CANTABRIA SOPLAO. EL
Rábago
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Altitud: 530 m Distancia: 7 km Desnivel: 444 m Pendiente Media: 6,34 % Coeficiente: 96
Soplao. El
   

Localización: En la S-223 que da salida a Puentenansa hacia el mar, deberemos tomar a la derecha al paso por Rábago una carretera de reciente factura, siguiendo las indicaciones de la Cueva El Soplao.
Especificaciones: Suelo en perfecto estado, con señalización horizontal, para una anchura cercana a los 6 m. Escasez de sombras y tráfico inapreciable entre semana y más frecuente en días festivos.
Fuentes: La del inicio no tiene agua, así que más nos vale esperar a coronar para disfrutar del magnífico panorama desde el mismo bar de la cueva en compañía de una buena cerveza o lo que cada uno prefiera.
Descripción: Sorpresa, admiración, incredulidad…muchas son las sensaciones que provoca el increíble paraíso subterráneo de Cantabria, región que guarda en su subsuelo más de 6.500 cuevas, unas de interés arqueológico –caso de las cuevas con arte rupestre (50 de ellas catalogadas)- y muchas otras de gran valor geológico. Sin duda, el reciente descubrimiento de la cueva de El Soplao supone la oportunidad de sumergirnos en una de esas maravillas naturales. Situada en un entorno paisajístico de gran belleza en la Sierra de Arnero, en la vertiente norte de la cordillera del Escudo de Cabuérniga, abarca los términos municipales de Valdáliga, Rionansa y Herrerías. Es conocida desde finales del siglo XIX debido a la explotación de las minas de galena (plomo) y blenda (zinc) de La Florida, y su nombre deriva del que los mineros dan al soplo de aire encerrado en la cueva desde su formación, y que sale al contacto con el exterior cuando una galería de la mina abre un pequeño agujero en la pared de la cavidad rocosa.
En su interior se esconde un auténtico “milagro natural”, conformado por impresionantes formaciones que provocan todo tipo de juego de luces y sombras, sensaciones, colores y olores. La abundante y compleja diversidad de las “excéntricas” que atesora, es lo que realmente hace de la cueva El Soplao una cavidad única, ya que, si bien se encuentran en otras cavidades, nunca con la abundancia, belleza y espectacularidad de ésta. No podemos olvidar las pisolitas, más conocidas como “perlas de las cavernas”, curiosas formaciones que deben su nombre a su similitud con las perlas marinas. En la cueva se presentan como "mantos" cubriendo una superficie de varios metros, o a modo de nidos, pero nunca aisladas. Especial mención merece asimismo el denominado “falso suelo”, una zona considerada como la "Capilla Sixtina" del mundo subterráneo por su disposición, conservación y grandiosidad.
Pero para poder gozar con la contemplación de tanta maravilla primero habremos debido enfrentarnos a una subida de 7 km, de gran dificultad en su primera mitad, con sucesivas herraduras y rampas que superan en varias ocasiones los dos dígitos. Los tres kilómetros finales son bastante más llevaderos, aunque de vez en cuando las rampas vuelven a hacer aparición para que no nos demos por satisfechos. Precisamente en este tramo final fue donde Valverde no pudo aguantar los ataques de dos ilustres “desterrados” que consiguieron superarle en la cima: Rubén Plaza, flamante campeón de España, y Tino Zaballa, natural de estas tierras cántabras.
Desde el enorme parking podemos admirar a un lado vistas del Pico Tres Mares y la Estación Invernal del Alto Campoo; al otro, la Cordillera del Cuera, Panes y el mar Cantábrico; a su frente, el Macizo Central de los Picos de Europa con la silueta de El Naranjo de Bulnes; por último, a su espalda, la ría y pueblo de San Vicente de la Barquera, Comillas y el parque Natural de Oyambre. A este espectáculo inigualable se unen las más de 2.000 Has. de monte, con bosques y aprovechamiento de pastos comunales. Vacas tudancas, caballos y ocasionalmente corzos y ciervos, son algunas de las especies que se cruzarán en nuestro camino. Están en buenas manos bajo el cuidado del “Pastor del Nansa”, graciosa escultura en piedra que preside el entorno. Precisamente una de las primeras referencias literarias sobre El Soplao, la que escribió la escritora cántabra Concha Espina en el libro 'El metal de los muertos”, es la inscripción que se lee en su base pétrea: “Todo adquiere aquí un acento, una expresión, un ademán”.