GRANADA COLLADO DE LOS POYOS DEL PESCADO
Jete
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Altitud: 1276 m Distancia: 24,32 km Desnivel: 1165 m Pendiente Media: 4,8 % Coeficiente: 216
 

Altigrafía y comentarios enviados por:
Miguel Baeza y Martín Cerván

 

Localización: Nos encontramos en el occidente granadino, pegados a la costa mediterránea, que por estos Lares se conoce como “Costa Tropical”. Partiremos desde un pequeño puentecito a la entrada de la localidad de Jete remontando la carretera A-4050 y siguiendo siempre en dirección a Granada.


Especificaciones: Firme en perfecto estado y con la señalización adecuada. Aunque la carretera tiene un ancho aceptable de entre 5 y 6 m. según tramos, carece de arcén en su mayor parte, así como de sombreado en la totalidad del puerto.
El tráfico será incómodo en el inicio, aunque desde Otívar en primera instancia y desde el cruce de Lentegí en segunda prácticamente desaparece.

Fuentes: Poco antes de llegar al mirador de la Cabra Montés, en el km. 16,5 e indicada por un cartel, encontramos la única fuente del puerto a nuestra derecha.

Comentario: Una muestra más de los contrastes que la provincia de Granada puede ofrecer en cuestión de pocos kilómetros es sin duda este Collado de los Poyos del Pescado (o Suspiro del Moro, que no hay que confundir con el puerto homónimo), conocido habitualmente como “Mirador de la Cabra Montés” por el primer altillo que nos encontraremos allá por el km. 17.
No es, pues, una ascensión ignorada por el gran público y, de hecho, los ciclistas profesionales lo han ascendido en un puñado de ocasiones, ya sea durante la Vuelta Ciclista a Andalucía, ya durante la ronda nacional por excelencia, la Vuelta Ciclista a España, que lo dio a conocer allá por el año 1995 en una etapa con final en Sierra Nevada.
Se suele definir como un puerto largo y tendido, de esos que sirven para acumular desgaste, definición ésta con la que estamos completamente de acuerdo, aunque nuestras miradas reflejen la natural necesidad de abundar en otros aspectos del puerto que son, por así decir, de un interés más bien del cicloturista o incluso, podríamos añadir, del de cualquier tipo de viajero.
Volviendo al inicio de estas líneas, la proximidad de la denominada como “Costa Tropical” con sus característicos invernaderos y cultivos abancalados hacia el interior de sus ramblas, da paso a un característico paisaje de montaña al adentrarnos por la Sierra del Chaparral. Además, la carretera del puerto sirve como límite oriental de la Sierra de la Almijara, concretamente del Parque Natural que ésta comparte con las Sierras de Tejeda y la de Alhama, de lo que se deduce que transitaremos por un lugar de especial importancia en lo que atañe a fauna principalmente y a botánica.
Partiendo de Almuñécar, pedalearemos en continuo aunque levísimo ascenso hasta Jete, pasando por Torrecuevas, cuyo tránsito nos regala la contemplación de un antiguo acueducto de origen romano. Es aquí, en Torrecuevas, donde se inicia una de las más terroríficas subidas de la Península, la que nos lleva al zoológico de Peña Escrita, que por esta vez no tenemos marcado en nuestra agenda.
Preferimos ahora unas rampas más livianas y un ascenso menos fragoso, buscando más el deleite paisajístico que el poner a prueba nuestras capacidades escaladoras.
Así pues, llegamos a Jete, hermosísimo rincón de dilatada raigambre histórica, en la que destacan, ¿cómo no?, los árabes. Su actual plaza se levanta sobre una ladera por encima del río Verde, ya que éste, con sus frecuentes crecidas, fue cubriendo de lodos el antiguo emplazamiento.
Salimos del pueblo buscando Otívar, cuyo término municipal no abandonaremos ya hasta llegar a la cima. Será al dejar el cruce hacia Itrabo y Molvízar, cuando nos vamos a encontrar con algunas de las rampas más duras de todo el puerto, que alcanzan el 12% puntualmente.
Otívar parece remontar igualmente a época musulmana. Así lo sugieren, desde luego, sus casitas apiñadas y enjabelgadas de estructura similar a la alpujarreña, en la que destaca la iglesia mozárabe de San José. Los orígenes del caserío parecen estar ligados a la ruta del pescado que unía Almuñécar con la capital y que ha dejado huella en topónimos orográficos cercanos como el de los Poyos del Pescado, riscos que acabaron trasladando su nombre al puerto que nos ocupa.
Más antiguo incluso que el propio pueblo parece la finca de Cázulas, de origen árabe, por cuyo desvío pasaremos más arriba, y que constituyó un antiguo marquesado hasta finales del siglo XX y hoy día ocupa dos tercios del término municipal de Otívar.
Poco después de abandonar el pueblo, coronaremos un altillo en el punto en que nos topamos el cruce hacia Lentegí. Se sigue un kilómetro favorable, que nos adentra ya en plena sierra del Chaparral, y que dará paso al tramo central del puerto, que es a la vez el de una dureza más constante.
Se trata, en efecto, de unos 11 km. a casi el 6,4% de pendiente media sin grandes altibajos, lo que unido a lo que ya llevamos ascendido y al posterior tramo final es lo que confiere al puerto esa definición de largo y tendido. Aunque lo de tendido, dirán muchos, será aplicable a los ciclistas profesionales, porque los que somos cicloturistas tendremos que desarrollar un considerable esfuerzo para doblegar un ascenso de estas características.
La subida en este tramo está aderezada con una buena ración de curvas de herradura, que constantemente nos permiten una panorámica hacia levante y poniente, además de constituir un trazado que podríamos denominar como muy pintoresco y escénico. A ello ayudan también los característicos malecones, antiguos quitamiedos de piedra que, merced a un adecuado mantenimiento, aún conservan muchas carreteras de montaña y que en este puerto nos resultan especialmente coquetos.
En cuanto al entorno, cabe reseñar las espléndidas vistas sobre el Mediterráneo y sobre las vecinas Sierras de Tejeda y Almijara que nos regala constantemente el sinuoso trazado de la carretera, si bien hemos de notar que lo más reseñable se lo guarda para el final.
Y es que, si cometemos el desatino de darnos la vuelta al coronar el Mirador de la Cabra Montés, nos vamos a perder el más singular de todos los tramos del puerto, que no es otro que el añadido hasta el Collado de los Poyos del Pescado, nombre con que hemos denominado la totalidad del puerto.
Una zona de repechos y descensos dará paso a los poco más de tres kilómetros finales de subida continua. La carretera ha sido excavada a media ladera en la roca, cuyas paredes, como tendones de cuello, muestran constantes entrantes y salientes. El aspecto del paisaje torna, por momentos, lunar, sugiriéndonos imágenes bien asentadas en las retinas ciclistas como las de la Casse Desserte del alpino Col d’Izoard.
Pasaremos un pequeño túnel excavado en la piedra y, un poco más arriba, tras un primer collado con excelentes vistas, vamos a coronar inmediatamente a 1.276 m. de altitud en el cambio de término municipal, indicado por un cartel de mampostería. A partir de aquí, aunque la carretera aún cuenta con puntos de mayor elevación, ya se nota un cambio sustancial del paisaje, que torna páramo.


Fotos:
A la entrada de Jete comenzamos el puerto:


Pasamos el cruce de Molvizar e Itrabo


La carretera en este tramo es más ancha y cuenta con un pequeño arcén que pronto desaparecerá:


Entramos en Otívar:


Tras el cruce de Lentegí nos vamos adentrando en la Sierra del Chaparral:


Atrás queda Otívar, incrustado en la ladera de la montaña:


Y allí arriba vemos Lentegí:


La vegetación no abunda a lo largo del puerto:


El tramo central cuenta con varias herraduras entre taludes:


Allí arriba, junto a unas casitas se adivina el Mirador de la Cabra Montés:


El trazado se vuelve más y más sinuoso:


Pero siempre ofrece


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