GRANADA PEÑA ESCRITA
Torrecuevas
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Altitud: 1190 m Distancia: 14,06 km Desnivel: 1149 m Pendiente Media: 8,2 % Coeficiente: 453
 

Altigrafía y comentarios enviados por:
Miguel Baeza y Martín Cerván

 

Localización: Iniciamos la subida en Torrecuevas, barriada de Almuñécar, en un cruce con la A-4050, que es la carretera de la Cabra Montés. Es fácil localizarlo, ya que el Parque de la Naturaleza de Peña Escrita está señalizado.


Especificaciones: Carretera de unos 4,5 m. de ancho en buen estado. Al entrar en el zoológico el piso pasa a ser de cemento, aunque en aceptables condiciones. La señalización horizontal es inexistente, la vertical no pasa de alguna indicación rústica hacia aldeas o el propio zoológico.

Fuentes: No hemos observado ninguna. Eso sí, prácticamente en la cima existe un mesón.

Comentario: Pocas son las provincias españolas que puedan presumir de la riqueza paisajística y climática de que goza Granada: desde la franja desértica que linda con Almería, hasta Sierra Nevada, pasando por la costas mediterránea y tropical con sus playas, acantilados y calas de ensueño, olivo en el poniente, vergel alpujarreño, llanura en la vega, nieve en sus altas cumbres y, sobre todo, montaña, mucha montaña por doquier. Esta diversidad convierte a Granada en una de las provincias más afortunadas de nuestro territorio y en una de las más apetecibles para los cicloturistas.
En esta ocasión no vamos a hablar de la carretera asfaltada más alta de Europa, sino que nos centraremos en ese privilegiado rincón del sur de la provincia en que se ubica Almuñécar.
Allí, desde la costa tropical emerge la Sierra de la Almijara con continuos entrantes y salientes, con profundas ramblas y barranquillos: un terreno abrupto que ha sido modelado por el hombre para sacarle el máximo provecho. Al final del breve curso de sus ríos son comunes los invernaderos, que afean el paisaje marítimo a lo largo de toda la costa oriental andaluza, pero que proporcionan una de las principales fuentes de ingresos para sus habitantes. Río arriba, el valle se encaja entre empinadas laderas abancaladas con cultivos típicamente tropicales como chirimoyos, aguacates, kiwis o maracuyá al amparo de un microclima tan propicio como sorprendente en estas latitudes.
En este entorno de excepción se ubica un ascenso como pocos en nuestra geografía: Peña Escrita. Se trata de la carretera que, desde la sexitana barriada de Torrecuevas, trepa hasta las instalaciones de un zoológico y que, desde luego, sacará a relucir nuestra faceta más animal. Y es que no son muchos los puertos peninsulares como éste que admitan parangón con el inhumano Angliru.
Un inicio irregular, aunque fragoso, abre nuestro apetito durante un primer kilómetro en que las pendientes, aún entre las calles de Torrecuevas, se disparan hasta rozar el 20%. Suerte de descansillos que nos conceden tregua antes de la verdadera traca. En plena bajada, tras pasar bajo la autovía, nos llama la atención una espiral que se retuerce en la ladera a modo de rosca de tornillo… sí, sí, por ahí hay que trepar.
Tras pasar el puentecillo sobre el arroyo Seco las rampas se sitúan ya por encima del 20% como si nada a la par que comienza la sucesión herraduras ya a izquierdas, ya a derechas, hasta un total de siete revueltas. Y, aunque la primera rampa es la más brutal, no debemos obviar que los números del kilómetro arrojan una pendiente media del 13,3%.
Entre bancales continuamos el ascenso por rampas que rara vez conceden tregua y que, cuando lo hacen, apenas sí nos dejan espacio para recuperar el resuello: no ralean picos del 20% e incluso más. Será tras salir de una doble herradura cuando la pendiente media de la subida descienda notablemente. Y, aunque las rampas de doble dígito siguen incomodando, los descansillos acaban por imponerse.
