ALPES
ISERAN
Lanslebourg
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Altitud: 2764 m Distancia: 33,1 km Desnivel: 1382 m Pendiente Media: 4,18 % Coeficiente: 331
Iseran



Localización: Es la D-902 que une la localidad de Bourg-St-Maurice con Lanslebourg atravesando este mítico collado.
Especificaciones: Carretera en buen estado y de unos 5 m de anchura. No hay sombras y la circulación puede ser molesta en jornadas veraniegas. Restricciones invernales.
Fuentes: Aprovecharemos el paso por los pueblos para rellenar nuestro bidones.
Descripción: El puerto francés del Iseran con sus 2770 m de altitud, es el puerto de paso natural más alto de Europa. Importante matiz lo de puerto de paso, o con doble vertiente, pues hay subidas europeas asfaltadas que superan dicha cota, pero no tienen salida, no son pasos de montaña que comunican valles. Lo que no tiene discusión alguna es que el Iseran es uno de los grandes pasos europeos, un gran coloso alpino.
Esta vertiente sur tiene bien definido el punto de partida: en Lanslebourg (1390 m). Lo primero que uno aprecia es que el inicio está bastante más arriba y por tanto la ascensión tendrá un desnivel más modesto que si lo hacemos por su cara opuesta. No es fácil encontrar subidas con 2000 m de desnivel, como presenta dicha cara norte del Iseran. Pero conviene no fiarse, pues por esta vertiente, el final es bastante más exigente que por su cara norte.
La subida presenta tres partes claramente diferenciadas. Tras un inicio muy suave y que se prolonga por espacio de 3 km, comienza una pequeña cota cuyo nombre es idéntico a otro gran coloso alpino: Col de la Madelenie (1746 m), si bien no tiene nada que ver con el puerto de la Madeleine (1993 m). Serán solo 4 km, pero son duros y se agarran, sobre todo porque, al ser muy abiertos y por una ancha carretera, no tienes la sensación de transitar por la pendiente que realmente hay (9%), y te hacen tener que regular y hasta amansar el ímpetu inicial con el que más de uno, espoleado por la empresa que tiene delante, habrá afrontado la subida. Para el segundo kilómetro duro de este Col de la Madeleine, la pendiente ya te habrá puesto en tu sitio, y el que haya empezado como si de un repecho al 9% se tratara, ya habrá ajustado el desarrollo y se habrá sentado en su sillín, porque esto no se pasa apretando un poco los dientes. Hay más de 4 km y un rato largo de escalada para superar este col.
Pequeño descenso que nos hará perder 100 m de altitud en 3 km, y afrontamos la segunda parte de la escalada: un amplio llaneo sin apenas pendiente por espacio de 8 km y que nos conduce a Bonneval-sur-Arc (1764 m). A partir de ahí comienza la tercera y última parte de la escalada, la más dura pero también la más espectacular. Serán 13 km para salvar algo más de 1000 m. La cosa no es ninguna broma, pues es casi al 8% de media: son números ya de por sí respetables. Si a eso le sumamos los 20 km más o menos complicados que llevamos y la altitud a la que nos vamos a enfrentar, la conclusión es clara: es un coloso.
Esta vertiente tiene más bosque, tampoco demasiado, pues en un puerto de esta altitud en un momento dado toda vegetación desparece. Es más salvaje, menos explorada, menos visitada que su cara opuesta, y eso se nota. ¿Más dura? Pues eso depende de gustos: menos desnivel global y menos kilometraje. Pero cuando sube, lo hace con pendientes mucho más agresivas, sobre todo en el muro final que presenta por sí sola números a tener en consideración. Las estaciones de esquí por la cara norte; el aspecto más natural, más salvaje por la sur. Si bien, tanto por la norte como por la sur, cuando llegamos al muro final de unos 17-13 km respectivamente, el Iseran es una fuerza de la naturaleza, un coloso alpino y majestuoso, y permitidme que insista, el puerto de paso real, más alto de Europa.

8 veces en competición
Pese a la importancia y relevancia de este puerto, el Tour únicamente lo ha transitado en ocho ocasiones a lo largo de su historia. Hubieran sido nueve, pero en 1996 el paso programado de la carrera tuvo que ser suspendido a causa del mal tiempo.
De este modo, el estreno del puerto se produjo en el año 1938, siendo el belga Felicien Verbaecke el primero en su cima. No tardó mucho en repetir, y en 1939 volvió a subirse, siendo otro belga, Sylvère Maes quien lo coronó en primera posición.
Diez años más tarde, en 1949 fue escenario de una legendaria etapa entre Briancon y Aosta de 257 km, que sirvió para que el no menos legendario Fausto Coppi sentenciara el Tour a su favor, por delante de Gino Bartali, relegando al tercero en la etapa a más de 10 minutos. Bajo unas condiciones climáticas muy adversas, nieve, viento y frío, el primero en coronarlo no fue ninguno de los dos ilustres italianos, sino un compatriota de ambos, Giuseppe Tacca.
Regresó en 1959 y el austríaco Adolf Christian pasó el primero por la pancarta de montaña. El español Fernando Manzaneque en 1963, el italiano Claudio Chiappucci en 1992, y el ucraniano Yaroslav Popovych en 2007 le siguieron en tan selecta lista.
El año 2019 vivimos en su paso una de las jornadas más históricas del Tour cuando Egan Bernal pasaba destacado en cabeza, lanzándose a tumba abierta hacia Vald’Isère con intención, no solo de ganar la etapa que finalizaba en Tignes, sino de asestar un golpe definitivo a la clasificación general. Y ciertamente que lo asestó, pero no el colombiano sin la Naturaleza que con una monumental granizada obligó a sus pender la etapa computándose los tiempos al paso por la cima. El Iseran se había convertido en final inesperado de etapa y en el juez supremo del podio definitivo en París.
Mapa situación:



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