pero el qué. ¡Joe, la bici! Esto hubiese supuesto muchos puntos. Voy al cuartito donde la tengo guardada y ya con la bici arriba salgo de Canazei a las 9.55.

Hoy hace un día un tanto tristón. Está nublado. Tomamos dirección Moena, por donde vinimos el Martes. Antes de llegar a Moena, me desvío a la derecha en dirección al Passo Costalunga. Por esta vertiente es un puerto muy suave. Los pueblos están a casi 1.400 metros de altitud y la cima del Costalunga se encuentra a 1.752. Se sube en 10 kilómetros, así que como podéis ver es una tachuela. Cierto, es muy flojete. Hay mucho tráfico, pues éste es el puerto que lleva desde Bolzano a las Dolomitas. Desde Bolzano si es un señor puerto. 25 kms de subida y algo más de 1.000 metros de desnivel. No es muy duro en sus rampas, pero se hace largo. Lo pasé con Iñaki en coche en 1998, viniendo de Bolzano precisamente. Al coronar el Costalunga tengo un cruce para bajar a Bolzano o desviarme al Passo Nigra (primer objetivo del día).

El Passo Nigra es un puerto que subieron en el Giro de 1.991 y que un servidor se quedó con él por su dureza y por los carteles del 20% de pendiente que hay al atravesar un pueblo a mitad de la subida. Llaneo desde la cima del Costalunga durante 8 kilómetros y llego a la cima del Nigra, que está a 1.690 metros de altitud. Así es, están conectados. Es otra posibilidad que hay para bajar al valle. Aquí el tráfico es mucho más limitado, la gente no lo conoce. Todos están en el atasco del Costalunga y aquí estamos «cuatro gatos». Comienzo a bajar en coche lo que luego voy a tener que subir en bici. Tiene buena pinta, kilómetros duros pero no imposibles, al menos eso parece. Llego a un pueblo a ocho kilómetros de la cima y veo los carteles del 20%. La rampa parece de cuidado. Bajo un gran desnivel al atravesar el pueblo. Continuo el descenso. Ahora durante unos kms la pendiente baja mucho y voy casi llaneando. Los últimos kilómetros de descenso son también muy pronunciados. Llego al cruce donde comienza el puerto. Marca 22,5 kilómetros a la cima. Estoy a poco más de 300 metros de altura y debo subir hasta 1.690. Teniendo en cuenta el llano que hay, el desnivel medio es bastante fuerte. Tengo muy cerquita la autopista. El paisaje ha sido muy bonito en la mayor parte del puerto. Es diferente a los de ayer, pero también tiene su encanto. Me cambio y cojo el chubasquero. Arriba estábamos a 10 grados, aquí a 22. Son las 11.15 y ya estoy listo.

La primera parte de la subida es muy exigente. Los 5,5 primeros kilómetros se hacen duros por muchos motivos. Largas rectas con fuertes pendientes que me obligan a utilizar el 39x21x23 y en un momento el 25 y un paisaje mas bien feucho, mientras abandono la parte inicial y me adentro en la montaña. Esta recta que estoy subiendo en el km 3 tiene bastante más del 10%. Ya he hecho la digestión pero no termino de encontrarme a gusto. Hace fresco y las piernas no me sudan. No voy nada cómodo. ¿A ver si vamos a estar acusando el cansancio acumulado de los días? No lo se, pero espero que no. Mañana toca subir dos puertos, el Sábado tres y el domingo «el Kaiser», el gran objetivo, el Zoncolan. A lo mejor es que hay más cuesta de la que pensaba y por eso me cuesta caminar. El puerto la verdad es que arranca muy fuerte y mi calentamiento ha sido escaso. Bueno para que engañarnos, mi calentamiento ha sido nulo. Trato de pensar en todo esto mientras avanzo. Tras pasar el km 5,5 (viene marcado cada 500 metros), entro en una zona de falso llano con tendencia ligeramente descendente por espacio de otros 4,5 kms. Me viene bien para recuperarme del esfuerzo inicial. Te pones a pensar y ves que este comienzo de más de cinco kilómetros entre el 8-10% ya supondría un señor puerto en Donostia. La verdad es que aquí vas con otro «chip» completamente distinto. Tras pasar el km 10 la carretera vuelve a empinarse, pero no mucho. Hay también algún descansillo. Voy con el 39x19. En el km 12 llego al pueblo de Tires. Hay una rampa muy fuerte al comienzo del mismo. Fácilmente tendrá un 15%. Meto el 39x25, es muy corta y la subo sin dificultades. El sol ha salido timidamente entre las nubes. Me ha calentado las piernas y ahora voy mucho mejor que al comienzo. Las piernas van sudando y el cuerpo también. El cuerpo ha comenzado a trabajar, y noto que todo va muy bien. Las piernas, los pulmones y el corazón. Como cuando una máquina está perfectamente engrasada y todo se desliza y funciona correctamente. Pues ahora voy así. No siento para nada el agarrotamiento del comienzo y voy a un ritmo muy majo. Paso el pueblo de Tires y me aproximo a otro publecito de montaña. Pequeño y bonito en mitad de la subida: San Cipriano (km 14 de la subida). Al llegar veo los carteles del 20%. La carretera se empina mucho durante 500 metros. Un par de rectas y un par de curvas para atravesar el pueblo. Pongo el tercer plato, 30x21 y voy subiendo. En el cartel pondrá lo que quiera, pero aquí no hay 20% ni por asomo. Llevo ya muchos puertos y tengo el mejor altímetro del mundo (aunque no lleve ninguno conmigo), ¿o si? Este altímetro tan especial lo forman mis piernas, el desarrollo que llevo y la velocidad a la que voy. Ahora voy con el 30x21 y a 10-11 a la hora, no estoy sufriendo mucho. De todas formas soy prudente y no me confio, quizás a la salida del pueblo… Salgo y la pendiente desciende. Lo dicho, eso tendría un 14-15% a lo sumo.

Es muy duro, pero no ese 20% que anuncia la señal, seguro que para frenar los ímpetos de algún motorista o un «Carlos Sainz» que vengan por el puerto como «Pedro por su casa» y así no lien una gorda a su paso por el pueblo. Continuo con la ascensión. Quedan 7 kms, así lo dice una pintada en el suelo. Voy muy bien, de nuevo con el plato mediano y jugando con el 39x21x23. A falta de 6 kms la pendiente cambia bruscamente. Meto el 25, ¡uff! esta rampa es muy dura. Doblo una curva y sigue una larguísima recta. Hay una señal que advierte: peligro 14% y de esta señal si me fio. Al final de la recta hay una curva y si la pendiente no cede, meteré le 30x21. Llego a ella, doblo la curva y la pendiente sigue igual. Pues nada, tercer plato. Voy a 9 por hora, esto sí es duro. Pero enseguida baja la pendiente a un 6-8%. Meto el 39x21x23 y jugando con ellos subo los ultimos cinco kilómetros. Al final he subido muy agusto el puerto. 22,5 kms en 1 hora y 23' a 16,5 de media. Creo que está muy bien. Me tranquiliza ver que lo del comienzo era debido a que el cuerpo andaba frío y que no nos engañemos; había mucha cuesta. Fotito en la cima del puerto. No hay nadie así que le saco la foto al cartel y a bajar al coche. Me detengo en los carteles del 20% para sacarles una foto. Bajando los últimos kms, el velocímetro se dispara. Efectivamente: había mucha «aldapa» Me cambio con rapidez y vuelvo a subir el puerto con el coche. En la cima me detengo, como algo y descanso por espacio de 30 minutos. Estoy tranquilamente dormido cuando un tremendo aguacero me despierta. Voy a la cima del Costalunga. Allí está jarreando, pero lo que más me preocupa es que hace ocho grados fuera. La cabeza me dice, vuelve al hotel, pero yo quiero subir el puerto. Pero ponte a bajar 25 kms hasta Bolzano con este frío y este diluvio. Espero un rato a ver si amaina, pero nada. ¿Qué hago? Al final creo que la lógica se impone y no me la puedo jugar. El Costalunga me apetecía subirlo, pero no es el Manghen o el Gran San Bernardo. Allí subo aunque «jarree»

Regreso al hotel. Tengo cosas que hacer. Ducha, lavar ropa, siesta, escribir estas líneas y buscar hotel para la noche del Sábado en Cortina. Trato de buscar hotel pero la cosa está complicada. Tras hablar con 5 hoteles y consultar el mapa, desisto. Este año no habrá visita a Cortina. Además tampoco me interesa, pues me alejaría más del Kaiser.

A las 20.00 y tras acabar el diario, cojo el coche y subo a la Marmolada. Doy un paseo allá arriba a más de 2.000 m. por el lago. A las 21.30 de nuevo en Canazei. Ceno en el mismo restaurante de ayer. Hoy no ha habido postre, pero si un café con grappa. Doy una vueltecita por el pueblo. Hay campeonato de petanca. Les veo un rato. A las 23.00 al hotel, leo un poco el libro y enseguida me duermo.

Día 10: Jueves 1/08 /2003 - Canazei

Me levanto a las 8.30. Buen desayuno. Hago unas compras en el super para la comida de hoy. A las 9.45 estoy en marcha. Hoy toca subir el Passo Erbe y el Passo Eores. Erbe tiene un comienzo duro, un descansito y luego otro final duro. Eores lo desconozco. La verdad es que las altimetrías de Mauro Melanni son fantásticas y me están viniendo muy bien. Tenemos un ratito hasta llegar a Piccolino, donde comienza el Erbe. No tengo un desplazamiento de muchos kilómetros, pero debo subir y bajar el Pordoi, luego el Campolongo, en sentido inverso a la etapa del Miércoles. Con el tráfico que hay costará llegar. Luego de Corvara dirección Brunico. Así es, había mucho tráfico, qué pesadez. Algunos van a 20 por hora y me ha costado llegar 1 hora y media.

Son las 11.30 para cuando empiezo a subir. Hoy he calentado un poco más. Comenzamos: La primera rampa es dura 9% y me obliga de salida a un 39x23, pero es que seguidamente hay un kilómetro y medio al 12% y eso me obliga a 39x25. Voy a 10-11 a la hora. El siguiente kilómetro es al 9%, lo cual es duro, pero se nota que la pendiente ha disminuido. Los siguientes kms bajan a un 7-8% y paso al 39x23. Voy relativamente cómodo, el fuerte sol y el calentamiento de hoy me han ayudado. Tras este comienzo tan duro llegamos al descanso. Hay 1,5 kms de fuerte bajada. ¡«Mekatxis»!, luego habrá que subirlo de nuevo. Sin un metro de llano y tras este rápido descenso la carretera vuelve a empinarse bruscamente de nuevo. Cerca de un 8%, así durante un km. Pongo el 39x23. Erbe es también un puerto muy bonito. Llego a un pueblo y se endurece más, 11%. Se agarra mucho, a pesar de que llevo el 39x25. Subo ese kilómetro y medio y al doblar una curva veo a un ciclista que viene, no muy lejos de mi. Pensaba que venía sólo. El tráfico es bastante escaso y más a esta hora que casi todo el mundo está comiendo. ¿No será un «globero» que acaba de salir del pueblo? Sigo subiendo estas rampas del 8-9% y veo que el ciclista está cada vez más cerca, a menos de 30 segundos de mi. ¡No es ningún «globero»! Sigo subiendo, incremento un pelín el ritmo. Al tomar una curva de herradura que se empina bastante le veo bien. Está cerca, a unos 20 segundos. Tiene muy buena pinta, es delgado y viene en una bici de carreras a un ritmo muy suelto. Llevo 11,5 kms de subida y me quedan 3,5 kms. Sin duda me va a coger. Le miro y él desde abajo también me mira (viene a por mi, de eso no hay duda). Ahora entra en juego algo que nos pasa a muchos. Yo no quiero que me pille y él quiere cogerme (salvo gente tipo Markina, y no siempre, y de una tranquillidad increíble, esto nos sucede a casi todos). Pues no te lo voy a poner fácil, pienso. Todavía puedo ir un punto más rápido o dos si voy «a morir». Subo dos kilómetros hora la velocidad a pesar de que la rampa sigue igual. Voy con el 39x25. Hay una recta larguísima. No quiero mirar atrás, pero tiene que estar muy cerca (tal y como venía). Voy fuerte pero tengo reservado un poco de gas para seguirle cuando me pase (y es que hace mucho tiempo que no me pasan en subida). La recta se está haciendo larga, llevo un rato en ella. ¿Dónde vendrá? Todavía no le oigo. A 200 metros hay una curva de herradura. Ahí veremos dónde viene. Tomo la curva y no le veo. Pero si estaba muy cerca y la recta es muy larga. Seguro que «ha petado» por intentar cogerme, jejeje. (No es fácil si el halcón está a tope y ahora lo está). Me quedan 1,5 kms para llegar. Aprieto los dientes y a tope. El último km se endurece, es al 11%, sufro mucho y se me hace durísimo, pero aguanto. Ahora si miro hacia atrás y varias veces, pero no le veo venir. Por fin corono el puerto. 15 kilómetros en 1 hora y un minuto. A 15 de media. ¡Increíble!, seguro que esto me ha hecho subir más rápido de lo que tenía pensado. Pasan más de dos minutos y por fin aparece. Anda en bici por las pintas que trae (bastante buenas). Le saludo, voy a hablar un rato con él. Pero se dirige a sus padres que le están esperando. Bueno mejor lo dejamos. Fotito en la cima del Erbe con tres enormes picos presidiendo el passo. Como algo y me voy a buscar el puerto de Eores. Qué desilusión descubro que por este lado no es mas que una tachuelilla (vamos como el Soulor cuando vienes del Aubisque). Así que bajo de nuevo a Piccolino. La bajada es rápida y por un asfalto formidable. Debo subir el repecho que antes he bajado. Me obliga a quitar plato y meter hasta un 39x21, se hace interminable. Vienes con las piernas frías de la bajada y subir de golpe te hace un cosquilleo... En el coche me hago un mini-sandwich mientras examino el mapa. Veo que tengo cerca el Passo Furcia, casi en Austria. Venga a por él. Se que el Giro alguna vez lo ha subido, pero desconozco cómo es. Voy a ciegas. Tomo la carretera general y comienzo a descender, así un rato. Miro la altitud en el mapa y veo que está a casi 1.800 metros de altitud. «Mmm», esto huele mal. Huele a encerrona. Tengo un presentimiento. Son las 16.00 cuando empiezo a subir, el paisaje es impresionante. Los letreros están en 3 idiomas (alemán, italiano y un tercero que no se cuál es). Hace mucho calor y empiezo a sudar rápidamente. Mejor. Los primeros 6 kms. son tranquilos. Alguna rampa dura que me obliga al 39x21 y descansillos. Paso por un primer pueblo. Es muy turístico y hay bastante gente por las calles. Estoy a punto de llegar a un segundo pueblo. Está como encajonado en la montaña, pero ésta no es mucho más alta. ¿Estaré ya arriba?

                       
Este de la izquierda era el segundo pueblo pero el puerto no lo atravesaba. Se giraba a mano derecha y empezaba lo bueno

Justo antes de llegar hay un desvío a mano derecha y aparece ante a mi un rampón durísimo. 39x25 durante 500 m, un descanso. Miro a la izquierda y vuelvo a ver otro pico y la carretera que lo asciende en zig-zag. ¡Dónde me he metido! La pendiente se estabiliza entorno a un 11% durante los próximos 4 kms. Me recuerda la dureza de este puerto al Marie-Blanque, aunque aquí el asfalto está mejor y el puerto y el paisaje son mucho más entretenidos. Por fin corono este puerto. Ha sido duro de verdad en su final. ¡Menuda gincana! Converso en su cima con unos alemanes que lo han subido por el otro lado y me lanzo hacia abajo. Descenso rapidísimo en una primera parte y de dar pedales después. Vuelta al hotel. Había menos tráfico y llego en poco más de una hora. Son ya más de las seis. Rutina diaria. Cena potente, paseito, lectura y último paseito por Canazei. Me da pena, pero mañana dejaré este precioso pueblo de montaña.

Día 11: Jueves2/08 /2003 Canazei - Tai di Cadore

Hoy ha sido un día muy duro. Como de costumbre me he levantado a las 8.15. A las 8.45 estaba ya desayunando. He dado cuenta de este espléndido buffet por última vez, ¡qué lástima! Preparo todo, bajo a recepción y pago el hotel. Al final con este magnífico buffet me ha salido por 68 Euros/día. Calidad/precio está pero que muy bien. No me parece exagerado para los servicios que ofrecía. Me despido de las personas de recepción que han sido muy amables y atentos durante mi estancia.

Me pongo en marcha. Hoy tocan tres puertos. San Pellegrino, Valles y Rolle. Los tres los ha subido el Giro en esta edición. Valles y Rolle los voy a subir por la vertiente contraria a la del Giro de este año, San Pellegrino todavía no se por dónde. Llego a Moena. El tráfico es muy pesado y me cuesta hacer esos diez kilómetros que le separan de Canazei. Allí mismo está el desvío a San Pellegrino. Lo subo en coche para echarle un vistazo. Por este lado se parece mucho al Peyresourde por Bagneres de Luchon. No es muy duro pero si es muy bonito. Lo bajo en coche y veo la otra vertiente. Por aquí hay más pendiente. Tras 2 kms. de bajada llego a un lago, y tras un breve falso llano comienzo a bajar de forma espectacular. Hay carteles que marcan 18%, ¡menudo rampón! Luego voy dando curvas y curvas con pendientes del 15%. Jejeje, creo que no hay duda de por dónde vamos a subirlo. Sigo bajando con el coche y veo el desvío a Valles, marca siete kilómetros a la cima. Estupendo, están conectados. Sigo el desvío y bajo el puerto hasta Falcade a 1.140 m de altitud. Me cambio en un «tris» y a las 11.10 estoy sobre la bici.

Los primeros kilómetros son llevaderos, alguna rampa suelta, pero se pasan bien con el 39x21, en algún momento el 23. Llego al cruce de Valles, luego al bajar tendré que tomar está dirección. Ahora a por San Pellegrino. La carretera incrementa su inclinación bruscamente. Empiezo a dar curvas. La pendiente es del 15%. Meto el 39x25 y voy a 10-11 por hora. Tras un par de kilómetros con rampas muy difíciles y en momentos algo más suaves, llego a una zona que me obliga a echar mano del tercer plato. Ya estamos de nuevo con el 30x21. Voy a 10 a la hora, estoy terminando lo duro, pero falta lo peor. La recta de 300 m al 18%. Se hace dura, meto el 30x23 para ir más cómodo. La paso a 8 a la hora. Llego al lago, un pequeño descanso y enfilo los dos últimos kilómetros. Son algo más suaves de lo que me habían parecido en coche. Meto el 39x23 y a 15-16 a la hora. Veo unos cicloturistas. Un hombre acompañado de tres mujeres (serán su mujer e hijas). Van en bici de carreras. Ya tienen mérito, este es un puerto de cuidado. Van muy justos, pero van. Les saludo y les animo. Finalmente corono los 1.918 metros de este San Pellegrino. 9,2 kms de subida, pendiente media del 8,4% y máxima del 18%. Velocidad media 13,10 kms/hora. («Ondarru no te quejarás de toda la información que te estoy dando de cada puerto»).

                       

Foto en la cima y a por Valles. A todo esto, hace bastante calor. Llego al cruce y comienzo a subir. De inmediato la inclinación se pone muy cercana al 10%. Van pasando los primeros kilómetros de los siete que debo subir. Yo tenía en mente que Valles rondaba los 1.700 metros, luego ya me daré cuenta de que no es así. Voy con el 39x25, largas rectas y a 10-11 a la hora, no más. Los kilómetros pasan lentamente, seguro que mentalmente no me esperaba algo tan duro. Pensaba que era mucho más fácil. Cuando voy por la mitad de la subida me doy cuenta del error que he cometido. En San Pellegrino no he bebido nada, he subido rápido y además hacía calor. Ahora todavía hace más calor. Voy seco. El paisaje es precioso, un cerrado bosque con inmensos árboles. Voy sólo, sin apenas tráfico. El único sonido es el de mi respiración y mi cadena mientras pedaleo. Extrañamente me siento privilegiado de poder estar aquí, en estos parajes, yo, mi bicicleta y mi sufrimiento. Me quedan sólo 3 kms y el puerto no cede. Voy justito, grave error el no haber bebido y llevo un buen rato de etapa bajo este tremendo calor. ¿Cómo se me puede haber pasado beber? Voy vacío. Ojalá tuviera ahora al Kulak con una Coca-cola fresquita voy pensando, mientras doblo una curva. Me bastarían 3 sorbos. Cojo un plátano del maillot, lo devoro, y le pego un buen sorbo al Gatorade. De todas maneras se que llego. Pero hay modos y modos de llegar. Del kilómetro dos al uno la pendiente me da un respiro. Viene bien. Además el plátano y el gatorade han hecho un mínimo efecto y pese a que el último kilómetro vuelve a endurecerse, corono Valles. Veo el cartel. 2.032 metros, no los 1.700 que incialmente pensaba. Eso confirma lo que me temía, eran 7 kms. muy duros desde el cruce. Bebo una Coca cola y una pastel de pasas en un bar de arriba y comienzo a bajar. Hay mucha pendiente, nada más soltar los frenos la bici se dispara. 60-70 a la hora. Hay largas rectas y no hay tráfico así que ahora me voy a dar el gustazo. Por primera vez en este viaje me lanzo hacia abajo. Suelto los frenos y me tumbo para ofrecer menos resistencia al aire. ¡Qué gozada es ir a 80 por hora sobre una bici! Esto no es para hacerlo siempre, mejor dicho, casi nunca. Pero el buen asfalto y la anchura me invitan a bajar rápido. Llego al coche en un abrir y cerrar de ojos. Son las 12.55, me cambio y subo Valles. Como un plato de pasta y una ensalada en un restaurante a mitad de subida. Corono Valles y lo bajo al otro lado.

Voy a por Rolle. De nuevo ocurre lo mismo, Rolles y Valles están conectados como lo estaban Valles y San Pellegrino. Aparco el coche y me echo una siestecilla de 30 minutos mientras bajo la digestión. Rolle es mucho más sencillo que los otros dos. Su otra vertiente es más dura, pero la que me toca subir hoy no. Desde su cima las vistas son espectaculares. No tengo mucho tiempo y vuelvo al coche. Son las 15.30 y se acabó la bici por hoy. A las 15.45 estoy conduciendo, me queda un largo camino. Aún no tengo decidido dónde voy a pasar la noche. Para evitar tener que subir y bajar otros tres puertos me desvío y bajó a Feltre y de ahí a Belluno. Rápidamente me doy cuenta del error cometido. La etapa de hoy la tenía que haber hecho ayer y dormir en Canazei, y la etapa de ayer, haberla hecho hoy. El desplazamiento hubiese sido mucho más simple. Tras ¡tres horas! de coche paro en Tai di Cadore. Es un pueblo feucho, pero por hoy ya vale. Son las 19.00 pasadas y estoy cansado. Busco un hotel, es bastante simple. Rutina diaria. Estoy echándome la siesta cuando suena el teléfono. Es el amigo «Etxebe» que me pregunta a ver si estoy libre para echar mañana por la mañana un pádel. Le digo que si salgo de aquí ahora y conduzco sin parar, a lo mejor llego. Echamos buenas risas y me recuerda lo de la cena en la casa de «Txakoli-man» Así es Kulak, haz pronto la cena que de estos no te vas a librar. Se van a hacer todos amigos de Etxaniz, jajajaja.

                       

Ceno fuerte me doy un paseito y comienzo a velar armas para mañana. El gran día, el asalto al «Kaiser»: El monte Zoncolan.

Día 12: Domingo3/08 /2003 Tai di Cadore- Villa Santina

Hoy es el gran día. El asalto al puerto al que más ganas le tengo de todo el viaje. No va a ser el más bonito, ¿será el más duro? No lo sé, Punta Veleno se lo ha puesto muy difícil. Este puerto es el que ha motivado este tercer viaje. ¿Cómo puedo explicaros mis sentimientos o sensaciones en este momento? Aun a riesgo de ser un poco pesado o de extenderme demasiado, vamos a hacer un poco de historia, y quizás así comprendáis mejor las sensaciones que tenía la mañana de este Domingo tres de Agosto.

La primera vez que oi, o mejor dicho, vi escrito la palabra «Monte Zoncolan», fue en una revista «Ciclismo a fondo», allá por 1.992. En una sección de sugerencias un cicloturista sugería a la revista que abrieran una sección de puertos duros. En ella decía que uno podía ser el Mortirolo y otro el Zoncolan con sus 10 kms al 12% de pendiente media. Eso es todo lo que decía. Diez kilómetros al doce de media pensé yo, ¡qué barbaridad! Yo por aquel entonces bastante tenía con subir Jaizkibel, Arano y los puertos de aquí. Los grandes puertos pirenaicos como Luz Ardiden o el Tourmalet me parecían auténticos colosos con todos esos kilómetros por encima del 8, 9 o del 10%. Qúe deciros del Mortirolo. Tenía su perfil, pues se había subido en el Giro de 1.991 (ese gran giro de los Marino, Chiochiolli, Chiappucci, Bugno, Lelli…) y sus números eran increíbles, pendiente media superior al 10 y kilómetros enteros por encima del 11, 12, o incluso el 13%. ¡El Mortirolo era el rey!

Pasa el tiempo y allá por 1.994, el Giro vuelve a incluir el Mortirolo en su recorrido. En 1.991 no se pudo ver por televisión y solo pudimos leer lo que los corredores y directores deportivos habían hablado de este «monstruo». A Tele5 le cayó el gordo de la lotería con ese Giro. Fue una de las carreras más espectaculares de tres semanas que se han visto en los últimos años y con el gran Miguel Indurain inmerso en ella. La etapa fue increíble y no decepcionó en absoluto. Toda la audiencia estaba pendiente. El Stelvio de entrada y luego el gran momento. Un gran escalador como Vona haciendo «eses», De las Cuevas retorciéndose, los corredores subiendo como buenamente podían por sus tremendas rampas. No podría responder con exactitud cuántas veces habré visto ese video. Muchas Ondarru, muchas. (Eso sí, el Valico de Santa Cristina, completo, sólo dos veces, ya sabes bien porqué).

Pasamos a 1.996 y el Giro repite con el Mortirolo. Otro corredor de aquí, Abraham Olano, está de líder, con la «Maglia Rosa» a falta de dos días para que termine la carrera. De nuevo el puerto resulta decisivo. En sólo tres subidas se ha convertido en mítico. Le preguntas a alguien que no sea muy aficionado por el Marie-Blanque, el Aubisque o incluso el Galibier y no les suena. Hablas de Mortirolo o Tourmalet y rápidamente asocian. Para entonces ya tenía muy claro que yo alguna vez tenía que ir a Italia y experimentar, entre otros, con el «general»: el Mortirolo.

A estas alturas, yo ya había hecho mis primeras incursiones en el Pirineo, y ya había subido Luz Ardiden, el Tourmalet y algunos otros puertos. Así en ese verano de 1.996, tres «katxondos», (Eneko, su primo Jon y un servidor), cruzamos el Pirineo en bicicleta con alforjas y todo.

                       

Conocí muchos puertos, el aprendizaje iba por buen camino. En verano de 1.997, este mismo trío, más la incorporación del «grimpeur» Néstor nos fuimos a los Alpes. Allí durante una semana subimos los puertos más famosos de los Alpes (Alpe d'Huez, Galibier, Madeleine, etc…)

Por fin en 1.998 y en un verano que no sabíamos muy bien qué hacer, decidimos Iñaki y yo hacer un viaje relámpago a Italia. El viaje sería en avión y alquilaríamos un coche para movernos por Italia. Sólo disponemos de una semana, e Iñaki me pone como condición que también hay que visitar Venecia, Florencia y Roma (un día por ciudad). Así que sólo teníamos cuatro días de bici. Había que elegir los puertos «imprescindibles»: Mortirolo, Stelvio, Marmolada, Pordoi, Tres cimas de Lavaredo. No había tiempo para más. Las sensaciones que tuve la noche anterior y la misma mañana en Aprica antes de atacar el general, las guardo como un recuerdo imborrable. Por fin lo pude subir y mi alegría era inmensa. Ya conocía el Mortirolo y había sido capaz de doblegarlo con mi 39x30.


Mis compañeros de GKN y yo en las tres cima de Lavaredo. Año 2001

Pasamos de año y allá por 1.999 la Vuelta a España, con el complejo habitual que tiene respecto al Giro, (cosa que no debería ser así, puesto que al final la orografía del país es la que es y no puedes cambiarla), bueno a lo que iba, con ese complejo, se sacan una subida de la «chistera» durísima. La Gamonal, que es el monte, la subida propiamente es L'Angliru. Hablan de que es durísima y de rampas de hasta el 23%. Asturias no está tan lejos, así que en Junio de ese año y aprovechando el puente de San Pedro a finales de mes, me planto allí en compañía del amigo Ondarru. El Angliru y el Mortirolo tienen unos números globales muy similares. Son subidas de 12,5 kms de longitud y una pendiente media del 9,9% en el caso del coloso asturiano y de 10,4% en el caso del «general». Pero son subidas bien distintas, el Angliru tiene un comienzo normalito y seis kilómetros finales muy duros, donde sobre todo hay uno que se sale de toda lógica (con la famosa «cueña le cabres»). El Mortirolo es más constante, pero no llega en ningún momento a esas terribles rampas, diríamos que es más uniforme, dentro de su dificultad que es muy elevada. Subo el Angliru y sufro muchísimo en la cueña. Sin lugar a dudas es un puerto terrible. Peor que el Mortirolo incluso. Qué mas se puede subir, pienso mientras comento con Ondarru mis impresiones sobre el puerto.

                       

Proseguimos con el relato. A finales de ese año 99, un amigo me comenta de la existencia de una página en Internet que a buen seguro me va a interesar. Es la Web de Claudio y en ella se habla de centenares de puertos de España, Francia, Italia y algunos pocos de Suiza y Austria.


El infierno del Angliru en su tramo final

Me meto en la página. Voy a España y veo que en primer lugar está el Angliru al cuál le dan un coeficiente de 558 puntos. (Nota: para que os hagáis una idea, puertos como el Tourmalet tienen un coeficiente de 300 puntos, Pla de Adet 210 y el Marie Blanque 203). Esto no significa que un puerto sea más duro que otro necesariamente por tener un coeficiente superior. El coeficiente está basado en varias variables como la longitud, la pendiente de cada kilómetro, etc. Pero si que da una imagen aproximada de cómo es el puerto. Puertos con más de 200 puntos de coeficiente ya hay que respetar. Imaginad, si el Marie-Blanque en apenas 9 kms lo supera, ya te está diciendo «ojo que allí habrá algo». En España le siguen el Pico Veleta y un puerto Canario, Roque de los Muchachos. Paso a Francia, y en primer lugar están el Mont Ventoux, seguido de Larrau y el Col du Chat. Jeje, esos dos primeros ya figuran en mi lista. Paso a Italia con la esperanza de ver en primer lugar al «general» y que me encuentro. Está en 4ª posición con sus casi 490 puntos. Le superan en tecer lugar Prato Maslino, en 2º Punta Veleno y en 1º un tal Monte Zoncolan. Pero lo que más me impresiona es el coeficiente. Los tres pasan de los 600 puntos y al Zoncolan le dan 665. ¡Cien más que el Angliru! ¡Pero estamos locos! Un momento, esto de Zoncolan me suena a mi de algo. Rápidamente me acuerdo (y es que yo para algunas cosas tengo muy buena memoria), este es el puerto que comentaron en la revista. Busco la revista y «bingo». Así es, 10 kms al 12% de media. En lá pagina sólo viene el nombre y estos datos, no hay perfil ni indica nada más. Vaya, vaya, vuelve a salir este nombre. Y yo que pensaba que lo había subido todo. Tampoco le doy más vueltas, pero estos nombres se me quedan grabados.

Damos un salto en el tiempo y nos situamos en el año 2.001. Con los compañeros de trabajo de GKN, muy aficionados todos ellos al ciclismo, se monta un viaje a Dolomitas. Para mi será el segundo. Está vez la idea es alquilar una furgoneta cuyos asientos luego se conviertan en camas y estar quince días danzando entre Alpes y Dolomitas. Por supuesto todos tienen mucha ilusión en subir el Mortirolo, Marmolada, etc. Puertos que yo ya he subido, pero no me importa volver a subirlos, además vamos a subir otros muchos nuevos para mi (como la Fauniera, el Giau, etc). Hacemos unas indagaciones para saber dónde está el Zoncolan junto a uno de mis compañeros de viaje, pero no tenemos suerte y no encontramos información. Hoy en día hay montones de páginas y en cualquier buscador encontrarás información, pero por aquel entonces la cosa no era tan sencilla. El caso es que no hay suerte y no encontramos nada. Hacemos el viaje y lo pasamos en grande. Esta es una de mis grandes ilusiones, ir un grupeto de «txirrindularis» y subir todos estos «monstruos».

En Diciembre de ese 2.001, el «expresso de Falzarego», el señor Joserra Uriz, uno de los que vino a ese viaje, me envía un correo. Me dice textualmente: «Rubén en esta página de internet encontrarás algo sobre el Zoncolan» Concluye el correo diciéndome que «me da la impresión de que sólo hemos subido tachuelas». La página a la que me remite es la Web de Claudio y yo ya la conocía. Pero todavía no hay más información sobre el Zoncolan que su coeficiente, su altura, su longitud y su pendiente media. «Esos datos ya los sabía yo desde hacía mucho». Me tocan la fibra sensible y llamo a mi amigo Unai Osambela, un completo enganchado al mundo de Internet y le digo que me encuentre algo sobre el Zoncolan. El viernes de esa semana me envía un escueto mensaje al móvil en su tono habitual. «Tengo información sobre el asunto requerido» a lo James Bond. Le llamo inmediatamente y le comento qué cuándo y dónde le invito a un café. Quedamos para ese Sábado por la mañana. Voy al cole a recoger a Imanol (amigo común). Está jugando a Badminton. Veo a muchos chavales, pero no conozco a nadie. Saludo a Txomin, «hombre cuánto tiempo sin aparecer por aquí» Ya ves. Espero a que Ima acabe. Venga Ima termina ya que estoy impaciente. Veo a los chicos jugar pero no presto mucha atención. Yo hoy voy a lo mio. Tengo otras prioridades. Por fin vamos al Gavilán a tomar un café donde hemos quedado con Unai. Me ve impaciente. Tranqui, «Rubén que ya voy…» Me da una primera hoja y veo que tiene perfil y todo. En ella dice: «Monte Zoncolan vertiente este» Localidad de partida Sutrio. Longitud 13 kms, y pendiente media 9%. Viene kilómetro a kilómetro. Lo miro un tanto decepcionado, es un puertazo, pero esto no concuerda con los datos que yo tenía. Como si me adivinara el pensamiento me dice, tranquilo… que hay más. Me da otra hoja. Otro perfil. «Monte Zoncolan vertiente oeste». Comienza en Ovaro y en 10 kms sube 1.200 metros de desnivel. Aquí está, no hay dudas. Veo el perfil. Terríble, kilómetros enteros seguidos a más del 16%, 15%. Este es el monstruo. Le pago un café bien a gusto. Llego a casa. Es algo tarde, normalmente como pronto, sobre la una y son más de las dos. Mi madre me dice que tengo la comida encima de la mesa y a ver dónde me he metido. Le respondo que me he entretenido y que ahora mismo voy a comer. Obviamente no voy a la mesa, salgo disparado al cuarto. Revuelvo el cajón en busca de mis mapas de Italia y de las Dolomitas. No aguanto más. Tengo que saber dónde está. Empiezo a buscar, ¡¡¡Rubén!!!, que se te enfría oigo a mi madre desde la cocina. ¡¡¡Ya voy!!! Respondo. Sigo buscando. Busco Ovaro, Sutrio, pero no hay suerte. Claro serán dos pueblitos. En las hojas de Unai habla de Sappada y Tolmezzo. Probaremos con ellos. Unos minutos más tarde y tras alguna llamada a la mesa más por parte de mi madre… ¡zas!, ahí está. Tolmezzo. Voy a un mapa más detallado y por fin veo Ovaro. ¡Ya está localizado! Pero si esto se encuentra en… «¡Me cago en todo lo que se mueve! Por fin llego a la mesa, comienzo a comer y no paro de darle vueltas. Pero si he estado muy cerquita de aquí. Lo tenía al lado, a 80 kilómetros y yo sin saberlo. Vete tu ahora hasta allí, que está al noreste de Italia, casi en Eslovenia y muy cerquita de Austria. ¡Cojonudo! pienso, a ver cuándo volvemos por allí.

Verano de 2.002. Me marcho con la tropa a Cádiz. Este verano no hay bici. Lo paso muy bien, pero me doy cuenta de que yo no puedo estar 17 días a la «bartola» sin hacer nada. Cuatro o cinco días si, pero 17 no. Claro llevo desde el 96 haciendo excursiones con actividad ininterrumpidamente. 96 Pirineos, 97 Alpes, 98 Dolomitas, 99 Saint Lary, 2000 Alpes y camino Santiago, 2001 Alpes y Dolomitas. Al final la estancia de Cádiz se me hace un pelín larga. Regreso y mi cabeza ya empieza a barruntar la idea de hacer un nuevo viaje por Dolomitas. Pienso en un principio en algo mixto: Dolomitas/Cádiz. Con tiempo comienzo a diseñar un nuevo viaje. Por supuesto el Zoncolan está como primer objetivo, pero no podemos ir hasta allí para subir únicamente este puerto. Con ayuda de Internet (ya hay mucha más información y se manejarme mucho mejor), de revistas y viendo recorridos del Giro comienzo a dibujar esta nueva incursión. El viaje comienza a coger forma, miro por curiosidad dónde se encuentran Bocca Forca o Punta Veleno. Veo que los tengo cerca y los incluyo (dos retos más). El viaje se dispara, salen puertos por todas partes. Para entonces ya estoy seguro de que voy a tener que hacer el viaje sólo. Los que podrían venir no van a querer, y aquellos que se seguro que me acompañarían encantados no van a poder. Esto no me echa atrás. Mientras pueda voy, yo no estoy veinte días a la «bartola», cinco sí, pero no veinte. De lo que me voy dando cuenta es que va a ser durísimo. No sólo por los puertos que voy a tener que subir, sino por todo lo que un viaje así conlleva. Desplazamientos en coche y otras muchas tareas. Está claro, hay que ir en una forma física increíble.

Empiezo a planificar todo desde muy atrás. Hasta Noviembre tranquilo, a mi bola. En Diciembre comenzamos. Me parece importante comenzar antes de Navidades, que son unas fechas con muchas celebraciones y es más difícil cuidarse. Me propongo controlar un poco el peso, otros años en Navidades se me ha disparado y luego ha sido muy difícil y costoso bajarlo. No me voy a privar de nada, pero voy a procurar controlarme.

Así durante los meses de Septiembre, Octubre y Noviembre, comienzo a hacer deporte pero a mi bola. Juego a pala y Badminton, pero con el propósito de divertirme, pasar el rato. Un día Txomin me comenta la posibilidad de que le ayude con los chavales. Le digo que en principio probaremos unas semanas. Comienzo entrenando los Martes y Jueves con los chavales, observo que son majos y le doy mi Ok hasta Marzo. Luego he seguido con ellos durante todo el año. Considero importante el haber entrenado por motivos que luego comentaré.

Llegamos a Diciembre. Me sacó la «kirol-txartela». Comienzo a ir asiduamente dos días por semana al Gimnasio. Lunes y Miércoles. Hablo con el monitor y diseñamos un plan para ejercitar la parte superior del tronco, pero sin intención de adquirir volumen, sólo fuerza. Muchas repeticiones con poco peso. Estiramientos, trabajo lumbar y abdominal. Algo de bici para calentar y al final. Luego solía nadar entre 1000 y 1500 metros en la piscina. Entrenos de hora y cuarenta y cinco minutos.

De Enero a Marzo voy cogiendo la bici los fines de semana cuando el tiempo lo permite. Las mejoras respecto a otros años son notables. Tengo menos peso que otros años por estas fechas, llaneo y subo más. Así voy cumpliendo escrupulosamente el plan. Lunes y Miércoles; gimansio. Martes y Jueves; badminton. Llegamos a finales de Marzo. Vienen los meses clave. Se que le había comentado a Txomin que iba a estar hasta Marzo, pero la verdad es que he hecho amistad con los chavales. Me tratan bien y estoy muy agusto. ¿Por qué no seguir? Además el trabajo físico que hago con ellos me viene muy bien. Corro y hago series. Hay otro aspecto en todo entrenamiento distinto al físico, que es el psicológico. En Marzo coges la bici con ganas, pero en Junio estás cansado si tienes que cogerla todos los días. Desconectar me está viniendo muy bien, los Lunes y Miércoles dejo de ir al gimnasio y salgo con la bici. Los entrenamientos se van haciendo más duros. Entre 50-70 kms, normalmente llanos e incluyendo alguna subida. Incluso los Martes después de entrenar con los chavales, hago 40 minutos de rodillo muy suave para soltar las piernas (no siempre, cuando me apetece o no estoy muy cansado). Los fines de semana voy subiendo las distancias y la dureza de los recorridos. Pero con calma.

Abril en contra de lo habitual es un mes con una climatología buena. Esto ayuda mucho. Tenía pensado hacer unos buenos entrenos en Semana Santa, pero surge el viaje a París. No importa, este año voy muy bien y no pasa nada.

Llegamos a Mayo. Recuerdo que el día 1 (festivo) estoy en Jaca con Ima, Eneko y Ondarru. Me atrevo con el Aubisque y el Marie-Blanque (lado suave). Increíble para las fechas que son. Al día siguiente y en un viaje de Badminton a Torrelavega, me llevo la bici y aprovecho para subir Peña Cabarga. Menuda pared, pero la subo sin agobios. Esto marcha. Las sensaciones son muy buenas, ahora sólo falta ratificarlas en las marchas cicloturistas. En todo el mes de Mayo, entre la despedida y boda de Giral y por otros temas no puedo participar en pruebas. De todas maneras sigo entrenando muy agusto y las sensaciones que tengo son formidables.

Junio: El día 2 participo en mi primera marcha. La vuelta a Gipuzkoa. Resulta muy satisfactoria y ando a gran nivel. El 14 voy a la marcha de los Lagos. Este año no habrá Quebrantahuesos. Me falta algo de fondo para atacarla en las condiciones que yo quiero hacerla. En los Lagos hago la mejor marcha que he realizado hasta ahora. Ando a gran nivel. Subo Polipaso y bato el record. Bueno el trabajo ya está hecho. Ahora queda un mes para el viaje. Hay que mantener la forma y si se puede hasta afinarla. Esto es duro psicológicamente, quiero salir ya. Ahora también me entra el miedo a una caída o una lesión que eche todo el trabajo de más de medio año por la borda. Esperemos que no. Pensar en estas cosas me ayuda más a comprender a María. Una chica de Badminton que se lesionó justo antes del campeonato de España. Tiene una mente privilegiada, es una ganadora nata y tiene también un carácter muy fuerte. Cuando se lesionó no había quien se le acercara. La entiendo mejor, si me lesionara ahora, yo también me desesperaría, mejor no estar cerca mio en esos momentos. Este último mes hago tres incursiones al Pirineo. La última en el Tour con la cuadrilla de GKN. Allí hago la última prueba en Luz Ardiden. Lo subo desde abajo a bloque, a tope. Ya estamos listos.

Me he extendido algo más de la cuenta, pero creo que ahora podréis comprender mucho mejor lo que sentía. Vamos por tanto a describir las peripecias, nunca mejor dicho, que este día me ocurrieron.

He dormido bien, de un tirón. Pero no me ha hecho falta el despertador. Estoy nervioso, tengo ese hormigueo característico de las grandes citas recorriéndome el estómago. Lo tuve en el Tourmalet la primera vez, lo tuve en el Mortirolo, lo tuve en el Angliru y también lo tengo hoy. A las 8.30 bajo a desayunar. Buen desayuno, pero sin pasarme. A las 9.30 salgo del hotel. Pese a que la distancia en kilómetros no es mucha, me cuesta casi hora y media llegar a Ovaro. Son carreteras estrechas, me ha tocado subir y bajar el Passo Mauria y hoy Domingo anda mucho «dominguero» suelto. Al fin llegamos. Aparco el coche en un aparcamiento junto a la oficina de correos. Veo un letrero que indica Monte Zoncolan. A las 11.30, después de haber escrito unos mensajitos, y con bastante calor, 30 grados vamos hacia arriba. Paso el primer cartel y sigo subiendo, se endurece la pendiente y llego a un segundo letrero. Sigo sus indicaciones y giro a la izquierda. Llego a un primer pueblo, si se le puede llamar así, son cuatro casas: llamado Lenzone. De ahí sigo por el único camino que yo veo que sigue hacia arriba. Iba «nervi» así que a toda velocidad cruzo un puentecito y por un momento dudo. Le pregunto a un «viejecito» que estaba tranquilamente sentado a la sombra si esto es el Zoncolan y me dice que si, asintiendo con la cabeza y haciéndome gestos con la mano para que siga adelante. Me meto en un tupido bosque. Yo se que el Zoncolan va por un bosque así que la cosa marcha. El asfalto es malo, pero se puede ir en bici de carreras. Las pendientes son fuertes pero no imposibles. Voy con el tercer plato 30x21, dejo aún dos piñones. Comienzo a subir. Van pasando los kilómetros y voy pensando: «Estoy fortísimo, porque estoy subiendo muy fácil». La verdad es que hay mucha pendiente, habrá un 12 o 13%, pero yo esperaba más. Algún rato hay alguna rampa de cuidado que me obliga al 30x23. Van pasando los kilómetros y o voy muy fuerte o el Zoncolan no es tan duro. Llego al km. 7 de la subida, el cuentakilómetros ha ido todo el rato a 8 o 9 a la hora. De repente se acaba el asfalto y voy por una zona sin asfaltar. No puede ser. ¡¡¡Qué desgraciados!!! pienso, lo tienen sin asfaltar. Sólo han asfaltado la otra vertiente, la que subió el Giro este año. Voy con una rabia inmensa pero yo no me bajo. Aprieto los dientes de rabia. Paso así un kilómetro y pico entre increíbles esfuerzos por mantener el equilibrio en estas pendientes tan elevadas. Voy de tal café, que la pendiente es lo que menos me preocupa. Cada diez metros me acuerdo de la familia del alcalde de Ovaro y los parientes próximos del diputado de la provincia de Sappada y de parte del Santoral, no lo voy a negar. Por un momento vuelvo al asfalto, pero de nuevo comienza otro largo tramo sin asfaltar. Me empiezo a preocupar, ¿Rubén no habrás ido «ciego», como de costumbre cuando estás «nervi» y te habrás metido en otro sitio? Veo a un «mendizale» que baja andando y le grito ¿Monte Zoncolan? Me responde: «NO, esto es Monte Arvenis, Zoncolan tuto asfaltato». El grito que solté a continuación me niego a escribirlo, no es muy difícil de imaginar y quizás algún despistado en Ovaro lo oiría, pese a llevar yo ya más de diez kilómetros de subida. El montañero me dice que me tranquilice y me indica cómo he metido la pata y lo que debo hacer. Bajo desmontado los kilómetros que acabo de subir y que están sin asfaltar. En la bajada, con mis calas y con la fuerte pendiente estoy a punto de ir al suelo un par de veces. Voy de un café de narices. Cada diez metros me repito «soy gilipollas». ¡Cómo he podido volver a hacerla! Ahora me río, pero allí… Regreso tras dos interminables kilómetros a la zona deficientemente asfaltada. Me da igual, pese a la pendiente yo me subo y bajo. Regreso a Ovaro. Llego al cartel de la confusión y le saco una foto. Busco, el segundo pueblito y descubro que la directa era no hacer ni puñetero caso a este segundo cartel e ir a mano izquierda. Si seguías el cartel dabas un rodeo entre dos casas para llegar al Liariis. Tomando el letrero a mano izquierda llegas a Liariis inmediatamente. En Liariis veo la señal de Monte Zoncolan y tras pasar unas casas, veo el comienzo de la zona del bosque con una rampa de miedo. Ya lo tengo localizado.

(Nota del autor: Tras observar la foto con detenimiento en Donostia, me he dado cuenta que la señalización del cartel era correcta y que el menda, es decir yo, metí la pata hasta el fondo. Iba cardiaco perdido, y asi fue como me metí en el Monte Arvenis, de eso no hay duda).

Son las 13.15 y bajo al pueblo a comer algo. Hace un calor terrible. Recupero fuerzas y a las 14.00 pasadas vamos por el puerto. Cuentakilómetros a cero y comenzamos. Los primeros 150 metros son suaves, luego sube mucho la pendiente. A un 11% aproximadamente. Llego al segundo cartel, esta vez no meto la pata y voy a la izquierda. Sigo subiendo con el 39x25 por el elevada pendiente. Así tras 1,7 kms llego a Liariis. De ahí a mano derecha y atravesando las casas en una zona llana y hasta en ligera bajada llego al final del pueblo. Kilómetro 2,1 de la subida y la pendiente crece terriblemente al entrar al bosque. Se pone entorno a un 15% y se va haciendo más dura, no cede. El calor es terrible, a qué temperatura estaremos. A los 500 metros tengo que meter ya el 30x25. Hace demasiado calor. El bosque me protege del calor, pero no lo suficiente. Empiezo a pensar, Rubén déjalo. Hace demasiado calor. La verdad es que puedo seguir pero te puede dar algo y no es broma. El puerto es durísimo y con este calor…Seguir puede ser jugarme la salud. En un momento de cordura paro y me digo, mañana lo intentaremos. A las 11 hubiese sido otra cosa, pero ahora con este calor y sin casi comer es una locura.


Nota del editor: a pesar de los comentarios del autor sobre el lugareño («maldito viejo cabrón, etc»)
queda claro que el buen hombre no tuvo culpa alguna de la cagada

Regreso al coche. Miro el termómetro. Marca 41 grados. Cualquier puerto del mundo sería durísimo con 41 grados, el Zoncolan es casi imposible. Dejo la bici por ahí y botella de agua en mano me voy a la sombra junto a la oficina de correos. La escena es para sacarme unas fotos, estoy sentado a la sombra, tengo el coche a 10 metros con las puertas abiertas de par en par. Por la cabeza sólo me pasa una frase. ¡Cómo he podido volver a equivocarme, cómo he podido volver a hacerlo! Le hecho la culpa al letrero, a mi mismo (porque seguro que he ido ciego), al viejo. ¿Zoncolan?, le he preguntado, y el viejecito si, si. Ahora lo tengo claro, le llego a preguntar si por ahí se va a Soria y hubiese asentido con la cabeza y dicho igualmente si. Lo único que quería era que le dejara tranquilo. ¡Menudo capullo, como lo vuelva a ver! Bueno vamos a pensar. No nos pongamos nerviosos. ¡Qué hacemos! Está claro que hoy esto ya no se puede subir porque hasta muy tarde la temperatura no va a bajar. Tenía previsto subir el Zoncolan y partir a Austria. Allí pasado mañana iba a tener un día de descanso. Bueno, pues evidentemente me acabo de cargar el día de descanso. Mañana hay que intentar el Zoncolan. El puerto de mañana lo haremos en el día previsto como descanso, porque el hotel de Vipiteno ya lo tengo reservado. Estoy triste y un tanto depre, tantas ganas, tanta ilusión y todo al garate. Escribo varios mensajes por el móvil diciendo que el asalto al «Kaiser» tendrá que esperar. Son las 15.30 y cuánto antes me mueva, antes podré ducharme y descansar.

Con esa idea salgo. Bueno, ¿y ahora dónde me alojo? En Ovaro la oferta hotelera parece muy limitada. Finalmente voy camino Tolmezzo y antes de llegar allí, en Villa Santina (a diez kilómetros de Ovaro), encuentro un hotel que tiene buena pinta. Allí me quedo. Me ducho, lavo la ropa y me echo una siestecilla. A las 18.00 horas me voy a inspeccionar el Zoncolan en coche. Al subir al coche observo que la temperatura no ha bajado. Seguimos a casi 40 grados. No corre aire y el calor cuando no hay sombra es difícil de soportar. Por lo menos he tomado una decisión correcta en el día de hoy dejando el ascenso al puerto para mañana. Me detengo en una pastelería de Ovaro. Casi no he comido y tengo ganas de merendar. La pastelería es una monada. Mira que yo no presto nunca atención a la decoración y todas estas cosas. Pues en este caso sí, y me parece muy coqueta y hecha con un gusto exquisito. Todo de madera, con preciosas figuritas. Meriendo un café con leche y unas pastas caseras de chocolate. Son deliciosas. ¡Qué error!, el no haber traído toda una caja aquí, aunque bien pensado y con estos calores que ha hecho no se muy bien en que estado hubiesen llegado. Ovaro está lleno de carteles y veo que hay una fiesta gastronómica. Pero el menu es típico alemán, como en la feria de la cerveza. Hay una banda tocando música típica alemana y todos están en la plaza del pueblo comiendo codillo y salchichas. Casi como que no me apetece ahora comer eso y menos con estos calores. Lo que sí veo es que una señora vende Grappa casera hecha por ella misma. Aprovecho y le compro varias botellas para llevar a Donostia. Converso con ella y me dice que ha estado en España haciendo el camino de Santiago. Me despido, cargo cuidadosamente las botellas en el coche y por fin me encamino al Zoncolan.

Me fijo en el cuentakilómetros del coche. ¡Vamos a medirlo! Comienza la subida. Los primeros 150 metros son muy suaves, a partir de ahí y hasta el kilómetro 1,7 la pendiente se incrementa mucho, 11,5% aproximadamente. Llegados a este punto en el pueblo de Liariis, hay 400 metros llanos, por una estrecha carretera entre casas. Se acaba el pueblo y comienza el «cachondeo», kilómetro 2,1. La pendiente se dispara. Un 15% y hasta un 20% en algunos tramos. Así el primer kílómetro de lo duro, donde hoy he decidido no seguir (muy sabiamente, por cierto). Los siguientes 5 kilómetros son iguales. Es algo tremendo, terrible. Una carretera estrecha que va por el bosque, «tuto asfaltata» como decía el italiano de Monte Arvenis. Marco puntos de referencia cada kilómetro en esta zona infernal. La que me espera mañana. Por fin y tras 6 kms durísimos, llegamos al final del bosque. Estamos en el kilómetro 8,1 de subida. A continuación la pendiente baja mucho. Se pondrá cerca de un 7% o incluso algo menos durante 1 km, con la excepción de una durísima rampa de unos 100 metros de longitud. Llegamos al km. 9,1 hay tres túneles. Están en un estado bastante malo y no se ve nada dentro de ellos. El primero y el tercero son larguitos, el segundo es mucho más corto. La pendiente dentro de los túneles es mínima, pero son muy estrechos. Sólo cabe un coche y el firme está muy mal. Tras salir del último túnel entramos en un zig-zag tremendo por espacio de 500 metros. La pendiente de nuevo es muy fuerte 13%. Así finalmente llegamos a la cima del Monte Zoncolan, tras 9,9 kms según el cuentakilometros del coche, casi 10. Los datos son más duros de lo que tenía yo apuntado, pues hablaban de 10,5 kms o 10,2 kms en otros planos. Tiene 10 kms «pelaos». Por lo tanto, si va desde los 530 m de Ovaro, hasta los 1750 m que marca en la cima, la cosa está clara. 1.220 metros de desnivel en 10 kms, luego al 12,2% de media. «Toma del frasco carrasco» Hay gente en la cima. Puesto que por la otra vertiente a 3 kms de la misma hay una estación de Ski. Veo las sillas paradas. Les pido que me saquen una foto en la cima, no vaya a ser que mañana no llegue arriba. Pero eso no ocurrirá me digo. Mañana yo subo aquí en mi bicicleta por lo civil o lo criminal. Bajo el puerto, que entre la merienda y la charla se me está haciendo tarde. Al bajarlo me impresiona aún más. Suele pasar, no sólo en este puerto. Cuando bajas te parece más duro que cuando lo subes. Mañana va a ver que echarle un par de pelotas, pienso.

Llego al Hotel y me pego una cena diferente. Hoy menestra de verduras y unos escalopines con salsa de no se qué gaitas y vino blanco. Me arriesgo y la jugada sale muy bien porque están riquísimos. Limpio los platos. Doy una paseito por el pueblo y a las 23.00 regreso al hotel. Me alegra mucho ver los mensajes de ánimos de la gente. Hoy no lo he pasado muy bien y me da mucha moral ver que hay gente que está pendiente y deseosa de que me convierta en el cóndor del Zoncolan, el que quiero que sea mi nuevo mote. Estoy deseando que llegue mañana, pero supongo que si he podido esperar tanto tiempo, podré aguantar un día más. Contesto a los mensajes y en alguno acabo diciendo que mañana seré cóndor. ¡Eso seguro!

Día 13: Lunes4/08 /2003 Villa Santina / Fusch

Me levanto a las 7.45. Estoy como una moto. Lo primero que hago es mirar por la ventana a ver qué tiempo hace. Hay un sol de justicia. Se prepara otro día idéntico al de ayer. A las 8.15 bajamos a desayunar. No desayuno demasiado, no quiero tener el estómago pesado. Descanso un rato en la habitación, pago el hotel (que sale barato), cargo el coche y me encamino a Ovaro. Llego pasadas las nueve. Con calma me preparo, aunque se que estoy nervioso. Estamos ya a más de 28 grados. Lleno los bidones. Los dos de agua, no voy a necesitar ninguna bebida isotónica para esta subida. Bueno uno lo dejo a medio llenar. Miro al casco, ¿lo llevo?, estoy haciendo todas las subidas con él puesto, sobre todo por las bajadas. ¡Al carajo!, hoy se queda en el coche. La bajada la voy a hacer parado. Me pongo la gorra de las grandes ocasiones hacia atrás. Como me voy a pegar una buena sudada dejo las gafas de sol en el maillot, para la bajada, pero no las voy a llevar puestas. La cámara de fotos, el hinchador, desmontables, una linterna y mi riñonera con la llave del coche y la cartera. Tenemos todo. Calentamos un poco, pero la tensión y los nervios me pueden y enseguida estoy junto al cartel para comenzar la subida. Son las 9.30 pasadas, pongo el cuentakilómetros a cero y comenzamos.

Los primeros metros, muy suaves, los paso como un tiro, pero enseguida la pendiente se pone por encima del 11% y paso al 39x25. Tratamos de superar este primer tramo con el menor desgaste posible. Llegamos a Liariis, aprovecho la zona llana para beber un poco de agua y echarme otro poco por el cogote. El comienzo del bosque está por llegar. Voy con el velocímetro en la opción de distancia, contando casi los metros. La medición de ayer con el coche era correcta, porque a los 2,1 kms nos adentramos en el tramo del bosque. De inmediato tengo que pasar al tercer plato. Meto el 30x21 dejando aún mis dos últimas balas en la recámara. Los piñones de 23 y 25 dientes. La pendiente es muy fuerte, el asfalto es rugoso pero está en buenas condiciones. Noto el calor, el bosque me protege pero no mucho. 


La foto no hace justicia a la cuesta del carajo que aquí había

Ya había roto a sudar, casi desde el comienzo. Mucho mejor. Las piernas las llevo bien. Trato de levantarme más de lo habitual, la pendiente es ahora muy cercana al 20%. Llevo 500 metros de lo duro y debo pasar al 30x23. Sólo me queda un último piñón. Sigo subiendo y llego a ese primer kilómetro, donde ayer me detuve. Estoy sufriendo bastante. El puerto sigue igual. En el km. 3,6 de la subida, cuando sólo llevo 1,5 del tramo del bosque, debo pasar al 30x25. ¡Zas!, ya he disparado mi última bala. Mucho antes de lo que pensaba me veo obligado a meter todo el desarrollo del que dispongo. Ya no tengo más. O subo con esto o no subo. Aquí hay que echarle huevos, no hay más misterio. La velocidad es de 6 y 7 a la hora. Este segundo y tercer kilómetro son muy duros psicológicamente pues aún falta mucho para llegar arriba. Trato de que el corazón no se me dispare. ¡Qué fácil es decirlo!, pero en rampas del 17%, 18% o 20% la cosa no es tan sencilla. De momento lo estoy consiguiendo. Subo sentado y cada pedalada hago fuerza con todas las partes de mi cuerpo. Las piernas, los riñones, los brazos, las cervicales, los dientes. Noto toda la musculatura. Los músculos de mis piernas están muy tensos. Los siento como una goma de un tirachinas que está tensada a punto de ser lanzada. Por momentos pienso que alguno se puede romper en cualquier instante. Pasado el km. 5,1 de subida y por unos metros la pendiente baja a un 8%, es muy breve pero lo noto. Eso sí, la rampa que viene a continuación es impresionante. Me pasa un coche, me animan. Les devolvería el saludo, pero mejor guardo las fuerzas. Durante casi 900 metros la pendiente se mantiene entorno al 17%, hay que aguantar. Sigo subiendo la mayor parte del puerto sentado. Estoy realizando un esfuerzo muscular muy grande. Tras un interminable recta la pendiente baja a un 14% y se va un poco mejor. Pero sólo un poco. De todas maneras lo más difícil está por llegar. Dos tremendas rectas durante más de 300 metros a más del 20%. Después de todo lo que llevo subido, esta rampa se hace durísima. Pero vuelvo a pedirle un esfuerzo extra a las piernas y afortunadamente éstas responden. Consigo superar esta pared sin que la «patata» se dispare, y para ello y como os he comentado lo que hago es forzar un poco más las piernas. Llevo ya más de seis kilómetros y medio de subida. Ahora voy a tope de moral, se que me queda muy poco. Cuando la pendiente me da un respiro, aunque sea bajando al 13%, el bosque se abre un poco y deja pasar al sol, como diciéndome que no me lo va a poner fácil. En el km 7,1 paso junto a una casa muy bonita que está en mitad de una larga recta. ¿Pero quién podrá tener una casa aquí?, pienso, mientras veo al dueño que está trabajando en su pequeña huerta junto a la carretera. Me anima y me dice algo en Italiano, casi no puedo ni mirarle. Voy en una durísima recta mirando al suelo. Paso esta recta tan terrible y entro en la última parte de un bosque que se está abriendo y empieza a ofrecerme unas impresionantes vistas. Al final de este tramo, km 8, veo el coche que me ha adelantado en la subida aparcado en una esquina. Dos señoras están tomando el sol en dos sillas. Me dicen «bravo, lo has subido», ahora sí respondo. Les digo que todavía no, pero que falta poco.


Últimos 500 mts. del Zoncolán

Así es, he pasado el tramo del bosque. Por espacio de casi un kilómetro la pendiente baja mucho. Se sitúa cercana al 7%, meto el plato mediano pero con el 25, mi musculatura está muy resentida. Aprovecho para beber agua y refrescarme un poco. De repente otra rampa durísima me obliga a meter el tercer plato, la había olvidado, estaba más preocupado sacando mi pequeña linterna para la zona de lo túneles. Mi preocupación ahora es el mal estado de los mismos y de su firme. (Pero los voy a pasar. No me paro ni aunque esté toda la guardia civil a la entrada del túnel). Afortunadamente la rampa es corta y casi de seguido comienzo a entrar en los túneles. Con la mano derecha enciendo la linterna, pero tiene poca pila y casi veo lo mismo que sin ella. Si es que soy un fenómeno, me subo una linterna y casi no ilumina. A tomar por saco la linterna, la guardo en el maillot. Afortunadamente los túneles son en línea recta. El primero y segundo los paso sin problemas, pero en el tercero pillo un bache y estoy a punto de caerme. Por suerte mantengo el equilibrio. Salgo de este último túnel, de inmediato la pendiente sube a un 13% en un tremendo zig-zag. Estamos casi arriba, voy con el 30x21 pero la pendiente y mi muy castigada musculatura, me obligan al 30x23. Un poco más y corono el puerto. Ya soy cóndor. Jajajajaja,


EL CONDOR DEL ZONCOLAN

Estoy muy contento. El esfuerzo ha sido inmenso. Me ha costado 1 hora y siete minutos subir estos diez kilómetros. Disfruto de la cima, saboreo este ansiando momento. Me saco una foto en la cima que por supuesto voy a ampliar y tras conversar con un cicloturista italiano que ha subido por la otra vertiente, comienzo la bajada. Paso de nuevo los túneles y enseguida llego a la zona del bosque. Bajo muy despacio y con muchas precauciones. El puerto es tremendo. Al pasar junto a la casa busco al dueño, ahora sí que quería saludarle. No le veo. Desde luego hay que tener una casa aquí, cómo se las apañará para subir durante el invierno. Estoy finalizando el descenso del tramo duro y me duelen los dedos porque voy todo el tiempo con los frenos apretados. Me cruzo con un cicloturista que acaba de comenzar el tramo duro. Es muy fino y tiene muy buena pinta. Lleva dos platos y va jadeando, lleva «la patata» disparada. «Chaval, como no controles un poco las revoluciones lo vas a pasar muy mal, que acabas de comenzar» Le pego un grito de ánimo tremendo, aunque él no puede ni mirarme. Yo voy eufórico. Llego de nuevo a Liariis, voy levantado y haciendo el «indio» sobre la bici. Vamos, sólo me faltan las plumas. Por hacer el minga casi me canto una galleta, lo único que me faltaba es dejarme los «piños» ahora junto a una casa. Regreso al coche. He hecho bien en madrugar porque el sol calienta de lo lindo. Ya estamos a más de 30 grados y sólo son las once y diez. Vaya otro día de calor. Charlo con la tropa de Cádiz que acaba de amanecer y ver la luz del día. Allí andan los cachondos a punto de ir a desayunar. Escribo unos mensajes. A Unai Osambela, al cuál le prometí que nada más subirlo tendría noticias mías. A Fernan de Zumaia, a mi buen amigo Ausan y por supuesto a los Vitoria. Con el Kulak y Ondarru hablaré a la noche.

Hago unas compras para la comida de hoy y tras beber algo, monto todo en el coche y tomamos rumbo a Austria. Son ya más de la doce. Música a tope y muy contentos comenzamos la marcha. Tengo la ruta que debo seguir muy bien detallada. Fue un trabajito que hice ayer por la tarde. Todos los pueblos por los que debo pasar. Tras subir un puerto de montaña, llegamos a la frontera Austriaca.

Nunca antes he estado en Austria. El paisaje es espectacular. Esto parece sacado de «Heidi», aunque creo que el amigo Pedro, Heidi, el abuelo y Clarita estaban en Suiza. Me asombra ver lo cuidado y limpio que está todo. Vamos buscando el Grossglockner. Una subida de más de 2500 metros. Todo está perfectamente indicado y no hay ningún problema para llegar a él. Voy a subirlo en coche y luego lo bajaremos. La idea es subir este monstruo mañana por su vertiente más dura. Para subir este puerto en coche hay que pagar un peaje. Me cobran la friolera de 26 Euros por subir. ¡Qué auténtica pasada!, pero inmediatamente me doy cuenta del porqué de un precio tan exagerado. El puerto está situado en un parque natural, está muy bien cuidado. Subimos en caravana, hay mucho tráfico. La carretera es muy ancha, a veces hasta tres carriles y está en magníficas condiciones. Corono el puerto y me detengo en su cima. Saco unas fotos, merece la pena. Me meto en la tienda de souvenirs. Veo una camiseta roja preciosa con una bici y no me puedo resistir. Ésta para la «peque», que me la pidió. Compro una jarra donde a buen seguro me tomaré unas buenas cervecitas y algunas postales.

Comienzo el descenso del puerto por la vertiente que me va a tocar subir mañana. Me he venido a Austria expresamente para subir este puerto, del cuál tenía muy buenas referencias. No me arrepiento en nada, el puerto es magnífico, sin duda uno de los más espectaculares y bellos que he visto. Y a estas alturas puedo presumir de haber visto muchos. Además no está exento de dureza, hablamos de un puerto con un coeficiente superior a los 450 puntos. Más adelante daremos los números de este coloso. Tras bajarlo me pongo a buscar hotel en la zona. No hay ningún problema, está lleno de pequeños hoteles o de casas donde alquilan habitaciones. Se lee fuera de las casas la palabra «zimmer», que lo traduciríamos como el clásico «bed and breakfast». Reservo habitación en un hotel. Ya son más de las seis de la tarde. Estoy cansado. Seguimos la rutina diaria. Ducha, lavar ropa y una siesta que hoy me sabe a gloria. Estoy muy contento. Durante la ducha relajo el cuerpo y toda la tensión acumulada en el día de hoy. Al desaparecer esta tensión, comienzo a notar las secuelas del Zoncolan. Tengo todo el cuerpo cargado, pero sobre todo las piernas y parte de la región lumbar. Sin duda el paso de los días se va notando, pero el esfuerzo de hoy, que ha sido de una exigencia máxima, está comenzando a pasar factura. ¡Qué bien me vendría un buen masaje recuperador! Estiro y hago posturas con las piernas en alto (para relajar la musculutara), por espacio de 40 minutos. Después la mencionada siesta. Finalmente a las nueve salimos a dar un paseo. A las nueve y veinte voy a cenar. Cena fuerte y un super helado de postre, todo acompañado de una buena cerveza. Me doy un paseo por el pueblo y me llama el Kulak. Conversamos un buen rato, ya le comento que debería estar aquí. Otra vez será, pero ese viaje acabaremos haciéndolo. Al menos eso espero. Vuelta al hotel y a la cama. Ya tengo nuevo nick «el cóndor del Zoncolan» y me lo he ganado a pulso, ¡vaya que sí!

Día 14: Martes 5/08 /2003 Fusch / Vipiteno

Me levanto algo cansado. Con el paso de los días el cuerpo está acusando los esfuerzos y cada vez le cuesta más recuperar. Hace otro día espléndido. Mejor, ya que debo subir muy alto. El puerto de hoy es el Grossglockner. Un monsturo de 21 kilómetros y un desnivel de 1800 metros de desnivel. La pendiente media es del 8,5%. Es un puerto muy constante, ya que las rampas no son superiores al 12%, pero continuamente vamos a estar entre el 10% y el 12%.

Bajo a darme otro homenaje. Un desayuno muy fuerte. Hoy tomo de todo. Tostadas con mermelada, con nutella, zumo, yogurt, café con leche. La pareja sentada en la mesa contigua a la mía, me miran asombrados. Ellos están desayunando un triste café y yo me estoy poniendo «tibio». La señora del hotel me pregunta si voy a subir el puerto en bici. Le contesto que sí. Muy amablemente me dice que tras subirlo vuelva a mi habitación y que me duche con calma, que ya hará mi habitación a la tarde. No corre prisa. ¡Qué simpática!, la verdad es que me hace un gran favor. Hoy tengo un desplazamiento muy grande. Debo ir a Insbruck y de ahí regresar a Italia. A Vipiteno concretamente. Así que hasta tarde no iba a poder ducharme y de esta manera en cambio haré el viaje bien limpito y fresquito. Pues venga, manos a la obra. Termino de desayunar y a la habitación a vestirme.

Calentamos un rato y enseguida comenzamos la ascensión al coloso de hoy. Los primeros kilómetros son suaves, pendientes del 5%. Pero rápidamente me encuentro con dos, tres kilómetros cercanos al 9% que me obligan a poner el 39x23. Voy cogiendo ritmo. Tras pasar este tramo duro, entramos de nuevo en unos kilómetros más suaves hasta que llegamos al peaje. Voy en bicicleta y me dejan pasar sin problemas. Como cuando subí las Tres cimas de Lavaredo en Italia. Antes de afrontar el muro final, el más duro por cierto, hay un peaje. Recuerdo que al subirlo, me acerqué y pregunté si había que pagar. Se echó a reir y me dijo que no. Que bastante iba a tener yo con subirlo en bici como para cobrarme. No le faltaba razón. Las tres cimas son una auténtica pared. Aquí mas o menos pasa lo mismo. La señora me hace un gesto para que pase. Pues adelante. Vamos allá. Hace otro día fabuloso. Cielo despejado, ni una nube y mucho calor. La subida a partir del peaje no cede ni un momento. Las rampas son continuamente del 12%, no hay más pendiente, pero tampoco menos. Lo que ocurre es que las curvas de herradura son completamente llanas. Auténticas paellas. Antes de entrar en la curva la pendiente decrece mucho y en la curva casi no hay pendiente, sin duda para que los autobuses que suben este coloso puedan coger velocidad y carrerilla para afrontar las empinadas rampas. Si no fuese de esta manera, se ahogarían completamente en las curvas y les costaría una barbaridad subir tan cargados este puerto. En las curvas hay piedras que marcan la altura a la que nos encontramos en cada momento. En una de ellas me marca la distancia que me queda para subir, concretamente 11 kilómetros y 700 metros. La altura es de 1.298 metros. De tal manera, que si debo llegar hasta los 2.428 metros de la cima, me faltan por subir 1.130 metros de desnivel en 11,7 kilómetros. Dando una media del 9,7% para estos casi 12 kilómetros. Sigo subiendo y mantengo durante unos kilómetros el 39x25, pero a falta de unos 10 kilómetros para la cima, paso al tercer plato. Al 30x21, para ir más suelto y con mejor cadencia. Voy muy agusto, los estiramientos de ayer me han venido muy bien. Las piernas van decentemente, me duele más la zona lumbar. El esfuerzo de ayer fue muy elevado y tengo algo resentida la espalda. No me molesta para subir, y además voy a tope de moral por estar subiendo un puerto tan bello y duro con bastante solvencia. Estas rampas del 12% y en este asfalto tan fino y tan bien cuidado parecen un juego comparando con los muros de ayer. Hay bastantes cicloturistas subiendo el puerto, muchos se tienen que parar a descansar. Yo sigo a lo mio pero saludo absolutamente a todos aquellos ciclistas que veo y adelanto, aunque estén parados en la cuneta. Desde el fino ciclista en su Colnago C-40, hasta al mountain-biker de turno con ese molinillo tipo Martiñena. Hoy soy de nuevo un privilegiado, así me siento. Ha merecido la pena el desvío para conocer este parque natural. De nuevo es una subida en la que vas disfrutando cada pedalada, cada curva. Cómo le hago entender esto a un neófito del tema cuando mi corazón está a casi 180 pulasciones. Pero yo estoy sufriendo y disfrutando. Una extraña combinación que te hace disfrutar más cuando ves que te encuentras tan bien. Me quedan menos de cinco kilómetros para la cima. Aquí hay un kilómetro muy duro, porque no hay curvas que te permitan respirar y la pendiente sigue muy constante. Lo anoto para luego mirar en el perfil. De nuevo mis sensaciones no me engañaron y cuando más adelante consulté el perfil, vi que este era el kilómetro más duro de toda la subida, al 12,3%. Finalmente y tras 1 hora y 35 minutos de esfuerzo alcanzo los 2.428 metros de la cima del puerto, llamada Fuschertörl.

                       

Esta repleta de gente tomando fotos. Me saco una y me dirijo a un mirador que hay allí mismo. Para ello bajo 200 metros por donde he venido y tomo un desvío a la derecha al mirador. Durante algo más de un kilómetro, la pendiente se mantiene cercana a un 15% y me obliga a un importante esfuerzo. Además las curvas son con adoquín. Por fin llego a la cumbre del mirador, que está a 2.571 metros de altura. Y es que en este kilómetro y poco habré subido casi 170 metros de desnivel. ¡Menuda broma!, jajaja, casi me parto de risa. El lugar se llama Edelweisspitze y también está abarrotado de gente. Me saco otra fotito en la cima, me pongo el chubasquero y me lanzo abajo. Bajada tranquila, pese a la pendiente y el buen asfalto no es momento para hacer el indio. Hay mucho tráfico y me lo tomo con calma. Noto las piernas cargadas, sin duda están duras por el ácido láctico. Regreso al hotel y me ducho. Pago, con desayuno y todo ha salido por ¡25! euros. Vamos regalado. Aún alucino. Luego dicen que Europa es caro, no lo se. Pero esto desde luego no. Caro era el hotelillo de Narbonne para lo que ofrecía. A las 12.45 y tras dar de nuevo las gracias salgo en dirección a Insbruck. Todo está bien señalizado , y bien cuidado. Llego a un precioso pueblo llamado Zell am See. Como algo rápido y tras un breve descanso retomamos el viaje. Después de 300 kilómetros bajo un tremendo calor llego a Vipiteno a las 16.45. Busco el hotel que tenía reservado para dos noches desde Donostia. No tardo mucho en llegar al Hotel Conny. Me ducho otra vez y me voy a la siesta, esta vez sin despertador. Me levantaré cuando me despierte, o eso pensaba, porque a las 19.00 horas me despierta el móvil. El aita al aparato a ver qué tal ha ido todo. Ya que estamos despiertos aprovechamos para hacer unos estiramientos, lavar ropa y escribir algo. A las nueve salgo a cenar. Encuentro un restaurante muy «majo» y con dos camareras muy majas en todos los sentidos. Mañana vuelvo a que me alegren la vista, además ceno de maravilla.

A las diez y cuarto me doy una vueltecita por el pueblo. Regreso al hotel y tras leer un poco me acuesto a las once pensando en el plan de ataque para mañana.

Día 15: Miércoles 6/08 /2003 Vipiteno

Nos levantamos un poco más tarde de la hora habitual. La jornada de hoy es doble, puerto a la mañana y por la tarde y no tengo necesidad de coger el coche. Finalmente, ayer decidí subir el passo Pennes, que es más duro, por la mañana y dejar el Giovo, algo más suave para la tarde. De todas formas, ambas subidas superan los 2.000 metros.

Buffet para desayunar. Tengo todo lo necesario y doy buena cuenta de ello. Descanso un rato para hacer la digestión. Bajo al parking del hotel donde tengo aparcado el coche y me preparo en un momento. La bici ha dormido en la habitación conmigo, como no tenían cuarto donde guardarla, me la subí arriba. Enfrente del hotel tengo el desvío al puerto. Desconozco los datos, pero parece algo serio. Vipiteno está a 928 metros de altitud y la cima del puerto a 2.211 metros. Así que en tan sólo 16 kilómetros, vamos a subir un desnivel de 1.283 metros, lo que da una media del 8%. ¡Casi nada!