Abandonamos los cultivos tropicales a la par que ganamos la cuerda de la montaña por la que vamos a crestear durante los siguientes kilómetros.
En esta altura de la subida la cuesta ha tornado irregular, con constantes repechones de fuerte pendiente y descansillos. La vegetación tropical abandona el margen de la carretera, quedando los bancales en las laderas vecinas, sólo algunos chalets y albercas jalonan nuestro camino hacia el zoológico.
Pero pronto, la visión frente a nosotros de la carretera ascendiendo recta por una ladera nos produce un escalofrío. El susto no será en vano, ya que se trata de un tramo de poco más de 200 m. en que la pendiente no baja del 20%... Suerte que luego nos topamos con un último falso llano previo a la traca final, porque el repechito nos dejará mermadas las fuerzas de cara a los últimos 4 km.
La pendiente irá in crescendo en el siguiente kilómetro hasta alcanzar nuevamente la inhumana cifra del 20%, pero en esta ocasión, además, lo hará de forma mantenida durante un kilómetro completo. La elección del desarrollo torna esencial llegados a este punto: echaremos mano del piñón más grande que hayamos montado y, con todo, se nos antojará corto.
El portón de “Peña Escrita” además de entrada del parque zooloógico marca el inicio de ese devastador km. al 16,5 %. El abrupto paisaje, la roca escarpada, se hallan en perfecta consonancia con la cuesta, si bien, apenas podremos apartar la mirada de la carretera mientras nos esforzamos por mantener el equilibrio para no acabar con los huesos en ella, ya que la velocidad que desarrollamos supera con dificultad los 5 km/h.
La puntilla nos la hundirá el hormigón, que viene a sustituir el asfalto en los dos últimos kilómetros, aunque la pendiente en un tramo intermedio se vuelve algo más humana: a estas alturas consideraremos descansillo una rampa del 10%.
Sin embargo, pasado el cartel indicativo del “Mirador de los Leones” la fiereza del puerto vuelve a mostrarse en su máxima expresión dandonos un buen zarpazo con una rampa a más del 20%.
Nuestras fatigadas piernas, nuestros brazos en tensión, nuestra sufrida espalda, todo nuestro ser, en definitiva, tiene el único objetivo de doblegar el puerto o caer extenuado en el intento. Y ahora ya rozamos ese objetivo con los dedos de la mano.
Tras varias herraduras alcanzamos el Mesón Cantalobos y por unos momentos pensamos que ya está todo hecho, hasta que nos percatamos de que a nuestra izquierda el cemento sigue remontando la montaña… Unos últimos cientos de metros a más del 15%, una última herradura a derechas, la pista de despeje de parapentes y allí, junto a una casetilla, la carretera muere, sin salida alguna, a casi 1200 m. de altitud. Insípido postre para un menú tan sabroso.
Las vistas, eso sí, no defraudan: la Almijara, con la carretera de la Cabra Montés rayando la montaña, el Mediterráneo, Sierra Nevada, la Sierra de Lújar… Y al bajar, si los frenos aguantan, podemos entretenernos en la visita al zoológico. Desde luego, no se le puede pedir más a un puerto.


Fotos:
En Torrecuevas, un acueducto de origen romano nos da la bienvenida:


El cruce hacia Peña Escrita está perfectamente indicado:


Después de un primer contacto con rampas serias por las calles de Torrecuevas, ganamos un descansillo:


La obra de ingeniería que salva el barranco sobre sale en el paisaje de este primer tramo:


Aún en bajada, vemos la rosca de tornillo que forma la carretera…


La primera rampa es la más dura, situándose en el 21% de máxima:


Conviene no hacer derroches que más adelante podamos pagar:


Las herraduras se suceden sin solución de continuidad:




Se acaban las curvas, pero no las duras rampas:


Las laderas circundantes se han visto modificadas por la mano del hombre:

Altimetrías de Puertos de Montaña
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