ITALIA
GRAN SAN BERNARDO
Aosta
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Altitud: 2469 m Distancia: 34,55 km Desnivel: 1878 m Pendiente Media: 5,44 % Coeficiente: 324
Gran San Bernardo



Fotos cortesía de ZIKLO
Localización: Transitaremos por la SS-67 que une las localidades de Aosta (Italia) y Martigny (Suiza).
Especificaciones: Carretera en perfecto estado, con señalización horizontal y muy ancha. El tráfico es abundante, especialmente con buen tiempo, pero en especial hasta el cruce hacia el túnel que evita el paso por la cumbre. Sin sombras.
Fuentes: Aunque conviene ir bien provistos desde el mismo inicio, podremos encontrar alguna en Signayes y St. Oyen. En esta última localidad estaremos ya en el Km 18, con lo que aún nos quedará la mitad del gran coloso.
Descripción: La sensación de lograr coronar el Gran San Bernardo y sus 2469 m de altitud es algo que ninguno de nosotros podrá olvidar en la vida. Por más que para la gran mayoría de aficionados al pedal este nombre no es comparable a los del Alpe d’Huez, Galibier o la Croix de Fer, quizás por la historia ciclista que en sus rampas ha quedado grabada, nosotros en cambio, sin negar a cualquiera de esos colosos la magia que poseen y las emociones que suscitan, solo podemos deciros que la devoción que sentimos por el santo de Aosta nos ha provocado una vuelta a la religiosidad popular de las cofradías que creíamos haber dejado atrás. Y es que el simple hecho de oír pronunciar ese nombre, San Bernardo, nos provoca una espontánea plegaria: “Quiero volver”.
Algunos afirman que lo más probable es que el santo naciera en Italia (¿en el valle de Aosta?) y que no se sabe nada sobre su familia. Se dice que Bernardo fue nombrado vicario general de la diócesis de Aosta. Durante cuarenta y dos años recorrió toda la región, llegando hasta los más remotos valles de los Alpes, donde quedaban los últimos restos de paganismo. Sin embargo es por otra razón que el nombre de Bernardo será célebre por siempre. Nuestro santo ayudaba a todos los necesitados, pero particularmente a los viajeros, generalmente peregrinos franceses y alemanes que iban a Roma, al cruzar los Alpes por los dos puertos del territorio de Aosta, que hoy llevan su nombre. Algunos se extraviaban y perecían de frío, otros morían arrastrados por los aludes y los que escapaban a las inclemencias del tiempo caían víctimas de bandoleros que les robaban, cuando no los raptaban para pedir rescate. Con la ayuda del obispo y de otras almas caritativas, a mediados del siglo XI San Bernardo construyó en sus cumbres los dos albergues que más tarde recibieron los tradicionales nombres en su honor.
Ambos hospedajes son famosos por su generosa hospitalidad extendida a todos los viajeros que pasan por el Gran y el Pequeño San Bernardo. En todas las estaciones del año, pero especialmente durante las duras tormentas de nieve, los heroicos monjes acompañados por sus bien entrenados perros, salen en busca de víctimas que podrían sucumbir a la dureza del clima, ofreciendo comida, ropa, y refugio a los desafortunados viajeros que a menudo corren peligro de muerte. A día de hoy la puerta principal del albergue del Gran San Bernardo sigue sin tener cerradura. Se dice que es el único sitio a 2500 m abierto 24 horas al día y los 7 días semana desde hace más de 1000 años. Sus monjes siguen recibiendo a peregrinos o montañeros (que no tienen que pagar) y a viajeros, que vienen, esta vez sí, por propia voluntad, y duermen en dormitorios colectivos, por alrededor de 40 euros, cena incluida. También pueden participar en los servicios religiosos, que se celebran en la pequeña capillita, conocida como la “Sixtina de los Alpes” .
De todos modos San Bernardo no fue el primero en construir albergues en los Alpes. Se sabe que en el siglo IX había en Mons Jovis (actual puerto de Gran San Bernardo) un albergue atendido por el clero; pero había desaparecido desde tiempo atrás. Pero hay algo que no ofrece discusión: fue San Bernardo quien llevó a término la construcción de los dos hospicios que siguen en la actualidad dando cobijo a los visitantes de estos dos puertos alpinos.
El Colle di Gran San Bernardo (los italianos lo escriben como nosotros) es aún más grandioso que su hermano menor (Petit St. Bernard, que une Francia e Italia), no solo por coronarse 300 m más arriba, sino también por su enorme dureza (casi 2000 m de desnivel y un coeficiente de más de 300 en sus dos vertientes son cifras escalofriantes) y, desde nuestro humilde punto de vista, porque es aquí donde experimentamos esa profunda emoción de lo sublime. Sabemos que este tipo de comparaciones son discutibles y que “la belleza depende del observador”, pero por eso queremos dejar bien claro que nuestra opinión se basa puramente en emociones personales.
Pero dejadnos que hagamos un poco de historia, pero historia del ciclismo, más reciente y fiable en general, para decir que por aquí han pasado el Tour y el Giro en 11 ocasiones en total, quedando para la posteridad entre otros los nombres de Bartali, Bahamontes, Pellizotti y algo más curioso para un vizcaíno, ¡el balmasedano Carmelo Morales en 1959!
Esta vertiente sur es algo más corta que su opuesta, pero con mayor pendiente media. Eso sí, sin ninguna rampa de consideración como sí tiene la suiza en su tramo final. En lo que se parecen las dos es en el largo recorrido de aproximación a la alta montaña que en este caso se produce precisamente cuando dejamos a nuestra izquierda el cruce hacia el túnel que sirve para evitar el paso montañoso. En ese punto el tráfico disminuye en grado apreciable y el escenario se vuelve más y más grandioso. Estamos en el Km 20 de ascensión y pronto notaremos cómo nos pasa igual que a los perros de San Bernardo, que crecen muy rápido, por lo que necesitan suplementos alimenticios para sus huesos y articulaciones: ahora seremos nosotros los que veremos cómo la carretera serpentea sobre nuestras cabezas y, cuando creemos adivinar el final, deberemos tomar parte activa en un nuevo acto con decorados diferentes. Y así una y otra vez, por lo que la continua ingesta de alimentos es la mejor manera de acabar la representación en el grandioso acto final de la obra teatral: el acceso al lago del Gran San Bernardo, sus tiendas de souvenirs, bares, restaurantes y hoteles. Pero lo que más cautiva nuestra atención es esa imagen del santo monje presidiendo un entorno que es suyo desde hace siglos.
Como hemos dicho, desde el Hospicio que fundara San Bernardo la vista sobre el lago y las cimas circundantes es algo, tras buscar muchos adjetivos para definirlo, sublime. Lo que no hace sino corroborar algo que ya dijera en el siglo XVII el filósofo Fenélon, quien quizás pensaba ya en nosotros, valientes cicloturistas, cuando nos dejó escrito: “No podemos ver a la virtud sin amarla, ni amarla sin ser felices”. Y para ello es mejor dejarse llevar por las emociones, que es lo que hemos hecho en estas líneas para intentar describiros el éxtasis de felicidad y plenitud que experimentamos en la cima de uno de los más espectaculares puertos de Europa.
Mapa situación: