SEVILLA EL NABO-LAS BERNABELAS-SEVERO
Río Rivera de Ciudadeja
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Altitud: 673 m Distancia: 12,34 km Desnivel: 274 m Pendiente Media: 2,2 % Coeficiente: 57
 

Altigrafía y comentarios enviados por:
Miguel Baeza y Martín Cerván

 

Localización: Comienza el ascenso en el puente sobre el río Ribera de Ciudadeja en la carretera A-8202 que une las localidades de Las Navas de la Concepción y Constantina. Hacia esta última localidad de la Sierra Norte de Sevilla nos dirigimos.


Especificaciones: Carretera ancha y asfalto en perfecto estado con señalización vertical y horizontal. Cuenta con un buen arcén de medio metro de ancho aproximadamente, aunque el poco tráfico nos permitirá ir subiendo cómodamente por la carretera. Aunque es un factor que variará según la hora del día, las sombras escasean durante la subida y en los meses estivales suele pasarse bastante calor.

Fuentes: No hemos observado ninguna fuente, por lo que se hace necesario abastecerse en las Navas de la Concepción.

Comentario: En pleno corazón del Parque Natural de la Sierra Norte de Sevilla nos encontramos para ascender uno de los puertos más duros de la provincia y que, además, nos parece de los más hermosos.
Se trata en realidad de un encadenado de tres repechos consecutivos en la misma carretera: el Puerto del Nabo, las Bernabelas y la Cuesta Severo.
Llegamos hasta el río Rivera de Ciudadeja por una carretera en perfectísimo estado y –a excepción de un primer y corto repecho- en descenso desde Las Navas de la Concepción por la “carretera de las 365 curvas”.
No es precisamente baladí el nombre con que han bautizado a la carretera, basta sólo con bajar por donde vamos a disponernos a subir para darse cuenta de que no es ninguna hipérbole propia de los lugareños.
Como es natural nos hallamos en el fondo de un valle rodeados de montañas por doquier -cubiertas en esta zona baja por un manto de olivos que dejarán lugar más arriba a las encinas- y nos disponemos a afrontar el primero de los tres collados enlazados por dos cortas bajadas. El puerto del Nabo resulta, sin duda, el más duro de los tres por su longitud, principalmente, pues no hay ninguna rampa reseñable en sus casi 6 km. de ascenso.
La subida comienza suave, como para que vayamos alcanzando un buen tono, hasta que se decide a picar hacia arriba con más continuidad una vez pasamos el primer kilómetro. Es entonces cuando la pendiente se sitúa en torno al 6% con algún punto al 8%.
Justo cuando se estrecha el valle tomamos una vaguada a izquierdas que propicia un cambio de la dirección de la marcha hasta que volvemos adentrarnos en otro valle –se trata realmente de la continuación más elevada del anterior- y tornamos a enderezar rumbo Oeste hacia Constantina.
Observamos la presencia de zarzas junto a la carretera e incluso de helechos al cobijo de la arboleda que nos hacen recordar que estamos en una de las zonas más húmedas de la provincia y con índice pluviométrico más elevado.
Así, imbuidos en nuestros pensamientos, abandonamos las rampas del 6% que dan paso a un descansillo. Con un poco de atención, en uno de los múltiples desvíos hacia fincas que hay a nuestra izquierda, podremos ver el cartel del puerto (que más bien es el de una finca homónima)... no son muchos los puertos hispalenses que pueden presumir de cartel propio, aunque sea de esta guisa.
Al coronar, tras un falso llano, afrontamos un rápido –aunque revirado- descenso jalonado con alguna que otra vaguada. Hay que andarse con cuidado porque, aunque la carretera invita a ganar velocidad y el tráfico, como hemos dicho, es escaso, algunas curvas son un tanto traicioneras y acaban por cerrarse más de lo que se podía prever.
Si, por casualidad, hemos llegado castigados al puerto y aún no hemos sentido una especial fatiga en nuestras piernas, al comenzar la subida a Las Bernabelas vamos a empezar a pagar las alegrías de la jornada. Por algún extraño motivo este repecho se atraganta. Ya sea porque lo pillamos en bajada y sorprende a nuestra musculatura en un momento de cierto relajo, ya sea por la famosa “Teoría de los Campos Magnéticos” que acuñara el gran Pedro Delgado, este repecho evidenciará, en definitiva, cuán globeros somos.
Es cierto que esconde alguna rampa al 10%, pero no es menos cierto que en otras ocasiones las hemos pasado sin tanta penuria. Al final terminamos por subir con la mirada fija en el suelo hasta alcanzar la cima, situada después de una curva de vaguada a izquierdas y pasada la finca que le confiere su nombre al repecho.
Un nuevo y bendito descanso se les presenta a nuestras piernas y nos deja al pie del último repecho, la cuesta Severo, que será la encargada en terminar de rematarnos. Afortunadamente es sólo un kilómetro lo que nos separa del anhelado destino, así que decidimos tomárnoslo con calma: no es cuestión de estresarse ahora, cuando, además, hemos venido a disfrutar de la naturaleza. Tan sólo nos queda ya algún que otro pico al 10 % para obstaculizar nuestra marcha, pero después de 11,5 km. no estamos dispuestos a sucumbir ante esta minucia.
Al coronar, una hermosa zona de toboganes nos conducirá a Constantina o, si lo preferimos, nos podemos desviar previamente hacia el puerto del Robledo, que no desentonaría en absoluto como fin de fiesta.


Fotos:
Comienza el puerto al pasar por el río:


Comienzan las sinuosas rampas de cierta exigencia:


Nos topamos con una bonita vaguada:


En la parte baja del valle hemos dejado algunos olivos para adentrarnos en un bosque de encinas:


Un bosque bastante tupido, por cierto:


Se corona el puerto en un falso llano:


Aunque el descenso comienza un poco más adelante:


Un descenso de 1,5 km. bastante revirado:


Y sin solución de continuidad, afrontamos el ascenso a Las Bernabelas:


La carretera continúa culebreando:


En alguna ocasión nos permite contemplar una buena panorámica del valle:


En esta vaguada coronamos el segundo alto consecutivo:


Y volvemos a descender:


Vaguada subiendo la Cuesta Severo:




Última “recta” y coronamos:


Altimetrías de Puertos de Montaña
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