A las diez de la mañana nos ponemos en marcha. Hace otro día espléndido. El primer kilómetro es llano. Pues si que empezamos bien, vamos a subir todo el desnivel en menos kilómetros. Esto huele a puerto muy serio. Ha habido muchas risas con este Passo Pennes, que cuidado a ver si te vas a poner cachondo al subirlo, vamos bromitas de este estilo a cargo del Sr. Kulak (gran tenista, mejor pelotazale y extraordinario torero). Tras pasar este primer kilómetro muy suave, el puerto se pone serio. De inmediato un letrero en la carretera avisa de la pendiente, 13%. Pasamos esta primera rampa con el 39x23 y la pendiente se estabiliza entorno al 8-9% y en momentos 10%. Voy pasando los kilómetros, el paisaje es bonito, no espectacular, por lo menos en el inicio. Vamos ganando altura rápidamente y dejando Vipiteno cada vez más abajo. Voy sólo, por aquí anda muy poca gente y salvo los motoristas que cual moscardones enormes me suelen adelantar en las subidas, por lo demás calma total (como la peli de Niccole Kidman. Mira por donde, no me hubiese importado hacer el viajecito con ella. Bueno, tranqui Rubén, que ya estás desvariando). Voy subiendo cómodamente, la verdad es que las sensaciones son muy buenas. Tras pasar junto a una bonita y cuidada casa con unas impresionantes vistas a todo el valle que está abajo. Hay un letrero que marca la altitud. Estamos a 1.500 metros y llevamos ocho kilómetros de subida. Así que restan otros ocho y un desnivel de 711 metros, pendiente media del 8,9%. La subida no da un respiro, las pendientes no son brutales, pero son constantes. Yo sigo con mi 39x25, subiendo alegre, y sin forzar a tope. Todavía no intuyo dónde estará la cima del puerto. A falta de cuatro kilómetros y tras tomar un curva de herradura, por fin la diviso. Todavía se ve muy arriba. La pendiente incrementa y toca sufrir un poco en estos últimos metros. Pasamos al 30x21 para afrontar este muro final con una cadencia alta. Finalmente y tras una hora y diecinueve minutos coronamos Pennes. La cima del puerto está plagada de turistas alemanes, en su mayoría moteros. Por aquí hablan alemán en todas partes, incluso en restaurantes y bares. Me tomo una coca cola gigante, charlo un rato con cicloturistas alemanes y comienzo el descenso. Bajada muy pronunciada por donde he subido, pero me la tomo con mucha calma.

                       

Llego al hotel y tras asearme un poco y cambiarme de ropa, me voy al centro del pueblo a hacer unas compras, comer algo y sobre todo beber, beber mucho. ¡Qué calor hace! Está siendo tremendo. En Vipiteno me bebo hasta el agua de los floreros. Busco un restaurante para comer algo rápido y ligero. Mientras lo busco, veo una tienda de souvenirs y entro para comprar unas postales y algún recuerdo. Veo unas camisetas muy graciosas. Si a Jone le compré una, no me puedo olvidar de la hermana mayor. ¡Más me vale! Veo una que me gusta y la compro. Justo en frente hay un restaurante y allí me adentro. Quiero una cerveza muy grande y muy fría y un buen plato de pasta. Eso es todo. Como rápido y regreso al hotel a descansar un rato. Tengo una horita para echar la siesta. Perfecto, me pongo el pijama (vamos a hacer las cosas bien), enchufo el disc-man con música muy suave y me tumbo.

A las tres me levanto, me cambio y en media hora estoy listo para salir. El monte Giovo parte del mismo hotel y en 18 kilómtros llega a los 2.094 metros. Este puerto lo subieron en el Giro del 94 en una etapa que concluía en Merano. Me acuerdo bien, porque en esta etapa se escapó un tal Marco Pantani. Acabó ganando la misma, (fue su primera etapa en el Giro), y al día siguiente saltó a la fama mundial con la etapa Merano Aprica. Ya ha llovido desde entonces, casi diez años y parece que fuera ayer. Tiene una pendiente media cercana al 7%. Los dos primeros kilómetros son llanos. Poco a poco empezamos a subir, el asfalto está bien y vamos cómodos con el 39x19. Nos introducimos en un bosque. Los kilómetros pasan rápidamente. Yo voy subiendo con el piñón del 21, a ratos el 23. El paisaje de los últimos kilómetros, una vez dejado el bosque, es de alta montaña. Tras una hora y ocho minutos y tras 17 kilómetros llegamos a los 2.094 metros de su cima. Saco unas fotitos en la cima, me pongo los manguitos y el chaleco y me dispongo a bajar. A las 17.00 horas estoy de vuelta en el hotel. Me ducho y salgo al pueblo a comprar algo para merendar hoy y para comer mañana. Tras una buena merienda, me acuesto un rato. Escribo otro rato y enseguida se me echa la hora de ir a cenar. Vuelvo al mismo lugar que ayer. Ceno muy bien. Vueltecita por el pueblo y al hotel. Tras leer un rato el libro y ver un poco la tele, me acuesto y caigo rendido. Mañana espera un día duro, el passo Rombo y luego un largo desplazamiento hasta Aprica.

Día 16: Miércoles 7/08 /2003 Vipiteno - Aprica

Volvemos a la hora habitual y nos levantamos a las ocho. Una duchita para refrescarnos y sin perder un instante bajo a desayunar. Ya tengo todo preparado para salir tras el desayuno. Os sorprenderíais, queridos lectores, de lo ordenado y metódico que he sido durante este viaje. Pago el hotel. Las dos noches y dos desayunos han salido por 90 Euros. No es muy caro para ser temporada alta y en un hotel de tres estrellas. Ha sido un sitio muy tranquilo y donde he estado «a mi aire». La recepción estaba en un edificio aparte del edificio de las habitaciones. En el edificio de las habitaciones había un salón de belleza en su primera planta. Yo he andado a lo mío y con la única persona con la que me he cruzado ha sido la chica de la entrada al salón (por cierto Martillo, no estaba nada mal y era muy simpática).


Timmelsjoch / Passo Rombo

Salimos. Debo subir y bajar el puerto de ayer a la tarde. Son 18 kilómetros de subida y 20 de bajada. No parece mucho, pero tardo una barbaridad en hacerlos. El descenso del monte Giovo está en obras y tras más de una hora llego a San Leonardo in Passiria, punto de partida del coloso de hoy; el passo Rombo. Hay que salvar un desnivel de 1.821 metros y pedalear durante 29,5 kilómetros para llegar a su cima a 2.509 metros de altitud. La pendiente media de este monstruo es de 6,2%, pero como ocurre en la mayoría de este tipo de puertos, tiene descansos y zonas bastante más duras que ese 6,2%. A las 10.30 y bajo un sol de justicia (más de 35 grados), comenzamos la subida. Lleno los bidones a tope de agua y me llevo algo de alimento sólido. Los primeros cinco kilómetros son cómodos y vienen bien para coger ritmo y romper a sudar. La subida comienza junto a las piscinas municipales. En las pistas de tenis no hay ni «blas», pero las piscinas están a reventar. A gusto me daba un chapuzón. A partir del kilómetro cinco y atravesando un montón de galerías, la pendiente se incrementa mucho. Durante ocho kilómetros subimos al 8-9%, la verdad es que se agarra mucho. Combino el 23 y el 25. Dejo a mano izquierda un pueblo llamado Moso. No puedo evitar acordarme de cierto personaje mientras dejo el pueblo cada vez más abajo. Estos kilómetros se hacen duros. Adelanto a varios cicloturistas que van subiendo. Algunos hasta están parados en las cunetas. Hoy creo que es el día que más calor está haciendo, sobre todo para la hora que es. Del kilómetro 14 al 20 la pendiente se suaviza mucho. A ratos voy con el plato grande metido. Finalmente, después de una larga recta y tras haber pasado por varios restaurantes que hay durante la subida, me enfreto al muro final. Es un peñasco terrible, y se ve la carretera que hace un tremendo zig-zag con pendientes elevadas para ir subiendo. Voy seco desde hace rato, tengo mucha sed, pero debo aguantar. La pendiente es de un 9%, y yo con mi 39x25 no voy sobrado. El calor está haciendo mella y la falta de líquido la estoy acusando. Kilómetro 25 de subida y debo pasar al 30x21. Durante dos kilómetros sufro mucho. Al llegar al kilómetro 27, entro en varios túneles y la pendiente afloja mucho, así hasta que a falta de 500 metros vuelve a inclinarse. Por fin y tras 1 hora y 57 minutos, corono el puerto. Directo al bar de la cima. A beber y llenar los bidones. Saco unas fotos y comienzo el descenso. Hoy el calor ha apretado más que ningún otro día. Tras casi cuarenta minutos bajando, llego al coche. Me cambio rápidamente y con más de 40 graditos marcho dirección Aprica a las 13.40 horas.

Pasado Merano, paro en un restaurante a comer algo. Están recogiendo y me dice el camarero que si quiero comer, sólo hay lasagna. Adelante pues. Para llegar a Aprica y evitar grandes rodeos, debo subir y bajar, nada más y nada menos que el Stelvio. El puerto más alto de Italia con sus 2.758 metros, uno de los más duros y espectaculares. Subirlo de nuevo es disfrutar, aunque esta vez sea en coche. El tráfico es muy lento, es un puerto de alta montaña y vamos muy despacito. Tras llegar a Bormio voy en dirección a Aprica. Estoy ya cerca, cuando veo una montaña a mi izquierda que me es muy familiar. Los carteles indican que la próxima salida es Mazzo di Valtellina. Ahí comienza el «general», el Mortirolo. Esta vez pasamos de largo. Por fin llegamos a Aprica. Son más de las 18.30. Busco hotel. Encuentro uno que está repleto chavales. Es como un hotel de actividades donde hay chavales de todas las edades. Menuda bulla que están montando. Para cuando me doy cuenta de ello, ya he dicho que sí a la de recepción. Va a ser una sola noche, así que podremos soportarlo. Volvemos a la rutina diaria. Ducha, lavado de ropa y siesta. Hoy no tengo fuerzas para escribir, estoy reventado. Más de cuatro horas de coche para llegar aquí.

A las nueve y media voy a cenar. Voy a una pizzeria donde estuve hace dos años. Ceno fuerte. Aprica es muy turístico y hay un montón de actividades en el pueblo, en el cuál hay mucha vida. Hay una banda de música tocando la gente está bailando, hay discotecas para los jóvenes. También hay un torneo de fútbol 7 y hay partidos. Me quedo a verles un rato. No juegan mal, estos se podrían medir al equipo de David y al de Mikel les meterían una paliza. Cosa por otra parte no muy difícil, jeje.

A las 23.45 regreso al hotel y me voy directamente al sobre. Mañana toca subir el último puerto del viaje, el Passo Bernina.


El majestuoso e impresionante Stelvio por la vertiente de Prato. La foto está sacada por Iñaki allá por 1998, cuando vinimos por primera vez.
Dudo mucho que un servidor fuese capaz de sacar una foto tan espectacular. Hay que tener algo que yo no tengo: paciencia

Día 17: viernes 8/08 /2003 Aprica - Montelimar

Diana a las 8.30. Hoy casi no hacía falta despertador. Los chavales no paran de un lado a otro. Hay de todas las edades, desde muy pequeños que están con sus padres, hasta chavales más creciditos (14-17 años), que también están con sus padres por supuesto. Me resulta gracioso ver a las Italianas de 15 años, con sus charletas, sus modelitos, sus mensajes al móvil, sus… no se que me da, pero me recuerda a algo, jeje. Resulta hasta divertido. Lamentablemente no puedo quedarme mucho y salgo hacia Tirano, localidad donde comienza el Passo Bernina. Antes de salir hacemos una última compra en Aprica, sobre todo bebida, que hoy también aprieta el calor, para variar. Me despido de Aprica, lugar que he visitado cada vez que he estado en Italia. Esta es mi tercera visita aquí. En esta ocasión mucho más corta que la vez anterior.

Llegamos a Tirano. Pese a la proximidad, se hace eterno. Hay mucho tráfico. En Tirano paso un primer control de Policia. El Passo Bernina es frontera entre Italia y Suiza. La subida es larga y muy tendida. Sólo al final la pendiente se endurece algo más, pero no más de un 9%. Se hace larga y algo pestosa por el tráfico. Es una ascensión que está repleta de turistas. También hay gente subiendo en bici. Voy pasando pueblos y kilómetros. Poco a poco voy ganando altura. Finalmente y después de casi 30 kilómetros de subida llego a los más de 2.300 metros que tiene este puerto. La subida no ha tenido mucho misterio y salvo los últimos kilómetros que son preciosos no me ha llamado mucho la atención. A lo mejor es que ayer pasé el Stelvio y el Rombo y mi impresión pueda estar algo sesgada por ello. Como dificultad, es de los más fáciles de este viaje, pese a su altura y kilometraje. Descansamos y bebemos un poco y comenzamos el descenso. En un primer momento no hace falta casi dar pedales, pero luego sí. En esos tramos, meto todo el desarrollo del que dispongo 52x13, y bajo rápido. Al entrar en un pueblo hay un cartel de prohibido ir a más de 30 a la hora, la verdad es que no hago mucho caso y sigo a más de 55 kilómetros por hora. No me percato de que hay un coche de «carabineris» (policía italiana) muy cerca de mi. Me hacen parar y me preguntan a ver si he visto la señal. ¿Qué señal digo yo? La de la entrada al pueblo. Les digo que no. Para ser sincero ni me había fijado en ella. Cuando voy en bicicleta no suelo fijarme en las señales de velocidad, ya que es muy difícil pasarse de la velocidad indicada. Los carabineri me preguntan si soy profesional. Les digo que no, que yo amateur. Luego pienso a ver si se van a creer estos que soy neo-profesional (amateur) y me van a empezar a liar. Les digo que yo utilizo la bici para divertirme «por divertimento, no competizione» Me preguntan si llevo medicamentos o sustancias por el estilo. Mi respuesta es clara, noooooo, «niente» que quiere decir nada. Me miran y me dejan seguir, pero me dicen que vaya más despacio. Ok, no problem, contesto. Con lo tranqui que iba yo bajando, ensimismado y absorto en mis pensamientos, en mi mundo. Llego al coche. Hace un calor terrible. Bebo de todo y me cambio. ¡Se acabó lo que se daba! Este ha sido el último puerto del viaje. Estoy con pena y alegría. Una sensación extraña. Cuánto tiempo preparando todo esto y qué rápido ha pasado todo. Pero estoy ya cansado, sobre todo psicológicamente y también tengo ganas de llegar a casa. Monto en el coche y tomo rumbo a los Alpes. Estoy en la Lombardia y primero debo llegar a Milán. Hacer un trayecto de 150 kilómetros me cuesta más de dos horas, hay un tráfico tremendo. En Milán debo tomar dirección Torino, y mira que es fácil, pero me despisto. Con la música y en un momento de relajación, me meto en mitad de la ciudad. Muy bien Rubén, el despiste te ha hecho perder más de media hora. Mientras salgo de Milán por donde he entrado y con más de 40 grados en al calle, me digo a mi mismo que soy «tonto del culo». Alguna más había que hacer, ya decía yo que llevaba unos días sin montar alguna de las mías. Tomamos carretera Torino. Horas y horas de carretera. Torino, pasar el túnel de Valfrejus y regresar a Francia. Estoy en los Alpes Franceses. Conozco bien la zona que estoy atravesando porque en 1997 estuvimos alojados en Frejus. Ahora aquella carretera que en aquel entonces era de un solo carril, es una autovía y se va mucho más rápido. Paso junto a St. Michel de Maurianne (donde empieza el Telegraph-Galibier), St. Jean de Maurianne (donde comienza la Croix de Fer), la Chambre (Glandon o Madeleinne). Todo esto me suena. Tengo ganas de regresar, de lo contrario me quedaría aquí para volver a subir alguno de estos puertos. Llego a Grenoble. Son más de las ocho de la tarde. Estoy cansado. Me tomo un café y compro unos sandwiches. De ahí dirección Valence y Orange. Sigo avanzando. Son ya casi las diez de la noche y creo que ha llegado el momento de parar. Busco en las afueras de Orange un hotel de carretera, pero están todos completísimos. No hay ni una triste habitación. Estamos inmersos en pleno mes de Agosto y bajan miles de coches en busca de las playas mediterráneas. Vienen de todas partes. Gran Bretaña, Francia, Paises Bajos, Italia, Alemania. La autopista es enorme, pero está colapsada. Como no he encontrado sitio, prosigo mi viaje hacia Montelimar. Pero tengo muy claro que en breve debo parar. Estoy reventado. Al llegar a Montelimar entro en un área de descanso de autopista. Pero esta es enorme, inmensa diría yo. Ya está, lo tengo decidido. Me voy a quedar a descansar aquí. No tengo más remedio. Ceno algo, me aseo y meto la bici completamente desmontada en los asientos delanteros, yo dormiré o mejor dicho, intentaré dormir, en los de atrás. El plan es claro. Ahora son casi las once. Estaré descansando hasta que amanezca. Sobre las 5.30 de la mañana y si estoy bien arrancaré. Ya con el único objetivo de llegar a casa.

Durante esta noche el ajetreo fue muy intenso. No paraban de entrar y salir coches. Muchísimos de ellos estaban haciendo lo mismo que yo. Parar para dormir. El parking de esta área de descanso era inmenso. Por lo menos yo cerré los ojos y pude descansar algo y dormir a ratos. Lo suficiente para tener fuerzas el día siguiente. Lo peor de todo era el tremendo calor. Menuda sudada dentro del coche y eso que tenía las dos ventanas parcialmente abiertas.

Día 18: sábado 9/08 /2003 Montelimar - Donostia

Como suele ocurrir en estos casos, cuando más agusto estaba, comenzó a amanecer. Quería salir cuanto antes para evitar las colas y los atascos. Así que a las 5.30 ya estaba de nuevo en la autopista. A pesar del madrugón, la autopista está bastante llena. En algunos peajes con hasta más de 25 cabinas, estamos parados más de media hora. La clave es llegar a Montpelier cuanto antes, porque allí los que van para el Mediterráneo (la gran mayoría), se desvían y nos quedamos los que tomamos la autopista dirección Tolouse. A ratos tuve que parar para descansar, pero hice bastante bien el viaje de vuelta. Por fin y bajo un calor axfisiante llegué a Donostia sobre las 14.00 horas. La experiencia había concluído. Muchos días fuera de casa y con un «tute» importante, pero estamos de vuelta sin un rasguño. Llegada por fin a casa, comer algo ligero, una ducha y a la cama a media tarde a descansar. FIN.

Esta es la historia del viaje. Como podéis ver, anécdotas e historias ya ha habido. He querido escribirlas y dejarlas reflejadas en este cuaderno de viaje para tener un recuerdo de mis aventuras por estos lares. Antes de pasar a la última parte, donde quiero hacer una valoración de esta expiriencia a título personal, quisiera agradecer a Víctor por su amabilidad y ayuda a maquetar este diario, y que así podáis verlo ilustrado con fotos, gráficos y una presentación tan elegante. Gracias Víctor, sin tu ayuda no hubiese podido hacerlo.

 

VALORACIÓN PERSONAL

Un viaje de este tipo, en mi opinión, tiene dos aspectos igual de importantes para poder disfrutarlo. Si uno de ellos falla, puedes pasarlo mal.

El aspecto físico. Fundamental. Ha sido un viaje muy duro por muchas razones:

· He subido 24 puertos de montaña, realizando casi 1.000 kilómetros en bicicleta, de los cuales la mitad aproximadamente han sido en subida, para salvar un desnivel global acumulado de 25.000 metros.

· Salvo un día de desplazamiento, no he tenido ningún descanso. Todos los días subía algo. El poder de recuperación ha sido muy importante.

· El nivel de los puertos. La mayoría de ellos duros o muy duros. Y tres de ellos de dificultad extrema. Ya los he descrito suficientemente en el cuaderno de viaje. Y en la última página de este diario vienen detallados por coeficiente de dificultad, por longitud, por desnivel y pendiente media.

· El tremendo calor. Este verano ha habido una ola de calor, y no sólo en Italia, sino en toda Europa. He estado continuamente a más de 30 grados y algunos días a más de 40. El calor ha sido un arma de doble filo. Desde luego para subir a puertos de 2.500 metros, yo prefiero que haga calor. Disfrutas de las vistas y luego no necesitas mucha ropa para las bajadas. Es más difícil cogerse catarros, siempre que tengas cuidado con el aire acondicionado del coche y de los hoteles. Un poco menos de calor hubiese sido perfecto, pero prefiero pasar mucho calor a tener que soportar frío, viento y lluvia. Más si cabe si voy a tener que subir a más de 2.000 metros tantos días. Con estos calores hay que tener mucho cuidado con la hidratación. Beber y beber para no tener problemas. De todas formas, los primeros síntomas de la deshidratación, se reflejan en problemas musculares. Afortunadamente no he tenido ningún problema de este tipo. La recuperación física y muscular ha sido muy buena. Toda la expiriencia de viajes anteriores que llevo acumulada ha ayudado, por supuesto acompañada de una forma física muy buena.

· Desplazamientos en coche. En total, desde que salí de Baiona hasta que he regresado a Donostia, me han salido 4.850 kilómetros de coche. A veces, después de hacer alguna etapa, me han tocado desplazamientos de hasta tres o cuatro horas en coche. Mirabas la distancia en el mapa y no era tan grande, pero luego se avanzaba muy lentamente. Estamos en verano y esto está plagado de turistas. Anda también mucho «dominguero» y si a esto añadimos que la policía italiana se ha puesto muy seria con los límites de velocidad el resultado es claro. Se circulaba muy despacio, sobre todo en las zonas de montaña. En las autopistas, la policía con el nuevo sistema de puntos, ha conseguido algo que hace unos años era impensable. La gente circulaba a velocidad moderada. Si hace dos años a 140 eras el más tonto de la «autoestrada», como dicen allí, este año, la gente no pasaba de esa velocidad. Salvo algun artista y el hijo de Aznar con su Porsche. Volviendo al tema, estos desplazamientos, sobre todo tras haber subido un puerto, te dejaban cansado. Tampoco penséis que todos los días había desplazamiento o que éste era tan largo. El climatizador del coche y el porta CD´s, han jugado un papel fundamental, junto a mi pequeña nevera (no la tuya Kulak), que siempre estaba llena de bebida. No os he comentado, pero Mariaje, cada vez que iba a subir un puerto importante, ponía la banda sonora de Gladiator. La de la batalla concretamente. Así me motivaba. Jejeje.

El segundo aspecto de este viaje, os lo podéis estar imaginando. El aspecto psicológico.

· En efecto, al final han sido muchos días sólo. Claro que hablabas con gente, la mayor parte del tiempo otros cicloturistas. A veces otros turistas, o gente de los hoteles. De todas maneras tampoco soy yo una persona muy extrovertida, al menos en un primer momento. Yo básicamente he ido a lo mío y no me preocupaba estar sólo o comer y cenar con la única compañía de mi libro de viaje. Hacer sólo un viaje de estas características, tiene una única ventaja. Haces lo que te apetece en cada momento. No tienes que pedir permiso ni convencer a nadie. Que estás cansado y te apetece tumbarte en el coche, lo haces. Que quieres ir a una pizzería por décimo día consecutivo y pedir lo mismo, también lo haces. Esto es lo mejor de ir por tu cuenta. Por supuesto que no voy a decir que es mejor ir sólo. Pero el poder campar a tus anchas, es un punto la verdad que importante.

· Ahora bien, este punto, por muy importante que sea, se ve ampliamente superado por las ventajas que tiene ir acompañado. Pero cuidado, ir acompañado por alguien a quien conozcas bien y que te conozca bien a ti. Claro que podía haberme movido para buscar gente, como sugirió el aita en alguna ocasión. Hoy en día y con una arma tan potente como es Internet, encontrar un compañero de viaje para una aventura de este tipo es mucho más fácil. Pero yo tenía muy claro que o me iba con mis amigos, gente que como acabo de comentar me conoce y a los cuales conozco, o me venía sólo. En una aventura como esta pueden surgir muchos contratiempos y bajo el cansancio y la tensión por momentos del viaje, estos contratiempos pueden derivar en discusiones si no conoces bien a tu «compañero de fatigas». No es momento, a más de 2.000 kilómetros de casa, de ponerte a negociar con tu «nuevo colega» si hoy cedes tú y mañana cederé yo. Si el hotel es caro o si me apetece tomar lechuga o costilla. Hubiese ido encantado con mis amigos y estoy convencido de que lo hubiésemos pasado en grande. Ya me conocéis y sabéis que como dicen en las tapas de los yogures. «Siga buscando», pues yo seguiré intentándolo, y algún día espero que vayamos todos a las Dolomitas.

Por la noche si que se echaba de menos el tener una conversación sobre cómo ha transcurrido la jornada. Aunque si os soy sincero, cuando más he echado de menos un buen compañero de aventuras, es cuando estaba en algún lugar precioso, por su belleza y no podía compartir esas vistas y lo que pasaba por mi mente con nadie. Tampoco hubiese estado mal, y puestos a pedir, el escuchar los ánimos del Kulak mientras ascendía el Zoncolan, o al Ondarru preguntándome si llevo el piñón de 21 o 23 dientes. He sido bastante fuerte de mollera y la verdad es que he aguantado bien el hecho de ir sólo, aunque reconozco que con el paso de los días, se iba haciendo más y más duro.

A G R A D E C I M I E N T O S

Creo que es momento de agradecer a todas aquellas personas que me han animado y apoyado. En los momentos menos buenos, es importante saber que hay personas que se acuerdan de ti y que te dan ánimos. Se que muchos puertos no los he subido sólo, sino que había gente que también los ha subido conmigo y esa fuerza interior a veces puede ser tan fuerte como la de mis piernas. Podéis pensar que esto se dice y ya está, como una especie de tópico, pero no lo escribiría si realmente no lo sintiera.

Así que MUCHAS GRACIAS, a mi familia, a Luis Aldasoro, a Txomin, a Ondarru y Mariaje, al Kulak y Silvia, a la tropa de Cádiz (Eneko, Iñaki, Imanol, Mikel y Estitxu), a David, a la familia Vitoria por sus mensajes de ánimo, a Eva, a Juanjo, a Rosa, a Fernan, a Alberdi, a Sara, a Julia, a Vallejo, a Unai, a Mikel Etxeberria (gran despistado), a la tropa de Mojacar. Esas charlas o mensajes, me han dado muchos ánimos, más de lo que podéis pensar y han venido muy bien para superar los momentos más difíciles.

Bueno, ahora si que puedo decir que esto ha sido todo. En la siguiente página el Ondarru encontrará datos que seguro que le interesan, no en vano, sueles ser tú, quien más me pregunta por distancia total recorrida, desnivel ascendido, coeficiente de los puertos, etc. Los he puesto en una tablita para que veas todos los puertos a la vez y así vayas decidiendo cuáles vas a «atacar» próximamente. Jejejeje. Tú mismo.

Espero que la lectura de este cuaderno de viaje haya sido amena. Yo si os puedo garantizar que he disfrutado escribiéndola. AGUUUUUUUUR!!! (Podéis considerar este agur, como el que soltó el amigo Kulak en el patio de mi casa de Jaca hablando con Silvia. Lo siento Kulak, pero no podía despedir este diario sin «zumbar» a alguien, y te ha tocado a ti). ¡Jajajajajaja!!!!!!!!!!



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