ASTURIAS ACEBO, SANTUARIO DE EL
Cangas del Narcea
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Altitud: 1169 m Distancia: 9,55 km Desnivel: 780 m Pendiente Media: 8,17 % Coeficiente: 212
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AS14
Acebo, Santuario de El






Localización: En la localidad de Cangas del Narcea abandonamos la AS-15 para, tras unos centenares de metros por la calle Uría, tomar a la izquierda la carretera claramente señalizada que nos lleva hacia el Santuario del Acebo.
Especificaciones: Suelo en perfecto estado y de una anchura suficiente, tampoco mucha, para el tránsito de vehículos. Las sombras son ocasionales y no muy tupidas y el viento suele soplar con fuerza en la zona alta. Tráfico escaso salvo jornadas festivas.
Fuentes: Desconocidas. Más vale proveernos del líquido elemento en Cangas del Narcea.
Descripción: El Santuario de Nuestra Señora del Acebo es quizás el segundo santuario en importancia de Asturias, rivalizando en el occidente de la comunidad con la Santina de Covadonga. Goza de una gran devoción en toda la comarca, siendo además la patrona de los Vaqueiros de Alzada, un grupo étnico asturiano del que no se conoce con exactitud su origen, pero que mantienen la ganadería como actividad principal siguiendo un modelo tradicional de trashumancia estacional.
Su ascensión, santo y seña de la “Vueltina” durante muchos años, solo ha visto llegar la Vuelta a España en una única ocasión, cuando en 2019 el alemán Sepp Kuss venció en su cima y pudimos asistir al duelo entre Roglic y Valverde que acabó en empate, mientras otros grandes se descolgaron. Y es que este puerto, con un par de kilómetros más, sería un Categoría Especial en cualquier carrera profesional. El mismo Miguel Indurain dijo en una entrevista que era el puerto más duro que había subido en su vida. Quizás exagerara, pero por si acaso….
Dicen que si Robín de los Bosques hubiese conocido Cangas del Narcea no se habría querido ir jamás de Asturias, y es que este entorno es un verdadero sueño vegetal donde se encuentra una de las manchas boscosas más extensas y representativas del bosque atlántico europeo. Pero la capital del occidente asturiano, el concejo más extenso de toda el Principado, por donde se pasea el oso pardo cantábrico a sus anchas, es además una auténtica reserva de arquitectura medieval, renacentista, barroca o contemporánea, un lugar donde podremos coger gusto a la pólvora y al buen vino y sentirnos peregrinos subiendo al Santuario del Acebo.
No se trata de un puerto excesivamente largo ni tampoco exhibe rampas extremas, ni tan siquiera kilómetros por encima del 10% de pendiente media. Pero en su conjunto es una subida de mucho nivel que no nos va a dejar indiferentes.
La carretera, desde su inicio en la calle Uría, va ganando altura rápidamente sobre la población, en un tramo en que la arboleda salpica las laderas sin cerrar las vistas hacia el valle. El trazado nos entretiene con constantes curvas e incluso encontraremos un par de herraduras antes de alcanzar la aldea de Robledo de San Cristóbal al finalizar esta primera parte de 3 km muy exigentes.
Poco después de Robledo la pendiente se suaviza durante un kilómetro de terreno favorable, incluso descendente, camino de Borracán. Continuaremos advirtiendo a nuestro paso algún que otro hórreo al pie de la carretera y en los pequeños núcleos habitados nos fijaremos en que hasta las casas más modernas están ejecutadas en piedra con techumbre de pizarra. Tras esta última población damos inicio a la segunda parte del puerto, de otros 3 km que mantienen el 8-9% de pendiente media, salvo algún corto descansillo, y en cuyo inicio el pinar abraza la carretera, a la par que el trazado olvida el curveo del tramo inicial y da paso a empinadas y largas rectas que pueden poner en apuros nuestras fuerzas por cuanto las frecuentes rampas de doble dígito no nos permiten relajarnos. Y así alcanzaremos un primer collado, aún lejos de la cima, con un bar (no siempre abierto) en el cruce conocido como Vegalapiedra, donde nos juntaremos con otras de las rutas de acceso al santuario. Es el momento de aprovechar un pequeño descansillo hasta el cruce de Limés, que dejamos a la derecha, por donde abordaremos en otra ocasión la vertiente más dura de este puerto.
Y… otra vez cuesta arriba, a rendir homenaje a la Virgen. De nuevo 3 km, con la misma tónica de pendiente y rampas, hasta poder hacerlo. Cuando ya tengamos el santuario a la vista y aún nos quede por trazar alguna que otra curva, es muy probable que debamos hacer frente a un nuevo, y habitual en estos parajes, enemigo: el viento. Por suerte la montaña se acaba y un monumento pétreo nos indica que ya hemos coronado: desde ese cartel la pendiente va suavizando paulatinamente hasta llegar a una explanada donde encontraremos el santuario, además de varios bares y un mirador. La carretera sigue aún unos centenares de metros, aunque no da la sensación de subir ya más hasta que se decide finalmente a descender hacia la vertiente opuesta por Las Tiendas, que también quedará para mejor ocasión.
Y, ¡cómo no!, es obligada la visita a la Virgen, porque como dice la copla: “En el cielo manda Dios, / y en el campu de L’Acebu / la Virgen y los serranos”.Podremos dejarnos guiar también por las bellas palabras de Joaquín M. Barrero: “Luego, desde el montecillo donde hay una cruz, he mirado el paisaje, el macizo occidental de la Cornisa Cantábrica. Estremece su magnitud, diríase su infinitud. El tiempo desaparece como factor determinante. La mirada no se sacia. Apetece abstraerse de todo y dejarse cautivar por la intemporalidad. Montes y valles se prolongan hasta más allá de todo lo mirable y emplazan al visitante a reconocer que sólo es un minúsculo y efímero portador de quiméricas naderías".
Mapa situación:

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