JAÉN AGUA DE LOS PERROS, COLLADO DEL
Charco del Aceite
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Altitud: 1221 m Distancia: 10,88 km Desnivel: 685 m Pendiente Media: 6,3 % Coeficiente: 168
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Agua de los Perros, Collado del


Localización: Partiendo desde Villanueva del Arzobispo cogeremos la A-6202 (Carretera del Tranco) en dirección a este pantano. Una vez en pleno valle del Guadalquivir entre espectaculares farallones rocosos giraremos a la derecha para cruzar dicho río a la altura del Charco del Aceite y acometer las primeras rampas del puerto. La carretera continúa en dirección al embalse de Aguascebas atravesando de norte a sur la Sierra de las Cuatro Villas.
Especificaciones: Nos encontramos ante una carretera de poco más de 4 m de esas que Perico Delgado denomina pestosillas por lo botoso de su asfalto y muy bacheada en este caso, aunque ya no es el suelo deteriorado que nosotros sufrimos en su día. Carece de señalización horizontal y ocasionalmente existe alguna de tipo vertical. En el primer tramo de subida se acometen tramos de sombras con vegetación de ribera, para pasar ininterrumpidamente los diferentes pisos bioclimáticos de la sierra, alternándose el olivar, con el pinar y la zona rocosa en lo más alto.
Fuentes: Aunque muy cerca del inicio de la subida se encuentra la factoría de Aguas de Cazorla, nos podemos avituallar perfectamente en una fuente localizada en el Área recreativa de la Fuente del Cerezo o bien un poco más arriba a poco más de 1 km del Mirador del Tapadero. Veremos alguna otra, pero no garantizamos que tengan agua.
Descripción: La que os vamos a presentar es una de las más recomendables rutas que se pueden hacer por el Parque Natural de las Sierras de Cazorla, Segura y las Villas. Se trata de la “cagalera de la muerte”, como algunos llaman a esta carretera que une el Charco del Aceite, paraje próximo a la presa del Tranco de Beas, con la localidad de Mogón, que atraviesa a fuerza de curvas y notables pendientes la última de las sierras que da nombre al parque.
Esta revirada ascensión comienza justo al dejar la carretera del Tranco y bajar hasta las misma aguas del Guadalquivir en el idílico lugar del Charco del Aceite. Pues bien, desde este lugar -así llamado, según se cuenta, porque un arriero dejó caer un odre de aceite por accidente cuando lo transportaba desde un molino cercano- tiene su inicio la carretera que atraviesa transversalmente la Sierra de las Villas por unos parajes de ensueño, parajes en los que nosotros vamos a adentrarnos ahora.
Muy pronto la carretera se empina e introduce en un típico olivar de montaña trazando hasta 12 herraduras ininterrumpidas que harán que pronto dejemos al río Guadalquivir en lo más hondo del valle. Este tramo de la subida se caracteriza por mantener una pendiente media por encima del 8% durante 4 km y rampas puntuales de hasta el 14%. Tras pasar por el cortijo de El Palancar Alto y acometer una última rampa al 11% se corona un altillo que dará paso a un corto pero reparador descanso junto a la Zona de Acampada de la Fuente de los Cerezos, donde los olivos dejan paso al bosque típico de estas sierras en las que abundan los pinos.
Pronto la carretera se empina de nuevo afrontando un duro kilómetro al 7,5% de media y rampas apreciables. Un breve respiro donde suaviza la pendiente nos dejará junto a otra fuente para afrontar el tramo más exigente de toda la subida con rampas hasta del 14% y seis nuevas herraduras.
Poco antes de llegar a la cima podremos admirar la grandiosidad del entorno en el Mirador del Tapadero. En este punto se abre una impresionante panorámica de la Sierra de Las Villas. El olivar ocupa las pendientes más suaves de la comarca, aprovechando las mejores condiciones del suelo. Solo los afloramientos rocosos o excesivas pendientes quedan libres de su explotación. La presencia humana también se relega a las zonas más bajas, donde existe algo de suelo fértil o con posible uso del medio, como la agricultura o ganadería. Aún se aprecian los restos de bancales y las construcciones asociadas. Mientras las escarpadas laderas de roca caliza contienen las alineaciones de pinos repoblados, las zonas más inaccesibles constituyen el último reducto del bosque mediterráneo original. Para anclar sus raíces, las plantas aprovechan grietas, salientes de las peñas y todos aquellos puntos donde se acumulan algunos sedimentos. Los paredones verticales sirven de refugio y criadero a las aves, siendo las rapaces las más emblemáticas, destacando los majestuosos vuelos de buitres y alimoches ascendiendo con las corrientes de aire caliente desde el fondo del valle.
Desde el mirador y hasta la cima aún quedan algunas trampas en cuanto a desnivel se refiere en un duro tramo de herraduras que nos dejarán a 1221 m de altitud en el collado. En las proximidades destacan el denominado Ojo Carrales o Piedra del Agujero (1355 m), una oquedad que la erosión ha provocado a fuer de ventana en la pared rocosa. O la formación denominada como Iglesia del Agua los Perros, una blanca roca horadada por donde el agua se despeña desde gran altura. Todo un espectáculo para los sentidos... cuando hay agua, claro.
(texto de Paco Lorenzo)

Mapa situación: